No, no todos los homosexuales estarán en el Orgullo LGTBI

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    Detalle de unos participantes en una manifestación LGTBI en Colombia. /EFE
    Detalle de unos participantes en una manifestación LGTBI en Colombia. /EFE

    “Nuestra cultura ha aceptado dos mentiras inmensas. La primera es que si discrepas con el estilo de vida de alguien, debes odiarle o temerle. La segunda es que para amar a alguien, debes estar de acuerdo con cualquier cosa que diga o haga. Ninguna de las dos tiene sentido. No tienes que comprometer tus convicciones para ser compasivo”.

    La cita es de Rick Warren, uno de los pastores evangélicos más influyentes de la actualidad, y mete el dedo en una de las llagas más supurantes de nuestra generación: la de esa dictadura férrea de lo políticamente correcto.

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    Los que exigían que nadie les dijera cómo tenían que vivir, ahora le imponen a todo el mundo cómo deben vivir ellos.

    Los que clamaban por la libertad de expresión, ahora no permiten la más mínima discrepancia a sus ideas.

    Los que proclamaban “Love wins” (“El amor vence”) se han dejado ganar por el mismo odio al disidente que denunciaban.

    Los que decían sentirse excluidos y marginados, no dudan ahora en arrinconar y criminalizar al que no acepta sus postulados sin rechistar.

    Los que proclamaban que no existe el pecado y que eso era un invento de los curas para controlar a la sociedad han establecido un sistema de faltas y castigos mucho más severo

    Los que se llenaban la boca con palabras como “diálogo” y “consenso” son los mismos que crean “cordones sanitarios” contra los que no piensan como ellos.

    Los que denunciaban que vivían asfixiados por la imposición de dogmas, pretenden establecer una lista de verdades indiscutibles mucho más larga.

    Los que proclamaban que no existe el pecado y que eso era un invento de los curas para controlar a la sociedad han establecido un sistema de faltas y castigos mucho más severo.

    Los que arremetían ayer contra la Inquisición son los que hoy han impuesto una Policía del Pensamiento Único, que tritura con mofas, sarcasmo y humillaciones a quienes osan disentir de su credo.

    Los antifascistas son, de hecho, los más fascistas de todos.

    Porque la celebración del Orgullo poco tiene que ver ya con los derechos de las personas homosexuales, al igual que el feminismo poco tiene que ver con la defensa de la mujer. Han partido de dos iniciativas buenas –denunciar que se humille a alguien por sus atracciones sexuales y pedir que a hombres y a mujeres se les tenga la misma consideración- para ganarse a los crédulos, a los bienintencionados de escaso fundamento sólido y a los buenistas que quieren complacer a todos, y llevarlos a su terreno.

    por debajo de ese Orgullo que atronará mañana, está el orgullo de aquellos que viven con sencillez, sin alharacas, sin exhibicionismos, con paz y con serenidad su día a día

    Los que defienden los mismos puntos de partida –que no se humille a nadie por su condición sexual o por ser mujer- pero no tragan con todos los demás postulados que les quieren endosar después, son acusados de odiar y oprimir a esas personas.

    El Orgullo no son todos los homosexuales. Este sábado participarán miles de personas en los desfiles, y los comisarios del pensamiento único y uniformado tratarán de hacer creer a todos que, si eres homosexual, sólo se puede ser como ellos dicen que hay que ser. En cierto modo es como los nacionalismos, que te imponen que si quieres ser un buen catalán o vasco, necesariamente tienes que ser separatista. Si no, eres acusado de odiarles y de un sinfín de pecados laicos más.

    Por eso, por debajo de ese Orgullo que atronará mañana, está el orgullo de aquellos que viven con sencillez, sin alharacas, sin exhibicionismos, con paz y con serenidad su día a día. El orgullo de los que no necesitan reclamar más que aquello que les corresponde, que es de justicia y que mejora a las sociedades y las civilizaciones. El orgullo que no nace de la soberbia, sino del sano amor a defender la verdad y a proponerla en libertad.

    Pero ese orgullo no saldrá en las televisiones. Tienen que estar ustedes atentos para descubrirlo.

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