“Parar el mundo” y la discusión de enamorados

    Las que dicen que van a “parar”, no van a parar, simplemente se van a dedicar a otra cosa, a deambular, a predicar, etc. Las verdaderas paradas son las cardiorespiratorias, el resto es cambio de actividad.

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    Dos personas mayores contemplan el paisaje desde un puente /Foter.com
    Dos personas mayores contemplan el paisaje desde un puente /Foter.com

    A veces tengo que mandar correos electrónicos a una lista de distribución no excesivamente extensa. Básicamente, conocidos o casi conocidos. Admito que muchas veces dudo al escribir “Queridos amigos”, porque entiendo que la mentalidad actual, con el tema del lenguaje, está especialmente sensible. Pero al final, opto, no sin titubeos, por esta fórmula que tanto me gusta. Lo escribo con toda sinceridad, como se hace con las fórmulas, cuando se les da su verdadero sentido. No es hipocresía, es más bien el deseo de mantener una relación que no llega a ser de amistad por falta de tiempo material, pero en la que se comparte algo que potencialmente podría ser el inicio de una amistad o relación duradera. Y dudo porque he visto a veces, en algunas mujeres, que cuando se dirigen a un grupo, remarcan, con especial vehemencia, el “todos y todas”. Militantemente.

    Pero esta militancia es un poco pose; no me la creo. No es suficientemente militante. Me lo creería más si, cuando una reivindicadora militante de la igualdad y de las cuotas lo exigiera en todo momento, en los momentos clave. Es muy fácil exigir cuotas en la política. Al final y al cabo, los diputados y los ministros son algo muy poco importante; nos dan igual; van y vienen, son interinos. Allí podemos exigir todas las cuotas que queramos. Pero un quirófano o un viaje en avión son cosas importantes de verdad. Aquí es donde cobraría sentido la reivindicación de cuotas. Habría que quejarse: oiga, no me someto a la operación mientras no tenga un cirujano y una cirujana en igualdad de condiciones; oiga, exijo que este avión no despegue hasta que no me aseguren que en la cabina hay un hombre y una mujer al mando, en condiciones de igualdad.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    «El lema de esta huelga de mujeres, acerca de si paramos nosotras se para el mundo, es una suerte de obviedad y de estupidez»

    Estos son los temas importantes y como estos son los temas importantes, lo que queremos es que el cirujano sea el mejor, y nos da igual que sea hombre o mujer. Para que el avión no se estrelle queremos un buen comandante y nadie se queja tras la escandalosa revelación de que en la cabina del avión pueda haber un hombre al mando. Podemos tener pose de cuotas, pero las dejamos para las cosas poco importantes.

    Hay un tema ausente, siempre que se habla de machismo, de igualdad de género, de género a secas, que es más profundo y más difícil de sacar. El domingo pasado, 4 de marzo, había un editorial de La Razón donde, tratando el tema de la huelga feminista del 8 de marzo, se recordaba la situación de discriminación de la mujer en el Código Civil hasta el año 1975. Es verdad; pero, tan verdad como que la situación de la mujer era de discriminación civil, hay otra verdad, más profunda, que en ocasiones hacía irrelevante dicha discriminación. ¿En qué casos? Me refiero a aquellos casos en que un hombre y una mujer decidían no llevar su vida por caminos de confrontación. ¿Casos raros? No lo sé. Creo que más habituales de lo que pareciera.

    Un matrimonio bien avenido, pienso en mis padres y en decenas de matrimonios que he conocido, hombre y mujer remaban en la misma dirección. Los resultados, con toda la imperfección humana, me han parecido más que satisfactorios. ¿Qué había casos donde el hombre era un caradura y un sinvergüenza? Sí, cierto. Pero caraduras y sinvergüenzas puede haberlos siempre, al margen de la situación legal. Y ni todos los hombres son sinvergüenzas, ni todas las mujeres son santas.

    Una pareja de enamorados. /Foto de godzax on Foter.com - CC BY-NC-ND
    Una pareja de enamorados. /Foto de godzax on Foter.com – CC BY-NC-ND

    De ahí que el lema de esta huelga de mujeres, acerca de si paramos nosotras se para el mundo, es una suerte de obviedad y de estupidez. A nadie se le oculta, menos a mí, con una madre maravillosa y una mujer igual, que sin las mujeres las cosas no funcionarían. Pero las mujeres no se “paran”. Las que dicen que van a “parar”, no van a parar, simplemente se van a dedicar a otra cosa, a deambular, a predicar, etc. Las verdaderas paradas son las cardiorespiratorias, el resto es cambio de actividad. Así que las mujeres de la huelga (que no representan a “la mujer”, como si existiera una cosa que fuera “la mujer”) no han “pararado”, ni a ellas ni al mundo. Han hecho otras cosas, y el mundo sigue igual; igual de bien o igual de mal.

    Vuelvo al tema que decía antes que estaba ausente. Para mejorar las cosas, el camino es muy otro, ya lo apuntó Chesterton que, en el tema de la mujer, donde más difícil es comprenderle hoy, no negaba la conflictividad de las relaciones hombre y mujer. No negaba que discutieran, pues eso es inevitable, lo importante, lo único fundamental, y este es el tema tabú, es que su discusión fuera una discusión “de enamorados”. Este es el mejor remedio contra la desigualdad, contra los malos tratos, y por la dignidad de la mujer de todas las mujeres: volver a hablar del amor entre hombre y mujer.

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    Pablo Gutiérrez Carreras es doctor en Historia por la Universidad CEU San Pablo y ha puesto en marcha, recientemente, un sello editorial: Ediciones More, que, entre otros proyectos, pretende completar lo que aún queda por publicar de Chesterton en español. Casado, padre de ocho hijos (siete niñas y un niño), escribe también crítica de cine en la página www.pantalla90.es y toca la guitarra en un grupo de versiones pop-rock.