Una feminista grita consignas mientras eleva su puño de forma amenazante /EFE
Una feminista grita consignas mientras eleva su puño de forma amenazante /EFE

Ayer, martes, se publicaba en el Boletín Oficial del Estado el decreto de disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones para el próximo 28 de abril. Desde ese momento, y hasta el inicio de la campaña electoral (a las cero horas del viernes, doce de abril), cualquier acto institucional debe estar exento de rasgos electoralistas, o de reivindicaciones de actos o pretendidos logros, que puedan llamar al voto en uno u otro sentido.

En realidad, cualquier sistema democrático, en el que las instituciones están por encima de la lucha partidista y, en exclusiva, al servicio del Bien Común -su única razón de ser-, entiende que no se puede instrumentalizar la cosa pública, ni valerse de ésta para respaldar intereses particulares.

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Todo eso, claro está, si la izquierda no ostenta el poder, en cuyo caso, la separación institución–partido comienza a difuminarse hasta no saber dónde acaba una y empieza la siguiente. Muy al estilo de los independentistas, que han aprendido y mejorado la versión de la izquierda clásica.

De este modo, desde el pasado viernes, el Gobierno de Pedro Sánchez ha venido calentando la huelga feminista que está convocada para el próximo viernes, 8 de marzo, a través de las cuentas y perfiles oficiales de la Administración.

El PSOE sabe que las movilizaciones del viernes, lejos de suponer ninguna reivindicación real en favor de la mujer, van a constituir su mayor impulso para adelantar la campaña electoral

Todos los ministerios (a excepción del de Defensa, que dirige Margarita Robles), los ministros, la Dirección General de Tráfico, la Guardia Civil, el Palacio de la Moncloa y hasta la Agencia Española de Meteorología (Aemet), han cambiado sus logotipos por uno de fondo morado, con el lema “Tiempo de Mujeres 8M 2019”.

Y es que saben que las movilizaciones del viernes, lejos de suponer ninguna reivindicación real en favor de la mujer, van a constituir su mayor impulso para adelantar la campaña electoral –bordeando la Ley- y movilizar a sus bases, desengañadas en gran medida por los pactos de Sánchez con los golpistas y secesionistas.

Bajo la palabra “feminista”, hoy ya cabe todo. En detrimento de todos aquellos que trabajan por una sociedad en la que la igualdad de oportunidades sea compatible con la maternidad y la familia, las autoproclamadas feministas y sus colectivos afines se lanzan a las calles para unirse a “las luchas” de quienes “defienden sus tierras y los recursos de sus pueblos, incluso arriesgando su vida, amenazadas por el extractivismo, las empresas transnacionales, y los tratados de libre comercio”, contra “la ley de extranjería y los muros que se levantan en nuestro país”, definiéndose como “antimilitaristas” y “por una sociedad que respete y valore la diversidad sexual, de identidad y/o expresión de género”. En definitiva, un combinado de ideas que, ajenos a cualquier aspecto netamente femenino, conforman punto a punto y coma a coma, el programa ideológico de un Podemos en caída libre, que el PSOE está deseando fagocitar.

Tanto es así, que desde la organización de esta huelga política (recordemos, prohibida) se ha vetado la participación de las funcionarias de prisiones, al considerar que éstas forman parte “sistema patriarcal y capitalista”.

Con este abono, la izquierda va a comenzar en serio la siembra para que esta amalgama de ideas inconexas e incoherentes se convierta, el 28 de abril, en votos.

Por su parte, Ciudadanos, intentando como siempre pescar en río revuelto, pero sin tener muy claro hacia dónde dirigir su barca, convocó el pasado sábado un acto para hacer su propia reivindicación feminista. Rivera quería poner distancia entre la izquierda de las “portavozas”, presentando su “Manifiesto por el Feminismo Liberal”, en el que abogan abiertamente por el aborto y los vientres de alquiler.

Mientras, en el Congreso, Pablo Casado decía que no va a permitir por parte del PSOE “ninguna lección en la lucha contra la violencia contra las mujeres” y, después de repasar todas las medidas que el Partido Popular ha sacado adelante en esta materia (muchas de ellas, impregnadas de ideología de género), espetaba a Sánchez que “no vamos a tolerar que calienten el 8-M y la campaña electoral enfrentando hombres con mujeres y partidos políticos en la peor lacra social que sufre España”.

Ya sabemos, señor Casado, que al Partido Popular, cuando se pone progre, no hay quien le dé lecciones, porque es capaz de adelantar por la izquierda a cualquier otro. El problema no es que el PSOE quiera dar lecciones de feminismo a los populares, sino que los populares lleven muchos años sin intentar dar lecciones de nada a nadie. Podrían, si alguna vez se hubiesen creído que su discurso es inmensamente superior en lo moral y en lo social al de la izquierda, pero prefirieron doblar la cerviz ante la progresía imperante, y sumarse a su carro, en lugar de enfrentarse a él.

Que la violencia es algo despreciable (venga de quien venga y la sufra quien la sufra) es una realidad compartida por la mayoría de la sociedad. Pero ponerse campanudo, y decir que la violencia contra las mujeres es “la peor lacra que sufre España”, cuando se pretende presidir nuestra Nación, implica una sobredosis de teatro que resta credibilidad al discurso. O eso, o, si de verdad lo cree, es que no conoce cuál es la peor lacra del país, y debería dejar a otro intentar alcanzar el Gobierno.

Porque, nos guste o no, el paro y la desaceleración económica nos amenazan con mucha más fuerza que la violencia de algunos hombres contra algunas mujeres; el envejecimiento de la población y la imposibilidad de mantener las pensiones penden sobre nosotros como espada de Damocles, con más peligro que la bestialidad de determinados varones concretos y cuantificables; la destrucción de la familia, que conlleva la pérdida de la primera red de salvación de muchas personas, es bastante más grave que los casos que se ventilan en los politizados Juzgados de la mal llamada Violencia de Género.

Parece que Casado se ha olvidado de que, por sumarse al discurso de la progresía, al Partido Popular le ha nacido a la derecha un gigante que va camino de convertirse en tercera fuerza política.

Es ese partido, VOX, el que probablemente gane el 8 de Marzo. Porque es el único que, frente al discurso del pensamiento único, la criminalización del varón y el pastiche ideológico que colapsará las calles de las principales ciudades españolas, será capaz de recordar cuatro verdades que son de sentido común y, por ello, compartidas a izquierda y derecha: que hombres y mujeres estamos hechos para vivir, convivir, compartir y construir juntos, respetando y admirando nuestras diferencias, y uniéndonos para ser lo que nunca debimos dejar de ser. La célula primera sobre la que se construye la civilización. Una familia.

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"Cordobés afincado en Sevilla. Licenciado en Bellas Artes y Derecho; Máster en Periodismo y Educación. Abogado de profesión, pintor por afición, comunicador por devoción. Siente España con acento del sur. Cautivado por el Bien, buscador de la Verdad, apasionado por la Belleza. Caminando."