Emmanuel Macron saluda a la concurrencia durante un mitin en Marsella /Efe
Emmanuel Macron saluda a la concurrencia durante un mitin en Marsella /Efe

Con esto de la igualdad a “cuotazo” limpio, Occidente está desvistiendo a un santo para vestir a otro. Párense un momento a reflexionar: Generaciones enteras de niñas marchando al paso de la oca, programadas para ser soldados, policías, CEO, astronautas, ingenieras… y ¿madres?, y ¿amas de casa? casi nadie.

Lo ha dejado claro Emmanuel Macron, el niño bonito del establishment, el presidente ‘cool’ puesto en el Elíseo por el euroconsenso: “Preséntenme a una mujer educada que tenga 7,8,9 hijos”.

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Aquí el único mal educado es monsieur Macron. Porque se ha metido  con mi madre -que tuvo 11 hijos- sin conocerla de nada, y con todos los hombres y mujeres que hemos formado una familia numerosa.

Y además de maleducado, un ignorante supino. Ya que Europa tal como la conocemos ahora se ha construido, a lo largo de los siglos, con ‘mal educadas’ que tenían 8, 7, 9 y más hijos. ¿De dónde cree Macron que salió la fuerza civilizadora que transformó el mundo desde la Edad Media al siglo XX?

Sin capital humano las civilizaciones fenecen irremediablemente. Lo que necesita este paciente en encefalograma plano que es Europa son madres y no altas ejecutivas o coronelas de artillería.

Más maternidad y menos igualdad. Pero los poderes públicos siguen vendiendonos el camelo y nosotros tragando la quimera de la igualdad.

Si para que encajen las piezas es preciso imponer las cuotas a martillazos, nos estamos haciendo trampas al solitario

Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Si la igualdad es relativa, entonces no es verdadera igualdad. Si para que encajen las piezas es preciso imponer las cuotas a martillazos, nos estamos haciendo trampas al solitario.

Dos ejemplos de igualdad con trampas.

Primero: el Ejército rebaja la talla a 155 centimetros para que las mujeres puedan ser soldados. ¿Entonces?, ¿donde está la igualdad? En las pruebas físicas para acceder a las Fuerzas Armadas o a la Policia, se rebajan el nivel exigido para las féminas porque -oh sorpresa- éstas no tiene ni la misma estructura ósea, ni la misma masa muscular, ni la misma longitud de extremidades que los hombres. Y entonces surge una pregunta inevitable: si con esos baremos rebajados se permite a las mujeres ingresar en la Policia y el Ejército, y por lo tanto son aptas para hacer ese trabajo, ¿por qué se obliga al varón a superar baremos superiores? ¿Cómo era? ¿igualdad?

Segundo ejemplo: una Asociación de Opositoras a bomberos de la Comunidad de Madrid se quejó, hace un par de años, de la desproporción que hay en el Cuerpo entre varones y féminas porque para acceder se exige un mínimo común de aprobado en las pruebas físicas, y eso que una vez superado ese mínimo, se bonifica a las mujeres con un 20% de nota adicional.

Se quejaban las defensoras de las cuotas de que en la promoción de ese año no había ni una fémina: los 200 eran hombres. Y, como cuenta con ironía Alicia Rubio en su libro Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron ser hombres, algunas llegaron a plantear que con pruebas físicas adaptadas hubiera bomberas dedicadas a la ayuda de suicidas o al salvamento de gatos (¿?)… lo que suponía crear una sección de bomberas de mentirijillas, que no serían útiles en situaciones de verdadera gravedad.

Por ese camino las propias feministas están dando razón al viejo y denostado machismo cuando en todos los Ejércitos había cuerpos auxiliares de enfermeras, administrativas o de intendencia… pero no gastadores, marines, legionarios o boinas verdes mujeres.

Siguiendo con las metáforas castrenses, es curioso que la ofensiva igualitaria que se está dando en todo Occidente haya dejado completamente desguarnecido el flanco más importante de una sociedad: la familia.

Obsesionados por colocar, venga o no venga a cuento, a mujeres en consejos de administración y en los staff de las empresas,  hemos dejado vacíos los hogares, y a cunas, biberones y bolsas de dodotis les han salido telarañas. Era más importante presidir un banco o dirigir una multinacional que criar y educar hijos.

¿Será pura coincidencia que las mujeres ya no se casen, ni tengan hijos… y que a Europa le hayan salido canas?

Por supuesto, que la mujer tiene todo el derecho del mundo a incorporarse al mundo laboral, pero eligiendo libremente, sin sentirse coaccionada por los poderes públicos a abandonar el hogar, demonizado ahora como un trabajo servil y analfabeto, siguiendo al pie de la letra el guión de madame Beauvoir (“la mujer casada es esclava; el ama de casa no hace nada”). Porque lo único que está consiguiendo el igualitarismo de las cuotas es hacer el ridículo… engañando a la mujer.

Macron se comporta como compañero de viaje del islamismo radical

En este sentido, con la frase “la mujer educada no puede tener siete, ocho, nueve hijos” Macron se comporta como un tonto útil del viejo marxismo. Ese que preconizaba, desde Engels, la eliminación del matrimonio y la familia. Y del feminismo más rancio, como el de Sulamith Firestone: “Mamá es una institución sin la cual el sistema familiar se destruiría; entonces mamá debe ser destruida para ser sustituida por una socialista feminista”.

Como tonto útil de marxismo-feminismo y como compañero de viaje del islamismo radical. Porque las inmigrantes musulmanas suelen ser mal educadas que tienen 7, 8, 9 hijos, como saben muy bien los parisinos y marselleses que ya no se internan en determinados barrios por si las moscas…

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.