Imagen referencial.
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Dice Fabrice Hadjadj que “el que quiere ser cristiano de veras se ve casi obligado, al estilo de Bloy, a ir contra el ‘amor’ y preferir la ‘cólera’”. Y para quien no haya entendido nada todavía, continúa: “La caridad está llamada a parecer cada día más cruel, la misericordia cada vez menos compasiva”.

En un mundo que ha sustituido la realidad por ideologías, que no contempla el devenir de los acontecimientos, que no busca comprender sino confirmar, en un mundo en el que la verdad se pone en cuestión no por una duda racional sino por un interés ideológico, el cristiano molesta. Y molesta porque es, o debería ser, un enamorado de la realidad por encima de todo.

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Y dicho esto, queremos comprobar cuán cierta es la afirmación de Hadjadj.

¿Hay algo que vaya más en contra del amor que decir a dos personas que se quieren que no pueden adoptar?

¿Hay algo menos compasivo que decir a una persona de edad avanzada que no puede elegir cuándo morir?

¿Hay algo más cruel que decir a una madre que debe seguir adelante con su embarazo sabiendo que no quiere y que posiblemente no va a ser fácil ni para ella ni para su hijo?

Quizá lo contrario al amor es hacer creer a dos personas que se quieren, que ese es requisito suficiente para adoptar

Parece que la Iglesia, llamada a amar a todas las criaturas de Dios, no es sino una institución tiránica que se dedica a faltar a la caridad, a la misericordia y a ejercer a pleno rendimiento la crueldad con tal de ser fiel a unas ideas.

Pero detengámonos un momento en cada una de esas 3 preguntas.

Quizá lo contrario al amor es hacer creer a dos personas que se quieren, que ese es requisito suficiente para adoptar. Quizá lo que va contra el amor es hacer creer que los hijos son un derecho, un capricho al fin, que la mera voluntad de 1, 2 y pronto 3 personas es suficiente para educarlo. Lo que quizá va contra el amor es callar que el hijo es un don, y que nadie tiene derecho a “tenerlo”, sino a acoger ese don. Y que no importa lo mucho que se quieran los padres, ni lo muy idóneos que sean a ojos del gobernante, (cuántos padres con hijos no habrían sido aptos para adoptar), lo que importa es que el niño encuentre una familia como la que perdió. Y eso no se lo pueden dar todos, por mucho que quieran y se quieran.

Quizá lo cruel es hacer creer a la madre, y a la sociedad, que al débil es mejor no dejarle nacer. Que la alternativa a sufrir es acabar con la vida. Quizá lo cruel es no enseñar a las personas a abrazar la cruz. Porque siempre habrá cruz, y el que piense que la felicidad está en evitarla, jamás encontrará la felicidad. Quizá lo cruel es habernos convencido de que hay una solución para esos embarazos “no deseados” e “imprevistos” y que esa solución es la muerte del que no puede defenderse con palabras, aunque lo haga con cariño desde el seno materno. Quizá lo cruel es esconder deliberadamente el resultado atroz de acabar con esta vida porque si muchos vieran la sangría que se esconde detrás de cada aborto otro gallo cantaría.

Eso es lo que se le pide hoy al cristiano y a la Iglesia: que tenga el valor de ser cruel y despiadado a los ojos del mundo, para poder ejercer verdaderamente la caridad y la misericordia

Y quizá lo poco compasivo es hacer creer a la gente que hay un momento en que su vida deja de tener sentido. Y que en ese momento es mejor elegir acabar con ella que seguir viviendo. Quizá lo poco compasivo es hacer creer a alguien que hay sufrimientos económicos, familiares, sociales, físicos… que desproveen a la vida de motivos para seguir viviendo, y que llegados a extremos de muchísimo sufrimiento, es mejor despedirse y desconectarse. Quizá lo poco compasivo es no amar tanto a alguien como para que jamás piense que es mejor morir que vivir, amarle hasta el punto que sienta que marcharse voluntariamente no es algo que uno elige. Lo poco compasivo es hacernos creer que el dolor no tiene sentido, que no merecemos sufrir y que nuestra vida merece ser vivida solo cuando cumple determinados requisitos.

Y llegados a este punto me doy cuenta de que el Estado, los poderes políticos y económicos, bajo una falsa apariencia de misericordia, amor y caridad hacia los ciudadanos, no ejercen sino la crueldad, la falta de compasión y el rechazo al amor, con criterios, como no podía ser de otro modo, económicos y políticos.

Y observo que tenía razón Hadjadj cuando decía que “la caridad está llamada a parecer cada día más cruel, la misericordia menos compasiva”.

Y es que eso es lo que se le pide hoy al cristiano y a la Iglesia: que tenga el valor de ser cruel y despiadado a los ojos del mundo, para poder ejercer verdaderamente la caridad y la misericordia con todos.

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Católico. Periodista y escritor. Autor de @enlamesadelrey, 'Pobres pobres' y 'Viaje al horror del EI'. Fundador de @DiarioElPrisma y director los documentales @GuardianesFe (I y II).