La socióloga alemana Gabriele Kuby y la transexual Avery Jackson.
La socióloga alemana Gabriele Kuby y la transexual Avery Jackson.

Wilhelm Reich, el gran pope del marxismo freudiano, decía que la sexualización de los niños derrumbaría la fundación de la «sociedad burguesa». Y eso es lo que está haciendo el adoctrinamiento sexual desde la más tierna infancia: minar los cimientos no ya de la sociedad, sino de la civilización.

Lo estamos viendo con las leyes de ingeniería social de los Gobiernos, o con la agenda LGTB que tratan de imponer Naciones Unidas y la Unión Europea.

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El objetivo del Estado no es otro que manipular a los niños y suplantar a los padres.

Lo advierte la socióloga alemana Gabriele Kuby (Constanza, 1944) en el libro La revolución sexual global (subtitulado significativamente La destrucción de la libertad en nombre de la libertad), cuya edición española acaba de publicar la editorial Didaskalos.

Presentan el libro en España monseñor Reig Pla, obispo de Alcalá y María Lacalle, profesora titular de Filosofía del Derecho en la Universidad Francisco de Vitoria.

Puede leer aquí el prólogo de monseñor Reig para la edición española.

Kuby conoce perfectamente la revolución sexual del 68, porque ella misma formó parte del activismo contracultural del mayo francés. Era entonces una veinteañera que participó en las revueltas de la Sorbona, en París.

Posteriomente tuvo un proceso de conversión y abandonó las posiciones feministas, dedicándose a desenmascarar las contradicciones y los errores antropológicos de aquella revolución.

Uno de sus ensayos más completos es La revolución sexual global, que ahora llega al público de habla castellana. Una obra imprescindible para entender no sólo lo que ocurrió con la liberalización sexual del 68, sino también lo que está pasando actualmente con la ideología de género, consecuencia última de aquella revolución.

En el capítulo La educación desde infantil hasta bachillerato explica los planes para manipular las mentes infantiles, comenzando por la supresión del pudor, y la introducción de la perspectiva de género.

Y ofrece doce buenas razones para que los padres se movilicen y traten de frenar la sexualización de los niños por parte del Estado.

Estas son, de forma extractada.

1.- La liberalización de la sexualidad lleva a la decadencia

Todo empezó cuando, a mediados del siglo XX, se separó placer de procreación, y se sacó la sexualidad del ámbito de la familia. Esa liberalización ha tenido efectos económicos, sociales y culturales catastróficos en Occidente.

La ruptura de la familia, la bajada de logros académicos, la generalización de trastornos psicológicos, la propagación de enfermedades de transmisión sexual, y el asesinato de millones de niños por nacer son alarmas que señalan que la sociedad está en declive, señala Kuby.

Hasta el estado de bienestar –el gran logro de la Europa de la posguerra- se agrieta por culpa de esa liberalización. Lo que se traduce en pobreza y soledad.

2.- Destruye la familia como mejor entorno para los niños

La revolución sexual trajo de la mano las rupturas y el divorcio. Lo cual es un disparo en la línea de flotación de la familia, que está fundada en el matrimonio monógamo de por vida entre un hombre y una mujer, abierto a tener hijos.

Estudios científicos confirman que los niños crecen mejor en una familia estable con padres biológicos

Y estudios científicos confirman que los niños crecen mejor en una familia estable con padres biológicos. Sólo la familia puede producir una ciudadanía que confíe en sí misma e independiente.

Es más. Kuby llega a decir que las personas de familias destruidas, sin vínculos fuertes, son inestables, propensas a la manipulación de los poderosos, y se convierten en un peligro para la democracia.

3.- La sexualización priva a los niños de su infancia

Un niño es una cosa muy delicada, nos recuerda la autora. Y sin embargo ahora está sometido a las tensiones de hogares rotos, a la ausencia de la figura del padre y agresiones sexuales que provocan profunda heridas en su psiqué y en su afectividad.

No se le puede hacer una faena mayor a un menor que destruir su inocencia, porque la inocencia es prácticamente la definición de la infancia

El niño, subraya Kuby, es la gran víctima de la pérdida del pudor, otra consecuencia de la liberalización sexual. No se le puede hacer una faena mayor a un menor que destruir su inocencia, porque la inocencia es prácticamente la definición de la infancia.

Y esta estado protegida por los adultos hasta la revolución sexual de la segunda mitad del siglo XX.

4.- La sexualización de los niños y adolescentes socava la autoridad paterna

Los padres están vinculados a sus propios hijos por el amor y asumen una responsabilidad permanente hacia ellos. Por tanto, están obligados a la educación moral de sus hijos, que se establece como un derecho humano inalienable.

Pero lo que pretenden Naciones Unidas y la Unión Europea, explica Kuby, es disolver la autoridad paterna y sexualizar la infancia.

Y cita al mismísimo Sigmund Freud, cuando decía que  la actividad sexual temprana en los niños dificulta su educación:

“La experiencia nos ha mostrado que las seductoras influencias externas pueden causar fisuras prematuras de la fase latente o su extinción… y que cualquier actividad sexual prematura perjudica la posibilidad de educación del niño”.

Las teorías de Freud fueron esenciales para la extensión de la llamada Revolución Sexual.
Las teorías de Freud fueron esenciales para la extensión de la llamada Revolución Sexual.

5.- La sexualización de niños y adolescentes va en contra de su desarrollo hormonal

El desarrollo hormonal de los niños pasa por un largo período de latencia desde poco después del nacimiento hasta la pubertad. Los niveles de testosterona, hormona sexual masculina, y de estrógenos, hormona sexual femenina, crecen en el primer y segundo mes tras el nacimiento y luego caen a un nivel bajo constante hasta la pubertad.

Y en la pubertad el nivel de hormonas aumenta rápidamente de nuevo, y no alcanza el nivel relativamente constante en un adulto hasta varios años más tarde.

Por lo tanto, a nivel físico, los jóvenes crecen gradualmente hasta la madurez sexual. La consecución de la madurez psicológica es un proceso aún más largo.

6.- La masturbación habitual provoca la fijación en una sexualidad narcisista

Al someter al niño –ya desde primaria- a una sexualización precoz, con prácticas como la masturbación se le hace un flaco favor. Porque se  les inicia en la gratificación sexual narcisista, que luego dificulta su capacidad de comprometerse en un comportamiento sexual maduro como parte del amor hacia otra persona.

Una persona que se masturba se obsesiona egocéntricamente en sí misma y queda imposibilitada para el amor de entrega de uno mismo

Una persona que se masturba –dice la autora citando la literatura científica- se obsesiona egocéntricamente en sí misma y está aislada. Lo cual imposibilita la madurez necesaria para el amor de entrega de uno mismo.

Y cuando la masturbación se convierte en hábito, viene la adicción y esta a su vez trae pérdida de autoestima y problemas psicológicos que pueden marcar a la persona en su ulterior vida adulta.

7.- La incertidumbre sobre la identidad sexual masculina y femenina da lugar a trastornos de la personalidad

Una persona es fuerte cuando sabe quién es y se identifica positivamente con ello: es lo que se denomina identidad, explica la autora.

Y durante la historia de la humanidad, las personas nacen como hombres o mujeres y encuentran su identidad llegando a ser lo que son como hombre o mujer.

Eso está cambiando con la perspectiva de género, con consecuencias muy negativas. Kuby cita un estudio de la Universidad de Harvard que  muestra que la identidad de género incierta en niños menores de once años aumenta la probabilidad de abuso sexual, físico y maltrato psicológico y desórdenes por estrés traumático para siempre.

8.- Fomentar la «salida del armario» en la adolescencia es un ataque contra el desarrollo natural de la identidad de género heterosexual

La educación sexual pública está alentando en muchos países de Europa a que los niños pubescentes «salgan del armario».

Sin embargo, es un hecho constatado que en la mayoría de los adolescentes los sentimientos homosexuales van a menos. Entre los de 16 años de edad, el 98% experimenta un cambio de la homosexualidad o bisexualidad a la heterosexualidad.

Alrededor del 70% de los chicos de 17 años que indicaron exclusivamente atracciones homosexuales, señalaron una orientación heterosexual exclusiva a los 22 años.

El investigador homosexual Remafedi  afirma que cuanto antes «sale del armario» una persona, mayor es el riesgo de intento de suicidio

Gabriele Kuby menciona un estudio de un investigador homosexual (Gary Remafedi), que afirma que cuanto antes «sale del armario» una persona, mayor es el riesgo de intento de suicidio.

De manera que promover la «salida del armario» temprana, acarrea un grave peligro para el desarrollo psicológico del joven.

9.- Ocultar los riesgos de practicar la homosexualidad pone en peligro a los jóvenes

Por más que los políticos lo oculten por electoralismo y el lobby LGTB disfrace de jolgorio sus problemas, a través de eventos hiper-subvencionados como el Gay Pride, los estudios científicos indican un aumento de los riesgos físicos y mentales de la conducta homosexual.

Depresión, trastornos de ansiedad, consumo de alcohol, drogas y abuso de medicamentos, el riesgo de suicidio, y la infección del VIH y otras ETS.

El problema es que gobiernos y parlamentos hacen dejación de su deber de advertir estos peligros, lo que –como apunta Kuby-  es igual de discriminatorio contra los jóvenes con sentimientos homosexuales que explicar los peligros de fumar a los fumadores.

10.- Presentar estructuras familiares rotas como «normales» impide que los niños puedan superar consecuencias psicológicas dolorosas

Las familias rotas conducen a la incapacidad para crear vínculos y fomentan la infidelidad, el adulterio, la dominación y la irresponsabilidad hacia los hijos.

Nada más dañino para los menores que se alimentan del cariño y la unidad de sus padres, tanto como de la leche materna. Romper ese vínculo genera traumas psicológicos en los niños.

Kuby cita un informe del Instituto Robert Koch que indica  que el 21,9% de los niños y jóvenes de entre 7 y 17 años muestra evidencia de anormalidades psicológicas. Entre los de 14 y 17 años, aproximadamente el 40% tiene trastornos de conducta.

Y uno de los dos mayores factores de riesgo es un entorno familiar desfavorable.

11.- La destrucción de la familia lleva al control estatal de la educación de los hijos

Ya decía Chesterton que todo lo importante de la vida se aprende en los cuatro primeros años, cuando aún no se ha pisado el colegio.

Análogamente, lo que no se enseña en la familia probablemente no se aprenderá en la edad adulta. Esto incluye –apunta Kuby- la confianza básica, el compromiso, los buenos modales, la voluntad de aprender, la productividad, la confianza  en uno mismo.

Y cuanto menos se da esta formación personal en la familia, más tiene que ser asumida por los servicios de juventud, hogares juveniles, prisiones, psiquiatras, trabajadores sociales, terapeutas, médicos y policía públicamente financiados.

Los problemas sociales a los que el gobierno debe prestar asistencia se están convirtiendo en una justificación para incrementar la intrusión del estado en el derecho de los padres a educar a sus hijos.

12.- La crisis demográfica es resultado de la separación de sexualidad y fertilidad

Una consecuencia obvia de la revolución sexual es la crisis demográfica y el envejecimiento de la población. Europa se muere literalmente –y si hay europeos es porque vienen de los países musulmanes-.

En el caso de Alemania, la patria de Kuby, la natalidad es una de las más bajas de Europa.

La autora se pregunta: ¿por qué el gobierno está educando niños y adolescentes para convertirse en expertos en anticoncepción y está despejando el camino al aborto y la homosexualidad?

Cartel de las "V Jornadas de Educación de FELGTB" de Arcopoli
Cartel de las “V Jornadas de Educación de FELGTB” de Arcopoli

Pero, ¿cómo movilizarse ante esa ofensiva?

Así las cosas, Gabriele Kuby se dirige a los padres con una serie de preguntas incómodas:

  • ¿Quieres que tus niños en educación infantil sean animados a masturbarse y participen en el juego sexual?
  • ¿Quieres que tus hijos, en todos los grados desde la escuela primaria en adelante, estén familiarizados con los métodos anticonceptivos y todos los tipos de prácticas sexuales?
  • ¿Quieres que su sentido del pudor sea destruido?
  • ¿Quieres que tu hijo o hija sea alentado hacia la homosexualidad en la escuela y se le oculten los riesgos?

¿Qué hacer? Kuby hace un llamamiento a los padres para que defiendan su derecho a educar a sus hijos, parándole los pies a los Gobierno que tratan de suplantarles.

¿Cómo? Los padres no tienen más opción que la desobediencia civil. Es muy fuerte, no tenemos mucha costumbre, pero lo que está en juego es muy grande: nuestros hijos. Y el deber de los padres protegerlos. La socióloga aconseja buscar apoyo posible de otros padres, de otras familias. Y empezar la resistencia, aunque sean sólo unos pocos.

Concretamente, Gabriele Kuby propone cinco medidas para frenar la ofensiva LGTB contra los niños. Son éstas:

1. Los padres deben exigir que se les informe sobre las actividades pedagógicas sexuales en las aulas

El padre debe acudir al profesor y solicitar información detallada, sin dejarse engañar. O ir al director del centro y preguntarle:

¿Qué material didáctico se utiliza?, ¿Quién dirige la enseñanza pedagógica sexual? ¿Cuándo y qué tiempo se emplea?

Y también si ¿están presentes los profesores?, ¿Son admitidos pedagogos sexuales externos? ¿Qué cualificación tienen?. E incluso preguntar si ¿van parejas homosexuales a la clase?

2. Pueden hacer propuestas alternativas: invitar a una comadrona, visita de consejeros matrimoniales a clase

Existen en muchos países programas alternativos, por ejemplo, Alive to the World, programa que está disponible en muchos idiomas.

Pero no limitarse a aceptar, de forma acrítica, todo lo que enseñe el centro. En última instancia, el responsable de los niños es el padre no el colegio.

3. Si no le hacen caso, haga ruido, monte un pollo, organice una manifestación

Si las autoridades académicas no hacen caso, no se quede de brazos cruzados y organice una buena.

Kuby recomienda hacer  públicos los contenidos de pedagogía sexual: informar a otros padres, acudir a los medios de comunicación

Kuby recomienda hacer  públicos los contenidos de pedagogía sexual: informar a otros padres de los folletos y las imágenes que emplean. Acudir a los medios de comunicación, organizar conferencias.

E incluso manifestaciones. Aunque sean pequeñas al principio llamarán la atención a la escuela y a los padres.

4. Diga claramente que no descansará mientras la escuela sexualice a los niños

5. Haga relaciones con personas de la misma opinión dentro y fuera del país

Esto da fuerza y nuevas ideas para la resistencia civil. Existen movimientos en diversos países de Europa que se han rebelado ante esa forma de despotismo y lucha por los derechos de los niños y por la familia monógama y estable, como es el caso de la Manif pour tous en Francia, o Demo für Alle en Alemania, o plataformas cívicas como HazteOir.org o CitizenGo.

Lamentablemente, en los grandes problemas que afectan a la vida de la persona, la mayoría ya no están representadas por el parlamento o el gobierno.

De suerte que es preciso que la sociedad civil se organice, afirma Kuby, luche por la familia, y ponga fin a las políticas sexuales que terminan destruyendo a la sociedad y comprometiendo a las próximas generaciones.

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Castellano de la Mancha, estudió Letras y Ciencias Políticas, pero se gana la vida como periodista, escritor, gastrónomo y espectador del paisaje y del paisanaje. Colaborador de Actuall.