Los habitantes del desierto cuidan los oasis, como los gobiernos deberían cuidar las familias en tiempos de crisis demográfica.
Los habitantes del desierto cuidan los oasis, como los gobiernos deberían cuidar las familias en tiempos de crisis demográfica.

Los oasis son posiciones estratégicas verdes, llenas de vida, en medio de la arena del desierto, que sirven como punto de referencia para las grandes rutas comerciales que lo cruzan.

Y estos puntos no son pequeños enclaves con dos palmeritas y un charquito de agua. Los verdaderos oasis son grandes llanuras que se llevan cultivando desde hace siglos. Su origen son las aguas subterráneas. No se ven pero están ahí, dando vida.

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Sin embargo, formar y cuidar un oasis no es solo exprimir y agotar estas aguas subterráneas, sino fructificar ese bien sumándole el largo trabajo de los hombres que canalizaron estas fuentes naturales y plantaron grandes palmerales.

Realmente un oasis es toda una obra de ingeniería tradicional en donde se encuentra una larga cultura del agua. La que da vida.

Hoy, nos ha tocado vivir un tiempo determinado con unas circunstancias determinadas. Este tiempo no es muy acorde con los valores y virtudes cristianas que conformaron el mundo occidental, que hablan de forjar vida a golpe de generosidad, esfuerzo, firmeza, coraje, valentía, … de ir contra corriente, de ser oasis en medio del desierto.

Además, estas circunstancias determinadas en las que vivimos son también un desierto demográfico, donde ya empiezan a faltar niños, el agua del oasis. Si no se cuidan, los pozos se secan, desaparece el agua y se mueren las palmeras.

Para los ecologistas, los niños serían como el agua que da vida a la vegetación, a los grandes palmerales. Tenemos un paisaje desértico. Tan solo pequeños oasis consiguen que el mundo no desaparezca. Y éstos cada vez son más oasis de un pequeño charco con dos palmeritas.

“Una familia con hijos es poderosa porque tiene vida. Es un oasis en medio del desierto”

El mundo no necesita más arena. Bastante desierto hay ya. Necesita pequeños oasis, que llenen el mundo de verde vegetación, de grandes palmeras, de vida.

Pero para formar y mantener un oasis hay que ir contra corriente. Hay que ir donde solo hay arena y plantar una palmera y buscar agua en el suelo. Fuera la arena abrasa pero a la sombra de la palmera crece la hierba. Como en la familia.

Sitio peligroso el oasis. Lugar al que van los lobos y salteadores porque saben que ahí es donde está la vida.

La vida es poderosa, por eso la quieren.

Una familia con hijos es poderosa porque tiene vida. Es un oasis en medio del desierto.

¿Cuidamos de los oasis en medio del desierto? ¿Los protegemos como un tesoro recibido, una herencia aceptada, una enorme labor de unos cuantos, futuro para todos?

Los tiempos y las circunstancias también tienen oportunidades. Para cambiar el mundo, para transformarlo. Para formar muchos oasis y transformar el desierto en un vergel.

Por eso hay que ir contra corriente. Por eso hay que formar familias. Y por eso hay que cuidar las que tenemos. Y eso es lo que hacemos desde la asociación.

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