Unas vacaciones que duran toda la vida

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    Acabamos de volver de hacer la primera parte de nuestro Camino de Santiago familiar. Hemos empezado en Irún y la idea es hacer una semana de Camino cada verano y llegar a Santiago dentro de un buen puñado de años.

    Esto no tienen nada de actualidad política, ni de tema social, ni de valores, pero empieza el período de vacaciones de todas las familias y no quería dejar de contarlo, por si a alguien le sirve…

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    La idea fue mía y a todos les pareció estupendo, menos a mi marido que estas ideas de bombero le siguen desconcertando pero ya se va haciendo a ello y, sobre todo, lo acepta como un campeón. Pero según iba organizándolo y se iba acercando el momento, se me hacía un poco un nudo en el estómago. Quieras que no, el plan era complicado. Somos muchos y algunos muy pequeños. Es un plan cansado que requiere mucho entusiasmo, paciencia, buen humor, ganas y un gran espíritu de peregrinación.

    Ya no veía fácil echar marcha atrás, y allá que fuimos, dispuestos a volvernos en cualquier momento si la cosa era un fracaso y aceptar que nos habíamos equivocado, como nos decía casi todo el mundo.

    Bueno, pues creo que ha sido uno de los mejores planes de nuestra vida. ¿La clave del éxito? ¡¡¡Ni idea!!! Pero se me ocurren estas cosas:

    El haber logrado asumir nosotros, por fin, que cada hijo es como es y hay que pedirle y darle teniendo en cuenta su peculiar manera de ser sin tratar de que todo sea uniforme y a nuestro gusto y criterio.

    La oración diaria, el rezo del Rosario durante el camino, el vivirlo como peregrinación y no como viaje cultural poniéndolo continuamente en manos de Dios y ofreciéndo los malos momentos, el pedir que fuese una manera de ver cómo debía ser también nuestra vida: generosidad, entrega, sacrificio, voluntad, servicio, esfuerzo, alegría… (la segunda noche llovió sin parar, todo y todos calados, y entonces la tercera va y dice “qué regalazo de Dios, así nos es más fácil vivirlo como una peregrinación y no como unas vacaciones”).

    Y, más a ras de tierra, el pensar el viaje para ellos y meternos nosotros de lleno en su plan: elegir el camino del norte en lugar del tradicional para poder llevarles a la playa, acortar las etapas aunque nos sepa a poco a los mayores y no sea lo fetén, ir a la compra el primer día a Francia para que eligiesen ellos comidas diferentes a las españolas, visitar en San Sebastián solamente el Monte Igueldo y subirnos todos a la montaña rusa… y llevarles el último día a un camping en Francia con unos toboganes de agua espectaculares…😊

    Ahora toca llevar esto al día a día, y creo que se puede, ya que la vida es, efectivamente, una peregrinación:  Aceptar las diferencias y peculiaridades de nuestros hijos y el que no sean como nosotros queremos que sean o pensamos que deberían ser. Y exigir a cada uno según sus talentos. Rezar juntos, siempre, rezar a tiempo y a destiempo, hablarles de Dios en lo cotidiano y en lo extraordinario porque Dios nos regala el mar, y el cielo, las estrellas y el privilegio de las vacaciones, incluso el mal tiempo que nos permite ver otro lado del veraneo. Que se vengan a Misa con nosotros a diario ahora que son vacaciones y se puede hacer o al menos a hacer una visitita al Señor que nos espera en el Sagrario. Y vivir para ellos, disfrutar de estar con ellos, jugar con ellos, leer con ellos, charlar con ellos, cantar y bailar con ellos, reírnos con ellos. Un día se irán y podrás dedicarte sólo a ti, si quieres.

    Felices vacaciones a todos y feliz vida…en familia.

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    Orgullosa de ser mujer, esposa de Paco y madre de 10 hijos. Estudié Filología Inglesa, pero acabé por entregarme -feliz- al cuidado de mis hijos. También presido Profesionales por la Ética y la plataforma Women of the World. Además, he escrito un libro (Mi historia y once más, Ed. Áltera) y tengo un blog con el mismo nombre. [https://mihistoriayoncemas.wordpress.com/home/] Reivindico la esencia de lo femenino y lo masculino (diferentes, gracias a Dios) en su complementariedad.