Carmena y el Dogma del Santísimo Laicismo

    Ayuntamientos podemitas y políticos anticristianos no se limitan a mandar a la religión a las catacumbas, sino que dan un paso más y la sustituyen por otra, convirtiendo el laicismo en Dogma de observancia obligatoria.

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    Los Reyes Magos junto a Manuela Carmena durante la cabalgata de 2016/EFE.
    Los Reyes Magos junto a Manuela Carmena durante la cabalgata de 2016/EFE.

    Atención pregunta: si el ayuntamiento de Carmena es laico y ateo, ¿por qué celebra procesiones, con figuras sacadas del Nuevo Testamento, aunque sean Baltasaras?; si el valenciano es republicano, y republicano de antes de la guerra, ¿por qué celebra procesiones, aunque sea con Libertad, Fraternidad e Igualdad en lugar de los tres magos?

    Si tantos otros consistorios han separado tan celosamente la religión de la cosa pública y procuran que no se rocen siquiera, entonces ¿por qué celebran bautizos civiles y le leen la Constitución al neófito, perdón al nuevo ciudadanito, como si del Evangelio se tratara?

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    ¿No queríais quitaros la religión de encima y mandar a santos y vírgenes, catecismos y evangelios al desván? ¿Por qué, entonces, esa querencia por la liturgia? Sabíamos de la inquina genética el marxismo contra la trascendencia (ya saben, «el opio del pueblo»), su visión reduccionista de la religión, a la que veía como un invento de la imaginación humana para hacer frente al sinsentido del dolor. Pero con este repunte, el laicismo va un paso más allá: no se limitan a arrumbar la religión a la esfera privada –cosa que ya hacían, con gran éxito, capitalismo y hedonismo- sino que la sustituye por otra.

    La Revolución Francesa introdujo a la Diosa Razón, rindiéndole culto en ¡el altar mayor de Notre Dame!

    Ya tuvimos un antecedente en 1793, cuando la Revolución Francesa quitó sagrarios y derribó santos pero introdujo a la Diosa Razón; y –ojo al dato- no le rindieron culto en una instancia aséptica y civil sino en el altar mayor de la catedral de Notre Dame.

    La diosa Razón
    La diosa Razón

    ¿Por qué esa afición del ateísmo por adoptar formas religiosas y exigir culto de adoración? Lo explica muy bien el historiador Michael Burleigh en su ensayo Poder terrenal: del siglo XVIII a esta parte, Dios ha sido desplazado al trastero de la civilización occidental, y las ideologías totalitarias han tratado de llenar el agujero dejado por lo Absoluto.

    Se da así la paradoja que la época del máximo relativismo es también la del máximo absolutismo. Porque esas ideologías tienen pretensiones de absoluto: no ya de gobernar los pueblos, sino de cambiar la naturaleza humana (lo acabamos de ver en EEUU donde los ninos serán ninas: para los nuevos dioses no hay nada imposible).

    Y el político, que no es más que un delegado que hemos elegido para que administre nuestros dineros y para qué dé cuenta de cómo lo hace, se ha venido arriba, convirtiéndose en sacerdote (o hechicero) de la nueva religión, y pretende mangonearnos la vida, con nuevas formas de catequesis. Algo así hizo Marx inventándose un credo, donde el pueblo elegido era el proletariado y el paraíso, la sociedad sin clases. Y algo así hacen muchos gobernantes occidentales, extralimitándose en sus funciones, dictándonos en qué debemos creer, imponiéndonos su laicismo y sus dogmas (como el de Género).

    Los que clamaban por la separación de Iglesia y Estado, están convirtiendo el Estado en una iglesia

    Los que clamaban por la separación de Iglesia y Estado, al final están convirtiendo el Estado en una iglesia, rompiendo la neutralidad exigible en un país verdaderamente aconfesional, y elevando al laicismo a religión oficial de observancia obligatoria.

    Quizá por eso no pueden soportar a la verdadera. Es lo que pasó durante más de medio siglo al otro lado del Telón de Acero, donde el comunismo, convertido en iglesia, no podía permitir al cristianismo y su defensa de los valores básicos como la dignidad inviolable de la persona y los derechos humanos, comenzando por el más básico de todos: el derecho a la vida.

    No lo duden, los enemigos de la libertad vienen a por nosotros. Y lo más insoportable no es la persecución –marca registrada del cristianismo desde sus orígenes-, lo más insoportable es que pretendan hacernos adorar a becerros tan ciegos como la Razón, o que impongan payasadas tan ridículas como los bautizos civiles. Ya lo dijo Chesterton: «Lo malo de quienes han dejado de creer en Dios, no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo».

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.