La prensa pro-LGTB llama Ku Klux Klan peruano a los defensores de la familia

    Después de la marcha de más de un millón y medio de peruanos contra la ideología de género, la prensa progresista ha atacado a los manifestantes llamándoles Ku Klux Klan.

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    Imagen de la prensa en la que dicen Ku Klux Klan

    Más de millón y medio de peruanos salieron a la calles hace unos días para reivindicar su derecho a educar a sus hijos, y que no sea el Estado quien les dicte lo que deben pensar y hacer.

    Semejante manifestación fue un grito a la libertad y una advertencia de que la familia en Perú no se rendirá de forma sencilla. Pero la mayoría de estas personas no controlan la política o los grandes medios de comunicación y las redes sociales, por lo que el ‘establishment’ acaba de colocarles la etiqueta de racistas al denominarles como el Ku Klux Klan peruano.

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    Una acusación sin fundamento, como denuncia Mario Linares Jara en La abeja, pero que puede tener un efecto propagandístico fuerte. Por eso, Jara denuncia dicha práctica y enumera las verdades del barquero.

    «En las redes sociales y en los medios de comunicación progresistas, la censura social es la regla. Aquel que esté en contra del aborto, del matrimonio homosexual, del “derecho” de adopción de esas uniones y ahora, de la ideología de género, es tildado de homofóbico, retrógrada, cavernario, fundamentalista, ignorante, fanático religioso, de bajo coeficiente intelectual, fascista y merecedor de diversos adjetivos vulgares.

    Sostener una posición distinta al pretendido pensamiento único sobre el género, es odiar

    Mas ahora, la represión del derecho de opinar de modo diferente al pensamiento hegemónico sobre el género, tanto en los medios, la red y en la academia, ha pasado a otra etapa, la de denuncia de violencia y odio, inclusive utilizando la vía penal mediando el delito de discriminación, justificándose la represión en que el odio no puede ser objeto de tolerancia y que sostener una posición distinta al pretendido pensamiento único sobre el género, es odiar.

    Álvarez Rodrich, en su columna en “La República”, compara al movimiento “Con mis hijos no te metas” con el Ku Klux Klan. La comparación por demás impropia, es una muestra no solo de odio e intolerancia pues tilda sin fundamento alguno de asesinos y racistas a quienes tienen la convicción de defender a sus hijos.

    (…)

    Rosa María Palacios ha pedido vía twitter, cárcel para los padres de familia que colgaron carteles en la vía expresa, siguiendo la misma lógica de los extremistas del género en España, país en donde no se permiten en sus universidades disertaciones públicas contrarias a la ideología de género ni se castiga a quienes con odio profanan iglesias profiriendo insultos y mostrando sus pechos o desfilan con carrozas parodiando a un cristo gay y a una Virgen María andrógina, pero, por lo contrario, si se prohíbe la circulación de un bus de la organización “Hazte Oír” alegando la incitacion al odio y transfobia por el solo hecho de contar con un cartel que dice textualmente: “Los ninos tienen pene y las ninas vulva. Que no te engañen”.

    Ignacio Arsuaga, junto al impactante autobús fletado por HazteOir.org
    Ignacio Arsuaga, junto al impactante autobús fletado por HazteOir.org.

    Ahora bien, el mismo odio que sufren las personas que sienten atracción por el mismo sexo y los transexuales cuando injustamente se les insulta, denigra, maltrata y discrimina, lo padecen ahora también aquellos que profesan su fe y no quieren que les impongan a sus hijos una visión feminista radical de la sexualidad mezclada con igualitarismo y defensa de derechos, con la diferencia que su opinión es tomada como manifestación de odio y disidencia de lo correcto y que como tal debe ser reprimida inclusive penalmente.

    La ofensa existe también cuando por consigna se pretende negar la existencia de la ideología de género en general y en el currículo. No porque la ideología no se muestre explícita y se encuentre estratégicamente expuesta en conceptos iniciales para ser desarrollados luego, signifique que no exista. No se exponen sino frases o conceptos debido a que lo contrario generaría abierta repulsión inclusive de los que ahora – muchos con buena voluntad -, la defienden.

    «El tabú del incesto puede ser destruido solo destruyendo la familia nuclear como institución primaria de la cultura”

    (…)

    Mary Jo Bane, Linda Gordon, Robin Morgan, Shulamit Firestone, Zillah Eisenstein y Judith Butler, feministas también referentes de la Ideología de Género, enseñan: “La familia nuclear debe ser destruida (…) la desintegración de las familias ahora es un proceso objetivamente revolucionario”; “No podemos destruir las injusticias entre hombres y mujeres hasta que destruyamos el matrimonio”; “El tabú del incesto puede ser destruido solo destruyendo la familia nuclear como institución primaria de la cultura” y “Las feministas tienen que cuestionar no solo la cultura occidental (…) sino incluso la propia organización de la naturaleza”…

    Gran Marcha Nacional contra la ideología de género este sábado, 4 de marzo, en Perú.
    Gran Marcha Nacional contra la ideología de género este sábado, 4 de marzo, en Perú.

    Los padres de familia tienen todo el derecho de disentir y de protestar ante posturas ideológicas que una minoría puede asumir como suya pero que no puede imponérseles. Les asiste además de la libertad de conciencia y de religión, el derecho a la patria potestad respecto de sus hijos y por consiguiente el derecho exclusivo y excluyente de decidir su educación en materia moral, aunque a los progresistas de las Naciones Unidas no le importen esos derechos, pues como lo acaba de anunciar Muntarbhorn, relator especial LGTB de la ONU, los derechos de este colectivo son absolutos y que en dicha condición, la libertad de expresión y de religión deben reducirse.

    Odiar es denigrar y discriminar injustificadamente. Discriminar negativamente es creer que la opinión del otro es tan irrelevante que no merece discusión pues lo que crítica, no existe. Odiar es insultar, reprimir la libertad de conciencia, religión y opinión. Disentir con respeto, que quede claro, no es odiar.

    Sirva todo lo anterior como marco de que la vigencia del Decreto Legislativo 1323 que modifica el delito de discriminación, tal como está redactado, además de no respetar las materias en las que fue autorizado el ejecutivo para legislar, constituye un peligro para el ejercicio irrestricto del derecho a la libertad de expresión, de conciencia y de religión garantizados todos por la Constitución, por lo que debe ser derogado.

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