La prensa LGTBI informa: la biología mata

    Suicidio de un adolescente que se estaba hormonando para cambiar de sexo. Los medios de comunicación de las organizaciones LGTBI hacen responsable de esta muerte a HazteOir.org.

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    Concentración 'trans' en Madrid, con presencia de menores. / M.V.
    Concentración 'trans' en Madrid, con presencia de menores. / M.V.

    Sí, en efecto, el suicidio de un ser humano es terrible, una de las noticias más duras que uno puede recibir. Y sé de lo que hablo.

    Pero subirse a un púlpito para acusar del suicidio de una persona al primero que pasa por allí es propio de personas malintencionadas. O de personas que persiguen otros fines y aprovechan la tragedia del difunto para sus propios intereses. Es decir, de canallas.

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    También puede ser propio de imbéciles.

    Probablemente de estas cuatro cosas es responsable un medio de comunicación digital dirigido a homosexuales que ostenta un curioso nombre de origen vegetal.

    Titula este digital la dolorosa noticia de este modo: “Nuevo suicidio de una adolescente trans, ahora en Móstoles”. Y en el principio mismo del texto corren a acusar tal que así:

    Las recientes campañas tránsfobas de HazteOír (…) pesan demasiado”.

    Según este digital, el primer responsable del suicidio de un transexual de 17 años en Móstoles es HazteOir.org. ¿En qué fundamentan su acusación? En una frase escrita en un autobús. Esta:

    “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo.”

    «El número real de personas nacidas con disforia de género y que requieren tratamiento e intervención quirúrgica, es de menos de 5 por cada 100.000 habitantes»

    Hete aquí que una silla es una silla, aunque se sienta butaca de Ikea.

    Y cuando una silla se siente butaca, hay que agarrar el trapo del polvo y limpiarla, en lugar de acudir al servicio de reclamaciones de Ikea para que cambien la denominación del objeto en la factura.

    Por más que un niño o una niña se mutilen, siguen siendo lo que son: un niño, una niña. Pueden alterar su DNI, su nombre de pila, pueden vestirse como quieran, destrozar su organismo con todo tipo de atrocidades químicas y arruinar su salud hormonándose en el momento más delicado de su desarrollo, pero seguirán siendo lo que son. Excepto en un pequeño número de casos. Porque sí, hay personas con este problema. Pero muy pocos de los que se presentan como transexuales lo son en realidad.

    En numerosos países se han realizado estudios sobre número de personas transexuales: Suecia (5 estudios), Holanda (3 estudios), Reino Unido (3), Alemania (2), España (1), Bélgica (1), Serbia (1), Irlanda (1) y Polonia (1). En estos estudios se ha evaluado a más de 95 millones de personas, exactamente un total de 95.145.541.

    Los resultados de todos estos estudios establecen que el número real de personas nacidas con disforia de género y que requieren tratamiento e intervención quirúrgica, es de menos de 5 por cada 100.000 habitantes. ¿Y el resto?

    El resto es un páramo de sufrimiento. Arrastrados por una moda a todas luces irracional, reforzada por leyes que permiten presentar la transexualidad y la homosexualidad a los niños en los colegios como valores superiores a los que seguir e imitar, centenares de menores viven crisis de identidad que acaban destruyendo su salud y su estabilidad emocional, pero…

    “Su historia es compleja y en ella entran también en juego otras circunstancias personales ajenas a la condición trans de la chica”, reconoce el digital LGTBI

    Pero el culpable es quien pronuncia la frase prohibida:

    “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva”.

    Tomé la foto que ilustra esta página hace unos pocos días en la Puerta del Sol, en Madrid. Es una concentración promovida por una asociación que dice defender a las personas transexuales. Casi todo eran niños, algunos muy pequeños, mostrando lemas que difícilmente entienden.

    La imagen ilustra muy bien la inmensa patraña (RAE: “Invención urdida con propósito de engañar”), sí, patraña, que encierra la propaganda trans y LGTBI promovida por organizaciones que no existirían si no dispusieran de inmensos recursos públicos.

    Es la imagen de la manipulación de los niños. Del adoctrinamiento. Es utilizar a los niños para fines que no tienen que ver con sus derechos.  

    La misma turbia utilización que hace el digital mencionado cuando acusa a una frase escrita en un vehículo de provocar un suicidio.

    Ignoro las circunstancias de esta triste muerte. Como las ignora, y así lo reconoce, el digital aludido, más ocupado en ofrecer propaganda, que no información. Sin embargo algo se cuela en la noticia:

    “Su historia es compleja y en ella entran también en juego otras circunstancias personales ajenas a la condición trans de la chica”.

    «¿Por qué las organizaciones LGTBI pueden entrar en las aulas y disponer de todos los recursos de los centros escolares para sus propuestas y quienes sostienen que verdades biológicas están vetados y perseguidos?»

    La frase está perdida al fondo del artículo y hay que tragarse párrafos de propaganda antes de llegar a ella.

    El manipulador digital y también nosotros deberíamos hacernos algunas preguntas antes de desplegar el dedo de acusar:

    1. La víctima, que era menor de edad, había empezado a hormonarse. La ley LGTBI de Cifuentes permite hacerlo sin necesidad de demostrar un problema físico real, disforia de género, etc. Basta con el sentimiento de sentirse diferente. ¿Es lícita una ley que pone en riesgo hasta este extremo la salud física y psicológica de los menores de edad? ¿Una ley que se basa en lo que dice sentir un adolescente?
    2. De acuerdo con la ley LGTBI aprobada en la Comunidad de Madrid, el menor no tiene que contar con la opinión de sus padres. ¿Qué papel juega la familia en estos casos?  ¿Qué responsabilidad tiene? ¿Es más responsable de esta muerte la realidad biológica (los niños tienen pene, las niñas, vulva) que el entorno familiar?
    3. De acuerdo con la ley, el menor no tiene que aportar un diagnóstico para intoxicarse con hormonas, ni para mutilarse en un quirófano. ¿Qué tipo de personal sanitario atendía el tratamiento hormonal de la víctima? ¿Era por casualidad un médico vinculado a las organizaciones LGTBI, esas que en los colegios e institutos presentan los cambios de sexo como una actividad natural, moderna y espontánea? ¿Acaso era un médico cuyos ingresos proceden de las operaciones de cambio de sexo?
    4. ¿Por qué no se investigan las muertes de personas en tratamiento hormonal y de cambio de sexo como se investigan los homicidios? Si la frase de marras es culpable (los niños tienen…), ¿por qué la Fiscalía no inicia una investigación a fondo de casos como este para averiguar quiénes son los responsables?
    5. ¿Por qué no se investiga lo sucedido con la víctima, su entorno, sus circunstancias, incluida la ley que permite que cualquiera, en cualquier momento, diga que no es lo que es?
    6. ¿Por qué no se investiga el papel de las organizaciones LGTBI, la presión que están ejerciendo en los colegios e institutos?
    7. La víctima residía en Móstoles. Las organizaciones LGTBI están entrando en los colegios e institutos de la localidad desde hace mucho tiempo para impartir su doctrina. Es una actividad amparada en la ley LGTBI de la Comunidad de Madrid. Por ejemplo, han visitado entre otros los siguientes centros educativos: IES Juan Gris, IES Gabriel Cisneros, IES Los Rosales, IES Manuel de Falla, IES Rayuela, IES Velázquez, UFIL Pablo Neruda. ¿A qué colegio, a qué instituto asistía la víctima?
    8. ¿Por qué las organizaciones LGTBI pueden entrar en las aulas y disponer de todos los recursos de los centros escolares para sus propuestas y quienes sostienen que verdades biológicas están vetados y perseguidos?
    9. ¿Por qué no salen a la luz los intereses económicos y la financiación de las organizaciones LGTBI en relación con la triste, trágica moda del cambio de sexo?

    Hágase una investigación a fondo. La víctima merece que se conozca la verdad. Lo merecen y lo necesitan todas las víctimas de las leyes LGTBI. Es un asunto de vida o muerte.

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