Burkini: cuando el feminismo colisiona con el multiculturalismo

    Si una de las consecuencias del mayo del 68 fue el abandono de la clase obrera autóctona en detrimento de los inmigrantes, no hay que ser un lince para atisbar que las mujercitas europeas no tendrán el respaldo de la progresía si son violadas por musulmanes.

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    Manifestación a favor del burkini
    Jóvenes francesas y musulmanas británicas se manifiestan a favor del burkini ante la embajada de Francia en Londres / EFE

    Hace tiempo que Europa va camino del precipicio con el entusiasmo del sonámbulo. La fotografía que acompaña estas líneas no puede ser más explícita: una generación, rendida, suplica en bikini que la vistan con burka en nombre de la libertad. «Islamofobia no es libertad», reza la pancarta de una joven francesa en apoyo a las mujeres musulmanas en perfecta armonía ‘multiculti’ frente a la embajada de Francia en Londres.

    No es necesario reír con los bárbaros, pero ya hemos visto cómo el activismo más progresista y menos honesto intelectualmente ha reclamado en todas sus variantes -LGTBI o feminista- clemencia y comprensión para quienes ahorcan a homosexuales y someten a la mujer. Colectivos gays clamando contra la «islamofobia» al tiempo que sus colegas de Irán o Arabia Saudí son colgados por homosexuales.

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    Pero aquí ninguna protesta, ninguna acusación de «machista», ninguna Rita Maestre de guardia dispuesta a realizar una ‘performance’ semidesnuda en una mezquita. Nada. Silencio atronador porque defender el islam a cualquier precio aún da prurito de superioridad moral en el cada vez más comprometido magma progre.

    Si algo está dejando en evidencia la crisis islamista en Europa son las contradicciones del pensamiento progresista: entre feminismo y multiculturalismo han elegido lo segundo

    Precisamente si algo está dejando en evidencia la crisis islamista en Europa son las contradicciones del pensamiento progresista. Dos de sus caballos de batalla, el feminismo y el multiculturalismo, se vieron peligrosamente en colisión cuando se produjo la oleada de violaciones masiva (con hasta 1.000 hombres implicados) protagonizadas por refugiados en Colonia y otras ciudades alemanas la pasada nochevieja.

    La alcaldesa de Colonia minimizó las agresiones y pidió a las mujeres alemanas que cambiaran sus hábitos. Aquello cogió con el pie cambiado a los entusiastas de la causa, que finalmente se decantaron por el multiculturalismo. ¿Alguien lo dudaba?

    Si una de las consecuencias del mayo del 68 fue el abandono de la clase obrera autóctona en detrimento de los inmigrantes, no había que ser un lince para atisbar que ahora las mujercitas europeas no tendrán el respaldo de la progresía si tienen la desgracia de ser violadas por musulmanes. A casa y en silencio.

    Rajoy no se sonroja

    Por supuesto, hay ya preparados un puñado de términos con los que eliminar civilmente a quien ose señalar estas contradicciones. Los manidos «racismo» e «islamofobia» son escudos que no nacieron con vocación de ganar el debate, sino para evitar que se celebre. Asfixia ideológica, que se llama.

    Manifestación a favor del burkini
    Jóvenes francesas y musulmanas británicas frente a la embajada de Francia en Londres. / EFE

    Lo de Colonia ni mucho menos fue un caso aislado -ni las violaciones ni la reacción cómplice de la clase política europea-. En Suecia, por ejemplo, la policía sólo informa de la etnia de los delincuentes si son de raza blanca. El pasado mes de septiembre los altos mandos del Cuerpo enviaron una carta a los responsables de comunicación en la que ordenaban que no se especificase ni la raza ni la nacionalidad de los delincuentes cuando los mismos no sean de raza blanca.

    Ni siquiera el Gobierno francés lo tiene claro: Valls apoya la prohibición mientras la ministra de Educación, marroquí, acusa de racismo e islamofobia a quienes respaldan la medida

    En este camino al precipicio, la clase política europea ha tratado de anestesiar a sus ciudadanos con la monserga de que el terrorismo yihadista no tiene nada que ver con el islam.

    Lo dijo Rajoy sin sonrojarse: «Que nadie se deje arrastrar por la falacia que nos habla de una lucha del Islam contra occidente. Identificar yihad con islam es un burdo engaño«.

    O sea, que cuando asesinan al grito de «Alá es grande» («Dios es grande», para El País) lo lógico sería buscar la conexión del asesino con el budismo o la escuela liberal austriaca. ¿Dirían lo mismo si el que tira de la anilla lo hiciera a la voz de «Viva la Virgen del Rocío»?

    Ni siquiera el propio gobierno francés lo tiene claro. Mientras el presidente del Gobierno, Manuel Valls, apoya la prohibición del burkini, la ministra de Educación de origen marroquí, Najat Vallaud-Belkacem, apoya la prenda e incluso ha acusado a algunos defensores de la prohibición de rozar el racismo y la islamofobia.

    Perfecta fotografía de lo que hoy es Francia.

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    Licenciado en periodismo por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Tomó la alternativa en Intereconomía -semanario Alba, La Gaceta, Los Últimos de Filipinas, Dando Caña, 12 Hombres sin vergüenza- de la mano de Gonzalo Altozano y Kiko Méndez-Monasterio, de los que aprendió incluso algo de periodismo. Más tarde escribió para los digitales La Información y Periodista Digital. Viajó a Irak antes que a Roma, le apasionan la Historia y la tauromaquia. Nazareno de Sevilla.