Les molestan la Sagrada Familia y la familia en general

    No es de extrañar que la existencia de un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia, en pleno centro de la Barcelona gayfriendly y parque temático de los antisistemas, sea para ellos una afrenta, una verdadera provocación.

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    Ada Colau y la Sagrada Familia
    Ada Colau y la Sagrada Familia / Actuall

    134 años después del inicio de la construcción del templo de la Sagrada Familia, durante los cuales han presidido el Ayuntamiento de Barcelona más de cincuenta alcaldes de todo signo político, la alcaldesa Ada Colau, asistida por su concejal de arquitectura, el socialista Daniel Mòdol, ha caído en la cuenta de que el templo concebido por Antonio Gaudí, todavía en construcción, ¡¡no tiene en regla la licencia de obras!!

    Como la mayoría de medios se ha encargado de recordar, tirando de Wikipedia, cuando se empezó a construir el templo, los terrenos ni siquiera pertenecían al municipio barcelonés, sino al pequeño pueblecito de Sant Martí de Provençals (agregado a la ciudad condal quince años más tarde) y del cual se recibió el preceptivo permiso, cuya solicitud se acompañaba de los planos firmados por el propio Gaudí, en 1885.

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    Reclamar de nuevo una licencia que formalmente ya se concedió a finales del siglo XIX, con base a supuestos argumentos de que no se habría regularizado tras la absorción de Sant Martí de Provençals por Barcelona (¿y quién dice que los actos del municipio absorbido pierden validez jurídica?) podría ser un ejemplo más, entre incontables miles, de la infinita creatividad desplegada por las administraciones de todos los niveles para alimentar su voracidad recaudatoria, inventando nuevos impuestos, desempolvando supuestas irregularidades fiscales y reclamando, en fin, tasas y gabelas a todo lo que respira.

    Pero en el caso que nos ocupa, evidentemente se trata de mucho más. No se trata sólo de que la Sagrada Familia sea oficialmente Patrimonio de la Humanidad y uno de los monumentos más visitados de España y del mundo. Esto no impresiona al concejal Mòdol, para el cual el templo cristiano no merece mejor trato que cualquier andamio para restaurar la fachada de una casa de vecinos de cinco plantas.

    La destrucción del estudio de Gaudí

    “No se puede permitir esta excepcionalidad”, sentencia el personajillo, imbuido de su terrible majestad burocrática. Al parecer, las únicas excepcionalidades que contempla el gobierno municipal barcelonés son las de okupas, manteros, y cualquiera que se crea con derecho a saltarse la ley si adereza sus infracciones con ideología anticapitalista, secesionista o multiculturalista.

    Que el skyline de la capital catalana sea inseparable de templos cristianos como el Sagrado Corazón o la Sagrada Familia es algo que todo cristianófobo tiene que llevar muy mal

    En realidad, lo que se ventila aquí, evidentemente, son las obsesiones de todos los anticlericales de taberna que padecemos desde mucho antes de que se pusiera la primera piedra de la Sagrada Familia, aunque ellos se crean invariablemente vanguardistas de última hora. Los herederos intelectuales de los izquierdistas que en 1936 pegaron fuego a la cripta del templo, destruyendo el estudio de Gaudí, con sus libros, planos y maquetas (así se las gastaban estos adalides de la cultura), no podían dejar pasar la oportunidad de ser jaleados por los eternos comecuras de tropa.

    -¡Pues claro que sí! ¡Que pague la Iglesia la licencia, y el IBI de ciento y pico años que debe! ¡Y otra caña, Pepe!

    No hay duda de que odian a Gaudí, un hombre profundamente cristiano, del que hay en curso una causa de beatificación, y que consideraba que su obra maestra se erigía en una ubicación providencial, en el centro geométrico de Barcelona, entre el mar y la montaña, y los ríos Besós y Llobregat. Que el skyline de la capital catalana sea inseparable de templos cristianos como el Sagrado Corazón en la cima del Tibidabo o la Sagrada Familia, en pleno Ensanche, es algo que todo cristianófobo tiene que llevar muy mal.

    La Barcelona gayfriendly

    Si por Ada Colau fuera, Barcelona tendría una megamezquita con el minarete más alto de Europa, que eclipsara cualquier otro símbolo cristiano. Porque esta es otra: todo el resentimiento enfermizo que destilan contra la Iglesia se torna en afecto y palabras melifluas para con el islam, esa religión tan respetuosa con las mujeres, que tanto aseguran defender la Colau y la brigada de las axilas peludas. Salvo cuando las mujeres se encuentran en el vientre materno, el único territorio del Occidente demoliberal donde el derecho a la vida está en suspenso.

    La familia de Cristo es un emblema de toda familia cristiana, justo lo que podemitas y hasta la arrogante ala progresista del PP, con Cifuentes a la cabeza, se empeñan en relativizar y minusvalorar

    Y por si fuera poco, ¡mira que llamarse Sagrada Familia! En la iconografía cristiana, se entiende por Sagrada Familia toda representación en la que aparece el nino Jesús con la Virgen María, San José y, en ocasiones, otros parientes. En esencia, la familia de Cristo es un emblema de toda familia cristiana, una comunión de personas que al mismo tiempo es un reflejo de las tres personas que hay en Dios. Justo lo que desde los podemitas hasta la arrogante ala progresista del PP, con Cifuentes a la cabeza, se empeñan denodadamente en relativizar y minusvalorar, llegando incluso a la persecución del disidente, aunque sea el director de un colegio.

    Porque para ellos, la familia no es más que una agrupación por consentimiento de individuos, sin importar su identidad sexual ni sus fines. Incluso una de las diputadas de la CUP, Anna Gabriel, llegó a mostrar su preferencia por criar a los hijos en la “tribu”, en lugar de un hogar convencional (qué horror) integrado por la madre, el padre y los hijos.

    No es de extrañar que la existencia de un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia, en pleno centro de la Barcelona gayfriendly y parque temático de los antisistemas, sea para ellos una afrenta, una verdadera provocación. Si tuvieran suficiente poder (y tienen mucho, pero para ellos nunca es suficiente) no quiero ni pensar en las maquinaciones que pondrían en marcha contra la obra maestra de Gaudí, símbolo admirable de todo lo que más detestan.

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    Barcelona, 1967. Escritor vocacional y agente comercial de profesión. Autor de Contra la izquierda (Unión Editorial, 2012) y de numerosos artículos en medios digitales. Participó durante varios años en las tertulias políticas de las tardes de COPE Tarragona. Es creador de los blogs Archipiélago Duda y Cero en progresismo, ambos agregados a Red Liberal.