El patético intento de la BBC por difamar a Juan Pablo II se desfonda

    Un centenar de cartas revela una “intensa” amistad del papa Wojtyla con una mujer casada, Anna-Teresa Tymieniecka. ¿Cometió el Papa adulterio? ¿O se trata de una insinuación de la BBC, pertinaz detractora del catolicismo, que arremetió en su día contra Teresa de Calcuta?

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    Ilustración Actuall.

    Por Juan de Sabarís.

    Un obispo que es, además, filósofo y profesor de Filosofía colabora con una colega en la elaboración de un libro, y esa colaboración prolongada engendra una buena amistad entre ambos, tal como se desprende de las cartas que ella conservó hasta morir.

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    Una bonita historia para adornar una biografía, pero nadie en su sano juicio lo juzgaría material periodístico de portada.

    Noticia de la BBC sobre las supuestas cartas "secretas" de Juan Pablo II con una mujer casada / BBC
    Noticia de la BBC sobre las supuestas cartas «secretas» de Juan Pablo II con una mujer casada / BBC

    Salvo que la progresía no está, precisamente, en su sano juicio y, naturalmente, que se trata del Papa Juan Pablo II, recientemente canonizado y una de las ‘bestias negras’ de la modernidad.

    Y los mismos que llevan más de un siglo riéndose de las normas de prudencia que nuestra cultura ha aconsejado a las relaciones de amistad entre los sexos, se convierten en las viejas del visillo, en recelosas solteronas victorianas de mente sucia cuando se trata de echar porquería sobre la figura de un santo tan reciente que todavía les escuece.

    Porque no hay nada, absolutamente nada. La cosa es como sigue: Anna-Teresa Tymieniecka, filósofa polaca nacionalizada estadounidense, casada y con tres hijos, se interesó por la obra filosófica de un compatriota, el joven arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla, y en 1973 viajó a su patria, donde conoció al autor que admiraba.

    Publicación El Mundo 15/02/2016
    Publicación El Mundo 15/02/2016

    Tymieniecka inició una colaboración con Wojtyla de varios años en la versión inglesa de un libro de filosofía, ‘Persona y acción’, que estaba escribiendo mientras daba clases en la Universidad de Lublin.

    A partir de entonces, se entabló una relación epistolar que habría de durar años, y todas las biografías medianamente completas del santo han citado esta relación, cualquier cosa menos secreta y que, lógicamente, ganó en profundidad.

    Tyminiecka guardó las cartas del que luego sería Juan Pablo II, con quien departió siendo ya Papa, y ahora la cadena británica BBC ha sacado un documental –Las Cartas Secretas del Papa Juan Pablo II– a costa de esa correspondencia, hecha pública. Las cartas, no hay que decirlo, solo son ‘secretas’ en el mismo sentido que lo es cualquier correspondencia personal.

    George Weigel, biógrafo de Wojtyla: “el documental no dice realmente nada nuevo sobre Juan Pablo, pero sí sobre la decadencia de la BBC»

    Desgraciadamente, las cartas no ofrecen absolutamente nada nuevo. Nada de lo que les gustaría, ninguna declaración, ni una frase impropia, nada que se saliera de un fructífero diálogo entre dos almas cercanas apasionadas por la filosofía.

    Lo confirma George Weigel, autor de una de las biografías más vendidas del Papa santo, Testigo de esperanza, en una columna aparecida en la publicación norteamericana National Review, para quien el documental «no nos dice realmente nada nuevo sobre Juan Pablo, pero sí sobre la decadencia de la BBC».

    De hecho, las nuevas cartas no son de índole distinta a muchas otras ya publicadas, pero Edward Stourton, autor del documental difamatorio, sazona de freudianismo de todo a cien su presentación, mezcla el mejunje con cartas enviadas por Wojtyla a otra vieja amiga -todas ellas publicadas-, la psicóloga polaca Wanda Połtawska, y se entretiene con insinuaciones de algo impropio, algo oculto que, en su opinión, debería cambiar la nuestra sobre Juan Pablo II.

    Publicación El Confidencial 15.02.2016
    Publicación El Confidencial 15.02.2016

    Si todo el problema es que el entonces cardenal tuviera una amiga, ampliemos el ‘escándalo’: tuvo muchas. Daba gran importancia a la amistad y se mostró siempre un amigo extraordinariamente leal. Por supuesto, todos los que conocieron de cerca al hombre no pueden hacer otra cosa que encontrar absurdas y casi risibles las insinuaciones de Stourton.

    Pero que no haya nada, que todas las resmas de cartas no reflejen un solo detalle que pueda dar pábulo a la murmuración, no ha impedido que los medios se lanzaran ávidos al asunto, reflejando no lo que dicen las cartas sino la interpretación maliciosa de Stourton.

    De este cariz han sido algunos titulares: “¿Tuvo el el Papa Juan Pablo II una Amante Secreta?”

    “¿Se enamoró Juan Pablo II de una Profesora Americana Casada?»; «¿Tuvo el Papa Juan Pablo II una Amante Secreta?»: de este cariz han sido algunos de los titulares con los que se ha dado la no noticia, unas insinuaciones que se considerarían perseguibles de oficio en cualquier otro personaje con tan nulos indicios.

    De hecho, la propia Tyminiecka, fallecida en 2014, tuvo ocasión de responder a las inevitables insinuaciones de los difamadores en su día, negando toda relación sentimental con Wojtyla, aunque reconociendo un obvio y natural afecto mutuo: «¿Cómo podría enamorarme de un clérigo de mediana edad?»

    Peter Mullen (The Spectator) señala, al ver el documental, la desaforada obsesión de la BBC por el sexo

    Para Peter Mullen, en el británico The Spectator, el absurdo documental confirma la fama de la cadena británica de fanática detractora de la Iglesia Católica, pero ve algo más: la desaforada obsesión de la BBC por el sexo.

    No es, desde luego, algo privativo de la televisión británica. La sociedad se ha sexualizado, con la versión más pueril del sexo, hasta un extremo que la vuelve incapaz de ver más allá, de apreciar relaciones más hondas aunque igual de naturales.

    Estarían igualmente ciegos para entender el afecto entre Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz

    Está, sobre todo, crecientemente ciega para lo que durante milenios ha constituido parte esencial de cualquier cultura, el aspecto espiritual. No, no pueden entender algo tan evidente como que sea posible una honda amistad entre dos personas apasionadas por las mismas cuestiones si son de sexos diferentes, como las solteronas victorianas de que hablábamos antes, y estarían igualmente ciegos para entender el afecto entre Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, o entre San Francisco de Asís y Santa Clara.

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