Halloween versus Holywins
Halloween versus Holywins

El pasado puente terminé horrorizada. Encontré por las calles más de Halloween que de Todos los Santos. Parece que esta fiesta americana de culto a la muerte y lo macabro nos ha ganado la partida.

Pasando por la calle principal de mi ciudad, vi desde restaurantes italianos decorados para la ocasión hasta peluqueras de franquicia maquilladas con rojos simulando sangre. Tanto una cosa como la otra me dio mucho asquito y me pareció muy antinatural. Sería muy desagradable comerse una pizza entre telarañas mugrientas o dejar mi cabello a señoras que quizás se han pasado las manos por ese maquillaje exagerado y desagradable y que luego va a mi pelo.

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Los niños salían del colegio vestidos de las cosas más extrañas. Y en todos los telediarios nos recordaban lo “importante” de la fecha. En una tertulia de Telemadrid, todos los allí presentes estaban encantados con el disfraz de una niña americana a la que parecía que le habían cortado la cabeza, y sus vecinos le dejaban golosinas en el hueco que dejaba. A los tertulianos les hacía mucha gracia. Y en ese momento yo pasaba del asco al horror. No me hace ninguna gracia imaginarme a un niño sin cabeza.

Luego, por la noche, en un centro comercial, había disfraces para todos los tamaños: bebés vestidos de muñeco diabólico con un hacha entre las manos, adolescentes con atuendos que no conseguí descifrar y adultos con lo que habían conseguido, aunque fuera un traje de presidiario. Y una chiquita simulando el disfraz de la americana, pero con peor resultado (supongo que idea de los padres que lo verían en la televisión).

Luego en Navidad mandan circulares a los padres para que ésta no se celebre con motivos religiosos (¿perdón?) o que cambian la letra de los villancicos, y ya el protagonista de la canción no se llama Jesús sino Peru

Pensé que el próximo año sería mejor irme de puente al pueblo de mi familia, donde los 100 habitantes que quedan no creo que me pidan truco o trato en medio del frío.

Al menos entre tanta locura escuché a un niño, vestido con uniforme, decirle a su madre que había comido en el colegio buñuelos. Y yo me aferraba a los huesos de santo comprados la tarde anterior en una tienda de las de toda la vida, de las de dependienta que se sabe toda tu vida y tú la suya. Y a la esperanza de que aún son muchos los que siguen con la tradición de rezar y visitar a sus difuntos, que por eso en esos días no se trabaja y no hay clase.

La razón de toda esta locura que parecía haberse adueñado de las calles la tarde y noche del 31 de octubre la encontré en una pareja joven que paseaba a mi lado. Él le decía a ella: “En nuestra época lo de Halloween era una fiesta americana que veíamos en clase de inglés. Pero la culpa de todo esto la tienen los colegios”, que se lo meten con calzador a los niños.

Colegios que llegan a hacer incluso un pasaje del terror para ese día. Colegios que les mandan hacer trabajitos de Halloween desde mucho tiempo antes. Colegios que obligan a sus profesores a disfrazarse. Colegios públicos, concertados y privados. Aunque espero que al menos algunos resistan estoicamente, como el del niño de los buñuelos.

Esos colegios son los que luego en Navidad mandan circulares a los padres para que ésta no se celebre con motivos religiosos (¿perdón?) o que cambian la letra de los villancicos, y ya el protagonista de la canción no se llama Jesús sino Peru (caso 158 del Informe de Ataques a la Libertad Religiosa 2017 del Observatorio para la Libertad Religiosa). Y que, por supuesto, sus alumnos ya no disfrutan de vacaciones de Semana Santa y Navidad sino de primavera e invierno (caso 128).

El juez Emilio Calatayud decía en su Facebook a propósito de esto: “Vestimos a los niños de Halloween para que se rían de la muerte y luego nos da miedo llevarlos al cementerio no vayan a traumatizarse”.

Totalmente de acuerdo.

Así que no dejen que a su alrededor Halloween les gane la partida. Resistiremos unos pocos. Pero habrá resistencia (como en otros muchos temas) que se hará notar.

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María García es presidenta del Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (OLRC). Casada desde 2015 "con el mejor compañero de viaje y de viajes", con quien además comparte la profesión de periodista. Es castellana por raíces y por carácter.