Fabrice Hadjadj, Nicolás Márques, Agustín Laje y Jordan Peterson.
Fabrice Hadjadj, Nicolás Márques, Agustín Laje y Jordan Peterson.

Tres que, realidad, son cuatro. Como en la novela de Dumas -Athos, Porthos, Aramis y D’Artagnan-, también aquí hablamos de cuatro espadachines: Fabrice Hadjadj, Agustín Laje-Nicolás Márquez y Jordan B. Peterson.

En sus libros hay un arsenal de argumentos para estos tiempos en los que corres el peligro de que te multen si piropeas a una mujer, te espeten que comer jamón es de fachas, o te quiten la patria potestad si te opones a que enseñen ideología LGTB a tus hijos.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Los cuatro han pasado recientemente por España dejando “touché” a los enemigos de la familia y la libertad, con unas intervenciones cuajadas de ideas valiosas. Veamos algunas.

1.- Hadjadj: Reivindicación del sexo sin red

El primero es Fabrice Hadjadj, que defiende la carne frente al sexo cosificado. Filósofo francés, “hijo de padres del 68” maoistas por más señas, conoce muy bien todas los espejismos de la modernidad porque él mismo transitó del anarquismo al ateísmo, hasta que se convirtió a la fe católica

Es autor de libros, de tono provocador, como La profundidad de los sexos (subtitulado Por una mística de la carne); Tenga éxito en su muerte o Útimas noticias del hombre (y de la mujer).

Y ha estado en Madrid para hablar sobre la revolución sexual de Mayo del 68, en un Congreso Internacional de la Universidad Francisco Vitoria.  

«Hemos pasado de la liberación sexual a tener relaciones sexuales en presencia del abogado», observa Hadjadj

Dos ideas. La primera, muy en su línea de desenmascarar contradicciones, es que “el relativismo es muy relativo”. De modo que la liberación sexual ha traído como consecuencia el puritanismo. Del amor libre del 68 y la ruptura de tabúes sexuales se ha saltado a prohibir el piropo o a considerar violación cualquier relación sexual sin consentimiento explícito -como propone el Gobierno de esas dos lumbreras llamadas Sánchez y Calvo-.

«Hemos pasado de la liberación sexual a tener relaciones sexuales en presencia del abogado», observa Hadjadj.

¿Por qué? Porque se ha sacado el sexo de su contexto y se ha convertido en objeto de consumo.

¿Solución? Es la segunda idea. El filósofo reivindica la relación carnal entre hombre y mujer, sin trampa ni cartón, humana, que genera vínculo y compromiso, que nada tiene que ver con el sexo cosificado, artificial, disociado de su carácter nupcial y procreativo.

En línea con la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II, Hadjadj subraya la trascendencia de la encarnación (con y sin mayúsculas): “Hay una lógica de la carne que no es la de la manipulación sino la transmisión de la vida” (…) “la carne es el lugar de la vulnerabilidad, de la miseria y la misericordia, del pecado y del perdón”.

2.- Laje-Márquez: Matrimonio, mater, matrix…

En la gira por varias ciudades españolas, organizada por HazteOir.org, Agustín Laje y Nicolás Márquez, autores de El libro negro de la nueva izquierda, explican por qué la familia está en el punto de mira de esa reformulación del marxismo que es la ideología de género.

Recuerdan lo elemental. Que la palabra matrimonio  y matriz vienen de la voz latina “mater” (madre). De donde se deduce que sin hombre y mujer no hay matrimonio, dado que el sentido del matrimonio es la potencia de engendrar hijos. “El matrimonio por definición es un vínculo en donde está la potencialidad de ser madre”.

Por tanto no tiene ni pies ni cabeza llamar matrimonio a una unión de homosexuales. “El matrimonio homosexual no existe” declaran sin pestañear los autores argentinos.

Pero la teoría de Género y su traducción legislativa (las leyes LGTB) han resultado ser el ariete del neomarxismo para demoler la familia.

La lucha por la cultura ha sustituido a la antigua lucha de clases marxista, vienen a decir Laje y Márquez; y el sujeto revolucionario ya no es el obrero sino la mujer o el homosexual que se sublevan contra el opresor (varón, heterosexual).

La ideología de género empuja al enfrentamiento a mujeres y hombres, borra la elemental distinción entre los dos sexos y en consecuencia impacta en la línea de flotación de la familia. Esta es para los neomarxistas la superestructura de la sociedad, que es preciso destruir.

Lo cual supondría -advierten- el triunfo del totalitarismo, ya que la familia (“célula originaria de la libertad” según Benedicto XVI) es el límite entre lo político y lo privado. Y “reventando la familia se puede tener un Estado total”.

3.- Peterson: es imposible un ideal educativo sin sufrimiento

Enderézate y mantén los hombros hacia atrás”; “di la verdad, o por lo menos no mientas”; “haz lo que tenga significado, no lo que te convenga”… son algunas de las Doce reglas para vivir, el libro del psicólogo clínico Jordan B. Peterson, profesor de la Universidad de Toronto, que ha tenido la osadía de desafiar la tiranía de la corrección política.

Recuerdan un poco a las máximas de Marco Aurelio, el emperador estoico; o a los pensamientos de Pascal; píldoras que apelan a la responsabilidad y a la valentía, dos virtudes demonizadas desde que Peter Pan tomó el poder en mayo del 68 y Occidente se convirtió en un teenager caprichoso y voluble.

Lo que Peterson le viene a decir a una sociedad analgésica es que el sufrimiento es insoslayable (“La vida es sufrimiento, eso está claro, No hay ninguna verdad más básica e irrefutable” dice en el capítulo 7). Y también que nuestros actos no son indiferentes, sino que tienen consecuencias y uno debe asumirlas.

«La manipulación del lenguaje es la punta de lanza del relativismo»

Significativamente una de las doce reglas de Peterson alude al lenguaje: “Exprésate con precisión a la hora de hablar”. Porque la manipulación del lenguaje es la punta de lanza del relativismo. Peterson lo ha sufrido en sus carnes. Hace dos años se enfrentó al marxismo cultural, al negarse a usar los pronombres (“ze”, “zir”, “they”) impuestos por Trudeau en Canadá para los LGTB en lugar de los pronombres masculino y femenino (“he”, “she”).  

Se convirtió en el intelectual más odiado por la izquierda pero, a la vez, el más famoso en Youtube (con millones de visualizaciones de sus charlas).

Gracias a ello, Peterson recorre Occidente desenmascarando la neolengua, con tanta o más eficacia que George Orwell en su novela ‘1984’. Vale la pena leer su libro o ver sus intervenciones y entrevistas por Youtube, en las que rescata del desván verdades tan evidentes como ésta: “La misión del hombre es proteger a la mujer y al hijo”; o en las que subraya que no es posible un ideal educativo sin verdad, sin jerarquía y sin realidad.

Conclusión no muy distinta a la que llegaron los persas hace 2.500 años, con aquella elemental guía educativa, de la que da noticia Herodoto: “los persas sólo enseñaban tres cosas a sus hijos: a montar a caballo, tensar el arco y decir la verdad”.

Tampoco estamos lejos del ideal de valentía y magnanimidad que exponía John Henry Newman, y que sintetizaba en la capacidad de sobrellevar el sufrimiento y no procurárselo a los demás.

¿Y todo esto no son obviedades? podrían preguntar los lectores. Les contesto con Chesterton: “Llegará el día que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde”.

Ese día ha llegado, y lo que han hecho los tres (cuatro) mosqueteros es desenvainar.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.