Imagen referencial /Pixabay
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Empieza febrero y con él el calentamiento de motores para la “batalla” por ver quién es más feminista, más progre, más radical, quién machaca más a los hombres o exige más derechos (que de hecho ya tiene, por cierto) o más privilegios, quién saca a la palestra una nueva discriminación, quién grita más o quién exhibe la estética más extraña…

Y luego estamos las que queremos seguir siendo mujeres, sin más. Porque ser mujer, sin más, implica que tenemos los mismos derechos que los hombres, que tenemos unas cualidades concretas que se complementan perfectamente con las del hombre, que queremos ser madres (por cierto eso sí, sin que nadie nos lo eche en cara en el trabajo), que no queremos que se nos trate como inferiores concediéndonos unos privilegios y cuotas que no necesitamos y que son injustas para los hombres, que necesitamos equidad y no un igualitarismo que ignora nuestra feminidad, que queremos que se nos respete, que no se nos cosifique ni se mercadee con nuestro cuerpo, que nos gustan los hombres, les necesitamos y les queremos. Y que no queremos una lucha de sexos sino ir de la mano trabajando juntos y aportando cada cual lo mejor de sí mismo y aceptando que el otro sexo tiene unas cualidades innatas que de las que carecemos.

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Mujeres, sin más.

No sé si las del primer grupo del que hablaba han secuestrado o no el “feminismo”, pero lo que sí sé es que a día de hoy, el feminismo implica desprecio al hombre en la misma medida en la que el machismo implica desprecio a la mujer. Así que, por mi parte, desecho completamente el término y la idea de “feminista”. Soy mujer, y por todo lo que decía antes, no necesito ser feminista, sería, cuando menos, una redundancia, algo así, salvando las distancias, como decir que “soy católico y además creo en Dios”.

Lo que yo necesito como mujer, sin más, es una sociedad y una política que tenga siempre presente un enfoque femenino. Que respete y valore mi identidad femenina, mi maternidad y mi cuerpo. Y que respete y valore también la identidad masculina, la paternidad  y nuestra complementariedad, sacando lo mejor de cada uno y lo bueno de todo, comprendiendo y aceptando las “diferencias que nos unen”.

Mujeres y hombres, femenino y masculino completando el círculo.

Feministas del mundo, adiós.

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Orgullosa de ser mujer, esposa de Paco y madre de 10 hijos. Estudié Filología Inglesa, pero acabé por entregarme -feliz- al cuidado de mis hijos. También presido Profesionales por la Ética y la plataforma Women of the World. Además, he escrito un libro (Mi historia y once más, Ed. Áltera) y tengo un blog con el mismo nombre. [https://mihistoriayoncemas.wordpress.com/home/] Reivindico la esencia de lo femenino y lo masculino (diferentes, gracias a Dios) en su complementariedad.