Monseñor Cañizares y el sí quiero de Tito y Otto

    El Estado ha abandonado su obligado estatus neutral y ha optado por respaldar una ideología minoritaria que, con la excusa de proteger la igualdad y la no discriminación, inspira legislaciones que violentan los derechos de la mayoría de los ciudadanos.

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    Arzobispo Antonio Canizares
    Arzobispo Antonio Canizares / EFE

    La semana pasada, mientras en España se desataba el aquelarre mediático contra el cardenal Antonio Cañizares por la homilía en la que denunció el peligro de la ideología de género para las libertades y su defensa de que en la familia se juega el futuro del hombre y de toda la sociedad, en el ayuntamiento de Gante (Bélgica) se celebraba una boda infantil entre dos ninos varones.

    Tito y Otto, así se llamaban los contrayentes, se dieron el sí quiero ante una concurrencia rendida al gesto. Por supuesto, la boda era ficticia, una simple actividad de clase muy frecuente en la Freinetschool De Boomgaard, cuyo método pedagógico promueve una enseñanza colaborativa y experiencial en la que los ninos son animados a tomar su propias decisiones en libertad y muchos de ellos optan por el matrimonio simulado como inicio del proyecto de formar una familia. Lo novedoso del asunto era que, por primera vez, dos ninos del mismo sexo decidían casarse. De ahí el frenesí. De ahí el eureka.

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    “Esto no tiene nada que ver con la homosexualidad”, se apresuraron a asegurar desde la escuela. Pero a nadie se le escapa que la gran boda belga de Tito y Otto ha sido un triunfo, y si los ideólogos de género no están hoy voceando su éxtasis por las esquinas de medio mundo, vuvuzelas en ristre, es porque, habiendo ninos de por medio hay que andarse con pies de plomo.

    En los menores belgas ha calado el mensaje de que género, matrimonio y familia son opciones modulares tipo Ikea

    Lo que importa en realidad es que su ingeniería social está dando resultado. En los menores belgas ha calado el mensaje de que género, matrimonio y familia son opciones modulares tipo Ikea. Con una llave Allen y unas básicas instrucciones, uno puede fabricarse el suyo a capricho.

    Para la ideología de género es prioritario poner el acento en la escuela, como demuestra el ejemplo belga. En España, las presiones para incluir los nuevos dogmas de género en la enseñanza han sido especialmente fuertes en las últimas legislaturas, después de que Zapatero abriera el melón con la educación para la ciudadanía.

    Colegios públicos, concertados y privados se están viendo abocados a dar clases de diversidad afectivo sexual en Primaria, Secundaria y Bachillerato. En varias comunidades autónomas (País Vasco, Navarra, Andalucía, Canarias, Extremadura) han aprobado leyes de transexualidad que incluyen en su articulado la obligación de impartir dichas materias y de adaptar los libros de texto a los postulados de la ideología de género. Con estas medidas, se priva a los padres del derecho a elegir en libertad la educación que quieren para sus hijos, tan sensible en estas materias, y se somete, bajo pena de sanción, el ideario de los colegios católicos.

    Estas leyes suponen una amenaza para algunos derechos fundamentales de los ciudadanos, como la libertad de pensamiento, ideológica y religiosa, o el derecho a la educación en libertad. Sin embargo, las instituciones (gobiernos, parlamentos, ayuntamientos, etc.) se han entregado a una orgía prevaricadora sin precedentes.

    El Estado ha abandonado su obligado estatus neutral y ha optado por respaldar una ideología minoritaria que, con la excusa de proteger la igualdad y la no discriminación, inspira legislaciones que violentan los derechos de la mayoría de los ciudadanos y que son potencialmente destructivas para el modelo universal de familia.

    En este contexto hay que entender el acoso que en estos momentos está sufriendo la enseñanza concertada en la Comunidad Valenciana, y que podría extenderse al resto de España. No sólo por la retirada de líneas educativas en beneficio de la enseñanza pública (más permeable a las imposiciones gubernamentales), sino también por el garrote que comprime su libertad al quedar expuesta ésta, bajo amenaza de retirada del concierto, al modelo ideológico que quieran imponerle.

    La ideología de género es un proyecto perverso para la sociedad, porque ataca las libertades, la familia y por tanto el futuro de la civilización

    Las valientes palabras del cardenal Cañizares en su homilía no fueron casuales: cada día más presente, cada día más asfixiante, la ideología de género es un proyecto perverso para la sociedad, porque ataca las libertades, la familia y por tanto el futuro de la civilización. Y como todo lo perverso, viene inmaculadamente envuelto.

    La homilía, era de esperar, ha encontrado una inmediata respuesta. Una encolerizada izquierda, con sus huestes mediáticas oliendo sangre, se han abalanzado sobre el prelado como una plaga de langostas para obligarle a retractarse. El colectivo Lambda de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales le ha puesto una denuncia ante la Fiscalía imputándole delitos de odio por sus declaraciones «homófobas y machistas» y le ha exigido que pronuncie una homilía en la que haga «una apuesta real por la diversidad». Representantes y altos cargos del gobierno valenciano han dirigido al cardenal todo tipo de insultos y descalificaciones.

    La batalla ideológica se libra en este frente. La izquierda, en connivencia con una derecha que se lava las manos, ha tocado a degüello contra la única institución que alerta del peligro de la desintegración de la familia a manos de la ideología de género, la Iglesia, y va a por los restos de educación que aún resisten en cuadro la ofensiva.

    Durante su intervención el pasado jueves, una eurodiputada española, Beatriz Becerra, perteneciente al grupo liberal ALDI, se enorgullecía de que el 61% de los europeos está ya a favor del matrimonio homosexual. No exclamó lo siguiente, pero como si lo hubiera hecho: ¡misión cumplida!

    La prioridad ahora es otra: los ciudadanos LGTBI también deben tener derecho a poder formar una familia sin los obstáculos que actualmente encuentran debido a las diversas legislaciones de los países miembros.

    Frente a este intento de imponer en toda Europa el pandemónium del matrimonio y la familia que propone la ideología de género, una Iniciativa Ciudadana Europea que lleva por nombre Mum, Dad & Kids está en pleno proceso de recogida de firmas para conseguir lo contrario: que las instituciones europeas recojan una definición clara y precisa de los conceptos matrimonio y familia, basados en su realidad universal, para evitar el caos legal y la más que previsible destrucción de ambas instituciones: el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer y la familia, la formada por una madre, un padre y los hijos que puedan venir.

    Pese a que la hoja de ruta de los movimientos LGTBI en Europa, defendida por la eurodiputada Ulrike Lunacek, fue rechazada en su día por el veto de algunos países como Hungría, sus reivindicaciones siguen hoy muy vigentes en los pasillos y escaños de la eurocámara: reconocimiento mutuo de los documentos acreditativos del estado civil en toda la UE para poder ejercer su derecho a la libre circulación; adaptar las directivas relativas al derecho de familia a todos los tipos de familia legalmente reconocidas en los Estados miembros; los Estados miembros que han legalizado las uniones civiles o el matrimonio para las personas del mismo sexo deben reconocer las disposiciones similares adoptadas por otros Estados miembros.

    Pero hay algo nuevo bajo el sol de la ideología de género. En su discurso, Beatriz Becerra ya avanzaba el que será el nuevo frente de batalla LGTBI en los próximos años: acabar con los prejuicios y la criminalización de la gestación subrogada, para garantizar a los colectivos arcoíris el deseo de ser “padres”, caiga quien caiga.

    Para que esto suceda, para que todos los derechos humanos universales concurran en un único derecho multicolor y a la familia no la conozca ni la madre que la parió, los ingenieros de la diversidad sexual y de género deben antes asegurarse de que ningún Cañizares de turno les tosa en un púlpito; y por supuesto, llenar las escuelas europeas de Titos y Ottos recién casados. ¿Les suena?: lo que la ideología de género ha unido, que no lo separe el hombre.

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