El envejecimiento de la población en España se está convirtiendo en un grave problema.
El envejecimiento de la población en España se está convirtiendo en un grave problema.

Ciertamente la sociedad española está viviendo momentos complejos y problemas de difícil solución. En todas nuestras cabezas están presentes los que plantean los independentistas -la ruptura de España-, las pretensiones de los antisistema -la ruptura del estado de derecho-, la globalización -la disminución de la clase media-, el futuro de la juventud -la disminución de sus expectativas-, la inmigración descontrolada -la colisión entre identidades y visiones multiculturales-, el medioambiente… Cuestiones todas, en mayor o menor grado, en el tapete del debate político y social.

En este contexto parece tener menor fuerza e importancia una visión antropológica de la persona en una sociedad como la nuestra donde los elementos tradicionales se difuminan o, simplemente, se olvidan: ¿A dónde vamos?, ¿qué queremos? Preguntas que parecen importar más bien poco en la reverberación mediática en que vivimos. Sin embargo, su trascendencia se expande a múltiples campos y tiene numerosas implicaciones.

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Dentro de los numerosos aspectos que se pueden plantear hoy quiero referirme a lo que dice el título de este artículo: la sociedad estéril. En la que, en primer lugar, valoraremos la objetividad y certeza de esta afirmación; en segundo término, las eventuales causas y circunstancias que produce este proceso de esterilización; un tercer aspecto -todo ello a vuela pluma- son las consecuencias de esta situación, y; en cuarto lugar la petición de un necesario debate político y social al respecto.

Suicidio demográfico

La primera cuestión tiene por respuesta el dato objetivo de que la tasa de fecundidad española se mueve en torno al 1,3 cuando la tasa de reposición se estima en el 2,1. Es decir, según datos del INE, en 2017 nacieron 393.181 niños (31.342 menos que los fallecidos) y 17.400 menos que en 2016. Para mantener la tasa de reposición debería nacer anualmente un cuarto de millón más que en la actualidad. Además de la falta de renovación de la base generacional se produce un incremento de la población mayor, pasiva o dependiente, que cada año crece en su esperanza de vida.

Imagen referencial de embarazo y natalidad. / Pixabay
Imagen referencial de embarazo y natalidad. / Pixabay

Simultáneamente el número de la población activa -fundamentalmente quien sostiene el estado de bienestar- se reduce provocando un explosivo coctel llamado suicidio demográfico. Desde luego si a lo largo de la historia se consideró que gobernar es poblar, es crecer hoy parece que esto ya no es así, incluso más allá de las teorías poblacionales de Malthus.

Causas de esterilización

La respuesta al segundo punto es, sin duda, numerosa y compleja lo que no evita que expresemos algunas de sus consideraciones más relevantes. La introducción en occidente del aborto como un derecho de la mujer se traduce en nuestro país en prácticamente 100.000 niños al año a los que no se les deja vivir ni nacer. Las teorías planificadoras de la población o malthusanianas llevan dos siglos planteando el control poblacional. Las sociedades no están dando respuesta efectiva a la conciliación de la vida laboral y familiar.

Tampoco desde la política ni la cultura se está reconociendo el valor de la maternidad y del bien social de aportar hijos a una sociedad irremediablemente anquilosada y envejecida, por el contrario teorías supuestamente liberacionistas o simplemente la ideología de género destacan la necesaria igualdad entre hombre y mujer aún recurriendo, para ello, a la no maternidad.

¿Quién va a mantener la viabilidad del sistema de pensiones? ¿Cómo se va a mantener el costo sanitario de la tercera y cuarta edad? ¿Quién y con qué financiación va a atender los costos de atención a la dependencia?

Podemos añadir la flexibilidad temporal que las ciencias biomédicas han otorgado a la mujer para ser madre, lo que se ha materializado en un retraso generalizado en la edad de gestar al primer (habitualmente único) hijo o las posibilidades que otorgan las técnicas de fecundación artificial. Igualmente, no parece ajeno a este hecho la promoción de la sexualidad lésbica o gay que, por su naturaleza, son uniones estériles.

Consecuencias

Ante esta realidad las parejas españolas vienen manifestando su deseo de tener dos hijos pero advirtiendo de la dificultad económica, laboral y de cuidado y educación que trae consigo, lo que les hace desistir de sus deseos. Esta es una primera consecuencia de la carencia de una auténtica política de familia o, al menos, de promoción de la natalidad. Otras se pueden resumir en una frase que repito desde hace unos cuantos años: no se puede pedir a cada día menos jóvenes y mileuristas que nos mantengan a más ancianos y con mayores pensiones, es una ecuación imposible que muchos viejos vivamos a expensas de pocos jóvenes. ¿Quién va a mantener la viabilidad del sistema de pensiones? ¿Cómo se va a mantener el costo sanitario de la tercera y cuarta edad? ¿Quién y con qué financiación va a atender los costos de atención a la dependencia?

Un debate necesario

Obviamente caben diversas respuestas a esta mala situación lo que invita no sólo a paliarla si no a revertirla. En el campo paliativo algunos propondrán la inmigración como factor de corrección poblacional y rejuvenecimiento demográfico pero no se pueden ocultar los costos económicos de la integración y los problemas de la multiculturalidad. Por otra parte una política en esta línea parece que requiere de un diseño común en la UE, una integración de los inmigrantes de acuerdo con las necesidades de nuestro mercado laboral (facilitando su formación en centros en los países de origen, financiados por la Unión) y dotando a los inmigrantes de seguridad jurídica: permisos de residencia y de trabajo.

Otros considerarán que la dependencia y pérdida de autonomía de nuestros mayores es una fuente de ingresos y generación de nuevos puestos de trabajo. Al fin, como quien suscribe, habrá quien considere imprescindible poner encima de la mesa el debate poblacional y sus efectos. Ahí cabrán -más bien se requerirán- medidas de conciliación de la vida familiar y laboral como elemento de competitividad de nuestra nación precisando un gran pacto de estado donde el empresariado tiene que ser parte esencial, pero obviamente, la sociedad también.

Europa es un continente cada vez más envejecido / EFE
Europa es un continente cada vez más envejecido / EFE

De la misma forma serán necesarias  medidas de ayuda a la maternidad que deberán ser seleccionadas en virtud de los grupos sociales a quienes se dirigen; es decir, para algunos la ayuda económica será fundamental, para otros el reconocimiento de los años de crianza como cotizados, en otros la actualización formativa tras dichos años y en su reincorporación laboral, siempre flexibilidad laboral en la jornada y en su duración, guarderías públicas accesibles y de amplio horario, en todos los casos el reconocimiento social y laboral de las mujeres madres.

El tiempo pasa, el debate es preciso y la perspectiva de natalidad también. Andalucía comienza una nueva andadura de gobierno y en ella el Pacto PP-Vox se ha comprometido con una consejería de Familia donde resulta más que oportuno aborde, en el marco de sus competencias, este debate. La alternativa es una sociedad estéril o el reconocimiento y promoción efectivas de la maternidad y la natalidad.

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José Eugenio Azpiroz ha sido diputado nacional del PP por Guipúzcoa (1993-2015); portavoz y presidente de la comisión de Trabajo y Seguridad Social; portavoz en Juntas Generales de Guipúzcoa (1987-1996). Presidente del PP del País Vasco y de Guipúzcoa. En la actualidad sigue ejerciendo de abogado (desde 1979), es doctor en Derecho y profesor de Filosofía del Derecho en el Instituto de Estudios Bursátiles adscrito a la Universidad Complutense de Madrid.