La verbena de la Paloma inclusiva

    Los madrileños, podíamos habernos encontrado que la rubia fuera un negro del Senegal, la morena una nórdica de Erasmus, El Julián un chino de 80 años, la Señá Rita una niña y Don Hilarión un antropomorfo adolescente de género fluido.

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    Azulejo que adorna un establecimiento madrileño con motivos castizos.
    Azulejo que adorna un establecimiento madrileño con motivos castizos.

    Desde hace mucho tiempo, en las fiestas patronales de ciudades y pueblos se acostumbra a elegir a unos personajes emblemáticos, representantes del lugar que han de reflejar lo mejor de sus tradiciones, vestidos regionales, belleza: falleras mayor e infantil, reina de las fiestas, vendimiadora mayor…

    Con la lucha por la igualdad de sexo a estas figuras se añadió, en muchos lugares, la presencia masculina para evitar discriminaciones a petición, no de los varones, sino de las mujeres por considerar que la figura era una ofensiva utilización de la belleza de la mujer, una cosificación. “Aquí, si se cosifica, que se cosifique a todos” parecían opinar las feministas, transformando un homenaje en ofensa y duplicando el presupuesto municipal en figuras representativas.

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    Pero con el transcurso del tiempo y el desarrollo del discurso papanatocorrecto, se ha hecho más complicado conseguir la igualdad y la no discriminación. Y así, nos encontramos con que un caballero que se siente dama exige ser la reina barbuda de unas fiestas inclusivas y diversas de la misma forma que otro ser humano nacido XY, y tras una transformación fruto de cirugías y ayudas químicas, ha conseguido un aspecto de bella XX y exige participar en un concurso de belleza XX. Y, además del detalle menor de que es XY, carece de sentido puesto que los concursos de belleza se supone que premian una espectacularidad natural, no adquirida, ya sea para XX o para XY devenidos en pibonas.

    Pero volviendo a las fiestas y en especial a las que más conozco, las populares fiestas del Distrito Centro de Madrid, las de San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma, voy a adelantar lo que se ve venir de lejos pero que, en el caso de que me lean desinformados, ha de darme un caché de adivina que superará en fama al conocido arúspice Rappel y que con el tiempo, y si me vienen mal dadas, puede ayudarme a poner un consultorio de adivinación.

    En estas fiestas, la elección no es de chulapo y chulapa, que dentro de las soluciones inclusivas puede resolverse con un chulapo XX y una chulapa XY con orientaciones sexuales y atracciones de género variadas y tan contentos todos; sino de los personajes de la Verbena de la Paloma: año tras año se ha elegido a La Casta y La Susana, las dos muchachas planchadoras (una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid); El Julián, joven cajista de imprenta y novio celoso de La Susana; Don Hilarión, el abuelete boticario que pretende a una de las dos mozas y que tanto le da la morena como la rubia; y, finalmente, La Señá Rita, mujer madura de buen ver y comadre de la madre de El Julián que vela por su ahijado recordándole en los momentos de crisis aquello de “Julián que ties madre”.

    Vecinos madrileños ataviados como 'chulapos' y 'manolas'.
    Vecinos madrileños ataviados como ‘chulapos’ y ‘manolas’.

    Naturalmente, todos estos personajes exigen candidatos que se acerquen a los originales de la zarzuela del maestro Bretón por lo que las bases, hasta el pasado año, limitaban la edad por arriba para La Casta, La Susana y El Julián para evitar optimistas maduros que se sienten jóvenes (ya los ha habido) y por abajo para El Hilarión y la señá Rita, en este caso para evitar pesimistas de corazón maduro y cuerpo joven. La representación de estos tipos populares, ya parte del imaginario colectivo madrileño, exige que vayan ataviados de la forma en la que por edad, clase social y época irían los personajes, por lo que Don Hilarión ha de llevar levita y chaleco en agosto, El Julián, su chaleco y gorrilla propios del varón joven de la clase popular y las mujeres, sus trajes decimonónicos.

    Ningún madrileño, ni visitante que conozca la zarzuela, han de tener duda de que en las procesiones y actos públicos donde tan queridos personajes aparecen tiene ante sí a la morena, la rubia, el novio, el viejo y la señá Rita.

    Sin embargo, ya este año pasado Podemos en su forma madrileña de Ahora Madrid y la ínclita doña Manuela, han considerado que las bases no eran inclusivas y limitaban la presentación de otras razas y etnias, otras edades y sexos, otros géneros, números, casos…, por lo que no se pedía ningún tipo de exigencia que caracterizara los personajes a elegir. De esa forma, el maestro Bretón desde su eterno descanso y los madrileños, podíamos habernos encontrado que la rubia fuera un negro del Senegal, la morena una nórdica de Erasmus, El Julián un chino de 80 años, la Señá Rita una niña y Don Hilarión un antropomorfo adolescente de género fluido que en cada procesión eligiera cómo aparecer ante la audiencia, en el ejercicio de su libertad de género.

    «Ya se prohíben canciones que la nueva censura considera machistas. Pronto se eliminarán poemas homófobos de nuestros clásicos del siglo de Oro»

    Obviamente, con lo poco semejante a la rubia que resulta un negro senegalés no parece necesario que vaya vestido a la decimonónica y femenina usanza, ni que el gender floid Hilarión lleve su sombrero de copa, su levita, su chaleco y su reloj de bolsillo, ya que a lo más que se acercaría en aspecto es a un lord Byron desquiciado.

    Imaginen este simpático grupo humano, la estampa de esta nueva versión multicultural, multirracial, multigénero y multiedad de la zarzuela costumbrista del Madrid castizo del pasado. Imaginen, pero no se preocupen que el esfuerzo de imaginación les va a durar un par de meses, ya que agosto está a la vuelta de la esquina.

    Y digo que se supone que representan el Madrid del pasado, insisto, porque lo cierto es que nadie quiso representar la actualidad cuando se ideó la elección de estos personajes. Ni convertir una representación de la conocida zarzuela en una reivindicación de las distintas obsesiones de los nuevos habitantes del Ayuntamiento madrileño, que han hecho de todo (semáforos, balcones de edificios públicos, carteles, folletos de fiestas…) un escaparate de sus luchas particulares contra la realidad y el sentido común.

    El problema es que la política de género se meta hasta con los libretos de las zarzuelas. Y esto es un síntoma de lo que tenemos: la manipulación del pasado, de la historia, de las tradiciones… para convertirlas en algo falso, extraño y sin sentido. La tergiversación de la realidad para adaptarla a una ideología tan enloquecida como estúpida que, en aras de la igualdad, niega las diferencias y la verdad.

    La prohibición de ser lo que somos y lo que fuimos hasta que el gran hermano nos haga, no sólo decir, sino creer en nuestro fuero interno que un senegalés es una rubia porque así se siente y que una niña es un boticario sesentón porque ella lo cree.

    Ya se prohíben canciones que la nueva censura considera machistas. Pronto se eliminarán poemas homófobos de nuestros clásicos del siglo de Oro, episodios de la historia que no gusten al censor de turno…

    En resumen, que lo que era la elección de los personajes de la Verbena de la Paloma tiene visos de convertirse en la elección de cinco seres humanos que por narices representan el Madrid de las Verbenas aunque sólo representan la capacidad de algunos de cargarse la esencia de todo lo que tocan por su incapacidad de entender otra cosa que no sean sus obsesiones.

    Ya les contaré en septiembre lo que nos encontremos en agosto.

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    Riojana. Filóloga Profesora de educación física. Madre objetora a educación para la Ciudadanía. Estudiosa de la ideología de género. Conferenciante, tertuliana en programas de radio y televisión. Miembro de la Ejecutiva Nacional del partido VOX. Escritora de novelas y ensayos. Perseguida por su libro “Cuando nos prohibiernos ser mujeres…y os persiguieron por ser hombres”. Buscadora de la verdad. Defensora incansable de los derechos humanos fundamentales.