Al actriz Gwyneth Paltrow besa al productor Harvey Winstein, incurso en un escándalo de abusos sobre actrices.
Al actriz Gwyneth Paltrow besa al productor Harvey Winstein, incurso en un escándalo de abusos sobre actrices.

La idea es del tuitero @kasperle54: montar un ‘reality’ en el que las actrices ricas y famosas que dijeron ‘sí’ al cerdo de Harvey Weinsten o bien se callaron después de que las violase y las amenazase de muerte se reúnen con las actrices que dijeron ‘no’ al gran cacique de Hollywood y, por ello, son camareras o peluqueras o dependientas.

Veamos el piloto. Una actriz famosa llega en su limusina a una cafetería, entra en el local y le dice a la camarera, entre lágrimas, que la admira por haberse resistido a los abusos de Weinstein, mientras que ella, en cambio, cedió para alcanzar su sueño. No se abrazan porque la camarera está manchada de grasa y la triunfadora lleva un trajecito exclusivo de tropecientos mil dólares.

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Le da dos besos, se despide diciéndole algo así como “Eres una inspiración para mí en la lucha contra la machismo. Te dejo, que tengo cita con mi entrenador personal”. La siguiente escena muestra a la camarera derramando sirope o kétchup en el cabello de la famosa.

Angelina Jolie ha denunciado a Harvey Weinstein por presuntos abusos del director.
Angelina Jolie ha denunciado a Harvey Weinstein por presuntos abusos del director.

Hollywood funciona como la corrupción en la obra pública

Hay actrices que aseguran que fueron violadas dos veces por Weinsten y que callaron hasta ahora. Sí, él fue un canalla, pero no las convirtamos a ellas en heroínas ni modelos.

Quienes merecen esta consideración son las desconocidas que renunciaron a su carrera profesional por decencia o por dignidad. Al menos algunas le llevaron a juicio, pero otras pagaron el ‘impuesto revolucionario’.

“Las actrices chantajeadas por Weinstein son víctimas, pero no son modelos ni heroínas”

Por políticamente incorrecto que sea decirlo, estas últimas son víctimas pero en modo alguno son admirables. Las peores son las que se apuntan ahora a revelar amenazas, indecencias y hasta violaciones que callaron durante lustros.

El sistema de Weinstein en Hollywood es muy similar al de la corrupción en la asignación de obras y contratas por la Administración. Los constructores y empresarios pagan muy a gusto los sobornos (ya se los cargarán a los contribuyentes), porque así tienen negocio seguro y, además, no entran nuevos competidores. Todos lo saben y todos callan.

Salma Hayek propone “igualdad” en el cine

La última de las que han ajustado cuentas con Weinstein ha sido Salma Hayek, que ha contado en el New York Times (una tribuna al alcance de la actriz que sobrevive como camarera), con quince años de retraso, que Harvey Weinsten le amenazó hasta de muerte, pero que ella calló, porque estaba “abrumada por una especie de síndrome de Estocolmo”.

Permítame que piense que porque le importaba más su carrera en Hollywood que su honor.

Incluso en España hay actrices con la indignación en el siglo pasado. Leticia Dolera ha contado que cuando tenía 18 años, o sea hacia 1999, un director de cine, del que no da el nombre, “le tocó una teta” en una fiesta.

“Doña Salma quiere cuotas por sexo o género o lo que sea, a ver si así le cae algo”

Y, comprometida como está en la lucha por los derechos de las mujeres, clama contra “la cultura de la violación” que impera desde hace milenios. Y añade que “igual de grave es el tío que tiene el morro de hacer eso como el resto de personas que no hacen nada”. ¡Pero Leticia, que te callaste tú también, que lo cuentas 18 años después y que no das el nombre!

Salma Hayek concluye su artículo dando cifras sobre el peso de las mujeres en el cine de Hollywood y concluye pidiendo “igualdad en la industria”. ¡Acabáramos! ¡Llegamos al meollo del asunto! Doña Salma quiere cuotas por sexo o género o lo que sea, a ver si así le cae algo.

Salma Hayek y su marido apoyaron a Hillary Clinton durante al campaña presidencial de los Estados Unidos.
Salma Hayek y su marido apoyaron a Hillary Clinton durante al campaña presidencial de los Estados Unidos.

Me recuerda a Hillary Clinton, candidata a la que apoyaron tanto Weinstein como Hayek, que afirmó sin inmutarse en un debate con su rival Bernie Sanders que ella no formaba parte del ‘establishment’ porque era mujer.

¿Qué le impide a Hayek, rica por ella misma y por su marido, montar una productora o dirigir películas, como lo hace Clint Eastwood, la pesadilla de los progres desde Harry el Sucio?

Quizás es que le falta algo muy importante: talento.

¿Y hemos permitido que esta gentuza, los Weinstein, los Bertolucci, las Jollie, las Hayek, los Polanski, nos diga lo que está bien y lo que está mal?

(Por cierto, a ver cuándo nos enteramos de cómo se asignan las cátedras y los puestos de profesor titular en las universidades españolas).

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).