Llega la nueva conferencia de Paul Ehrlich: ¿Cuenta atrás para el fin del mundo?

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    Paul Ehrlich
    Paul Ehrlich / Stanford News

    La noticia de la invitación de Paul Ehrlich al Vaticano, de la que tuve noticia a través de Infocatólica, ha conmocionado a más de uno. El padre de la “bomba de poblacion”, el incansable anunciador del fin del mundo, el celoso promotor de abortos y esterilizaciones por las buenas o por las malas, va a impartir una conferencia, titulada «Extinción biológica», en el marco de un evento organizado por la Pontificia Academia de Ciencias y la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Llamativo, ¿no?

    La web arde con detractores (¡a quién se le ocurre invitar a darnos lecciones a un tipo radicalmente anticatólico?) y defensores (¿y por qué no escucharle?, de todo el mundo se puede aprender algo). Pienso que será bueno, antes de posicionarse, detenernos unos momentos en el personaje y sus ideas. En el valioso blog de Elentir he encontrado numerosa información y pistas al respecto.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Difícilmente podemos encontrar a alguien en quien encajen mejor las palabras de Juan XXIII en su discurso de apertura del Concilio Vaticano II cuando alertaba contra aquellosprofetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente”.

    El Papa, que proclamaba que disentir de estos pseudoprofetas era lo justo, hablaba en 1962. Seis años más tarde, Paul Ehrlich publicaba su influyente obra The Population Bomb, donde predecía que centenares de millones de personas morirían de hambre a lo largo de la década de los 70, que 65 millones de estadounidenses moriría durante los años 80 por falta de alimentos, que la India y China desaparecerían y que a finales del siglo XX Inglaterra también dejaría de existir.

    Ehrlich descubrió que podía vivir muy bien adoptando el disfraz de profeta barbudo que se pasea por las calles con el famoso cartelito: “El fin está cerca”

    Haciendo gala de aplomo, escribía en 1968: “en algún momento de los próximos 10 o 15 años llegará el final, y con esto quiero decir un colapso absoluto de la capacidad del planeta para sostener a la humanidad”. Pero ya lo ven, aquí seguimos, escribiendo y dando la lata.

    Pronto descubrió Ehrlich que podía vivir muy bien adoptando el disfraz de profeta barbudo que se pasea por las calles con el famoso cartelito que nos avisa de que “El fin está cerca” (con la salvedad de que cambió las frías calles por los confortables salones de las organizaciones supranacionales, donde se mueve como pez en el agua).

    Al mismo tiempo, completó su mensaje catastrofista con toda una batería de propuestas de control de poblacion que, y aquí hay que reconocerle y agradecerle su claridad, no intenta camuflar con palabras biensonantes. Entre el arsenal que Ehrlich propone para esta batalla por la supervivencia encontramos el aborto obligatorio (“De hecho, se ha llegado a la conclusión de que podríamos tener, bajo la actual Constitución, leyes obligatorias de control de la poblacion, incluidas leyes que requieren el aborto obligatorio, si la crisis poblacional fuese suficientemente severa como para poner en peligro a la sociedad”).

    En realidad, matar a alguien en el seno materno sería hacerle un favor y ahorrarle el sufrimiento que significa vivir en un mundo demográficamente colapsado (“Puedes ser abortado, puedes ser asesinado al nacer o puedes ser vendido como esclavo y morir en un barrio pobre en algún lugar).

    Además, Ehrlich siempre ha abogado por campañas de esterilizaciones masivas forzosas, por castigar a las personas, organizaciones y compañías que se oponen al control de poblacion, por premiar económicamente con premios a la responsabilidad a las parejas que optan por no tener hijos y, al contrario, gravar a las que los tienen, introduciendo impuestos adicionales por hijo.

    También ha propuesto la introducción de impuestos de lujo para los pañales, cunitas y otros artículos para bebés. Por desgracia, sus palabras no se quedaron en discursos y papeles, sino que se plasmaron en políticas concretas, como la campaña de esterilizaciones forzadas en la India de Indira Gandhi o la política del hijo único en China. A este respecto, en una entrevista publicada en El País a finales de 2009, y tras reconocer que conseguir reducir la poblacion “de forma humanitaria lleva mucho tiempo. Podrías disparar a un tercio de la poblacion mañana pero no queremos hacerlo así”, felicitaba a China por sus totalitarias políticas a pesar de que lo haya hecho “no de una forma que pueda gustar a los europeos, aunque la derecha exagera los abusos” (¡Ay!, esa derecha, siempre culpable de todo).

    No sorprenderá a nadie que otro de los rasgos de Ehrlich haya sido siempre su persistente animadversión hacia todo lo que suene a católico. En la misma entrevista en El País, declaraba que “El Papa pide a la gente que tenga más hijos pero la gente no escucha lo que dice el viejo. Me da un poco de pena el Papa”. Se refería a Benedicto XVI, pero el juicio se extiende a Francisco.

    Las palabras recogidas en el punto 50 de la encíclica Laudato Si en referencia al control de poblacion como método para combatir el cambio climático (“Culpar al aumento de la poblacion y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas”) fueron calificadas por Ehrlich como un “delirante sinsentido”.

    Según Ehrlich, “el Papa y muchos de los obispos son una de las fuerzas verdaderamente malvadas y regresivas del planeta”

    Y hace ahora justo un año volvió Ehrlich a la carga contra la Iglesia católica (quien sabe si haciendo méritos para disfrutar de un fin de semana romano pagado por las arcas vaticanas) y se despachó así contra una Iglesia católica que considera la mayor amenaza contra la vida en la Tierra y cuyos planteamientos de respeto a la vida serían “un acto terrorista”.

    Eso sí, no podemos asegurar que, en su conferencia en el Vaticano, vaya a repetir su juicio expresado el año pasado en el sentido de que ““El Papa y muchos de los obispos son una de las fuerzas verdaderamente malvadas y regresivas del planeta”. En realidad, nada de esto es sorprendente, pues la visión de Ehrlich de lo que es el ser humano se encuentra en las antípodas de lo que enseña la Iglesia.

    Para este entomólogo especializado en mariposas, lo del cuerpo y el alma inmortal es una superstición ridícula: “Somos como moscas de la fruta. Una mosca llega a un grupo de plátanos pone huevos y causa una explosión demográfica. Cuando la poblacion colapsa porque hay demasiadas moscas algunas hembras se van a otro grupo de plátanos. Pero aquí no tenemos dónde ir. Ése es nuestro dilema” (¡Cuánto van a aprender nuestros queridos académicos pontificios!).

    En palabras de un economista indio, Gita Sen, “existe una tendencia a aplicar a los seres humanos los mismos modelos que aplicamos a los insectos. La diferencia está en que los seres humanos son seres conscientes que hacemos todo tipo de cosas para cambiar nuestro destino”, algo muy obvio pero que se le escapa por completo al estudioso de los insectos Ehrlich.

    Ehrlich ha pasado así a engrosar la abultada lista de profetas fallidos. Ni una de sus predicciones se ha cumplido. Despreció la Revolución Verde y a su padre, Norman Borlaug, el científico que consiguió multiplicar exponencialmente la productividad agrícola. Seguimos esperando el fin del mundo, pero Ehrlich no se ha bajado aún del burro y a sus 84 años sigue insistiendo en su misma cantinela.

    La historia de su apuesta con el gran economista Julian Simon en la que se jugaron 10.000 dólares sobre la evolución del precio de cinco materias primas y que Ehrlich perdió estrepitosamente no le hicieron replantearse sus posturas. Simon intentó explicarle a Ehrlich que las personas no son un lastre, sino el principal recurso con el que contamos (“Los seres humanos, – escribió – no son meras bocas adicionales que alimentar, sino mentes productivas e imaginativas que ayudan a crear soluciones a los problemas humanos, dejándonos así en una mejor situación a largo plazo”), pero Ehrlich no quiso escuchar.

    En fecha tan cercana como 2015 Ehrlich publicaba un artículo de investigación en Science Advances en el que nos anunciaba, confirmando que el hombre es un animal de costumbres, que esta vez sí, seguro segurísimo: “Ya no hay ninguna duda: estamos ingresando a una extinción en masa que amenaza la existencia de la humanidad… este estudio muestra sin ninguna duda significativa que estamos ahora ingresando en el Sexto Gran Evento de Extinción masiva”.

    Eso sí, en esta ocasión se guardaba muy bien de establecer la fecha de la extinción final futura; se ve que incluso alguien como Ehrlich se hace prudente con la edad. Y si insiste en el diagnóstico y la previsión, tampoco ha cambiado su juicio acerca de los métodos a emplear para afrontar los retos que tenemos por delante. Sigue insistiendo en que “tener más de dos hijos es egoísta e irresponsable” y cuando ahora le preguntan por el problema de las pensiones su solución produce escalofríos: que sigan trabajando hasta que revienten (“es más fácil hacer económicamente productivo a alguien de 65 años que a un nino de siete”).

    A modo de anécdota, la receta de Ehrlich en 2009 para solventar el problema del paro en España es para enmarcar: “Piense en España. Tiene un 20% de paro. Con un 20% menos de poblacion vivirían mucho mejor”.

    La invitación vaticana llega cuando el prestigio de Ehrlich pasa por sus horas más bajas, una valoración de la que probablemente nunca pueda recuperarse. Y es que incluso el New York Times, la biblia del progre, reconoce que sus catastróficas previsiones han sido un fracaso y que hay que considerarlas al nivel de “las antiguas teorías sobre la Tierra plana”. Se especula con que esta referencia haya sido la que haya provocado el interés de las academias pontificias, pero lo que es seguro es que la inveterada costumbre clerical de llegar siempre tarde a las modas del mundo (y abrazarlas con entusiasmo cuando sus antiguos defensores intentan desembarazarse de ellas sin perder la compostura) sigue gozando de una magnífica salud.

    Atendiendo a los hechos, Julian Simon fue invitado en su día a explicar sus teorías demográficas en la Santa Sede y poco después san Juan Pablo II escribía la encíclica Evangelium Vitae, donde aborda estos aspectos recogiendo algunas de las aportaciones del economista judío.

    Hoy las cosas han cambiado, lo que ha llevado a Steven Mosher, presidente del Population Research Institute, a declarar: “Las opiniones de Ehrlich sobre las tasas de extinción biológica son tan exageradas como sus fallidas predicciones de una explosión de poblacion humana. Por qué el Vaticano tendría que ofrecer una plataforma a este profeta secular de la condenación está más allá de mí. ¿Qué será lo próximo? ¿Invitar a Raúl Castro a hablar sobre derechos humanos?”.

    Mientras esperamos “lo próximo” y confirmamos que se ha descartado invitar a Nikolaos Michaloliakos, el líder del partido griego neonazi Amanecer Dorado, al próximo evento sobre cómo abordar el problema de la inmigración y de los refugiados, proponemos que en la carpeta que se entregará a todos los participantes en el evento de las Academias Pontificias se incluya este breve fragmento de la obra de Dickens, A Christmas Carol, fechada en 1843.

    Espectro de Dickens: «¿Acaso quieres decidir tú qué hombres deben vivir y qué hombres deben morir?»

    Allí Dickens destrozaba las soberbias y ridículas pretensiones de los Ehrlich de la época. Acompañado del espectro de las Navidades presentes, Scrooge pregunta por el futuro del pequeño lisiado Tiny Tim:

    “Si el futuro no altera esas sombras, ninguno de mi especie -contestó el espectro- lo encontrará aquí. De todos modos, ¿qué importa si ha de morir?, mejor que se muera y así disminuirá el exceso de poblacion.

    Scrooge bajó la cabeza cuando oyó repetir al espíritu sus propias palabras y se sintió abrumado de contrición y pesar.

    Hombre -prosiguió el espectro-, si es que de veras eres hombre y no piedra berroqueña, contén tu maldita hipocresía hasta que hayas averiguado cuál es el exceso de poblacion y dónde está. ¿Acaso quieres decidir tú qué hombres deben vivir y qué hombres deben morir? Puede que a los ojos del cielo seas tú más indigno y menos apto para vivir que millones de criaturas como el hijo de este pobre hombre. ¡Ay, Dios!, tener que oír al insecto de la hoja hablar sentenciosamente sobre la excesiva duración de la vida de sus hambrientos congéneres que habitan el polvo.”

    Como ven, un buen texto sobre el que reflexionar mientras Ehrlich les endilga su enésima arenga sobre el fin del mundo.

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