Pintada por las feministas el 8M de 2018 en la parroquia de Santa Mónica en Rivas Vaciamadrid.
Pintada por las feministas el 8M de 2018 en la parroquia de Santa Mónica en Rivas Vaciamadrid.

En unos días, desde el Observatorio para la Libertad Religiosa, presentaremos el “Informe de Ataques a la Libertad Religiosa en España 2018”. Casi cada año vemos cómo el número de casos aumenta, sobre todo los ataques a templos.

Pero ojalá no tuviéramos tanto trabajo. Es decir, ojalá el informe fuera cada vez más delgado. Sin embargo, y desgraciadamente, debería haber aún más casos, ya que muchos no aparecen en la prensa ni se denuncian, porque se cree que produciría un “efecto llamada”. O por miedo.

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Muchos de esos ataques son delitos de odio y deben ser denunciados. Todos aquellos casos que son delitos de odio, desde el OLRC, los enviamos cada año a la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Este organismo internacional recoge los datos que monitorizan tanto desde la sociedad civil como desde las confesiones y desde los gobiernos. Sin embargo, en las tres partes aún hay sectores que piensan que no es importante denunciar y recoger información cuando se profana una iglesia o cuando unos jóvenes son golpeados por el simple hecho de llevar una camiseta de la Universidad Católica de Murcia, como pasó este verano.

Ese es verdaderamente el miedo que no se debería tener. El miedo a ir a un templo y encontrar que han robado el Sagrario o el miedo a que te puedan pegar por llevar un símbolo religioso en la camiseta.

Y sin duda, creo que el trabajo de recopilación del Observatorio para la Libertad Religiosa ayuda a que este miedo vaya desapareciendo, ya que nuestro informe llega a la Policía, a la Guardia Civil, a la Oficina Nacional de Delitos de Odio y a los Ministerios de Interior y Justicia. Pero, además, da a conocer la situación de la libertad religiosa en nuestro país en otros lugares del mundo (somos fuente para el informe de libertad religiosa del Departamento de Estado de Estados Unidos, el más importante a nivel internacional en esta materia).

Y ese trabajo lo hacen “solo” un grupo de voluntarios desde la sociedad civil. Sin ayudas públicas, gracias a la generosidad de algunos particulares y al tiempo de estos formidables voluntarios. Un pequeño trabajo que ha ido creciendo y que recoge muchos casos “olvidados” a lo largo del año en un recorte de prensa. O ni eso, en una fotografía de un fiel que piensa que eso se debe saber y denunciar para que él pueda ir libremente a rezar, aunque en su parroquia haya otros que piensen que es mejor callarse.

Pero esa imagen llega a nuestros voluntarios, que además rastrean por la web del Congreso, del Senado y de los parlamentos autonómicos para recoger aquellos momentos en los que los políticos quieren “torear” la libertad religiosa y confunden aconfesionalidad con laicismo beligerante.

Ellos son Teresa, Gracia, Beatriz, Ana, Rocío, María Jesús, José Carlos y Rocío. Lo hacen simplemente por amor al prójimo y a la libertad. Y sus noches de búsqueda y análisis delante del ordenador después de sus respectivos trabajos son completadas por un Consejo Asesor, profesionales del derecho que, también desinteresadamente, revisan el informe.

Esto es el Observatorio y estoy orgullosa de presidirlo, porque creo que nuestro trabajo es muy importante para la sociedad, para que cualquiera pueda practicar su fe tanto en privado como en público.

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María García es presidenta del Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (OLRC). Casada desde 2015 "con el mejor compañero de viaje y de viajes", con quien además comparte la profesión de periodista. Es castellana por raíces y por carácter.