Asistimos desde hace meses a una eclosión del odio. La entrada en algunos de los principales ayuntamientos, parlamentos regionales y las Cortes de fuerzas políticas que detestan por igual la nación española, la sociedad abierta y el cristianismo, y que no se esfuerzan lo más mínimo en disimularlo, prefigura inquietantemente lo que podría llegar a suceder en breve en la comunidad con el mayor PIB regional, Cataluña, y en toda España.

La característica fundamental de este fenómeno es que, en mucha mayor medida de lo que se suele creer, carece de una verdadera causa objetiva. Nuestros odiadores de la monarquía y del franquismo, al que asocian la primera, a modo de banderín de enganche del antiespañolismo, no son (simplemente por edad, en su inmensa mayoría) personas que hayan sufrido la represión franquista en carne propia o en la de sus progenitores.

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En todas las familias existen recuerdos de persecuciones y violencias sufridas durante la guerra civil, pero tanto a manos de tirios como de troyanos. Y la memoria de la dura posguerra no suele predominar, salvo un deliberado cultivo del resentimiento, sobre la feliz veintena de años posterior. Porque sí, se trató de una época de prosperidad y alegría de vivir para una mayoría de españoles, digan lo que digan los odiadores profesionales.

Los votantes de Podemos no se componen, pese a su anticapitalismo de botellón, de personas que vivan materialmente peor que sus padres, sino todo lo contrario

Las hornadas de votantes de Podemos o de sus franquicias regionales no se componen, pese a su anticapitalismo de botellón, de personas que vivan materialmente peor que sus padres, sino todo lo contrario. El nivel de vida de los españoles, aún teniendo muy presentes los efectos de la crisis económica que estalló en 2008, agudizada trágicamente por los errores de primer curso de Economía de Zapatero, sigue siendo uno de los más altos del mundo.

El líder de Podemos Pablo Iglesias tras conocer los resultados del 20D/Fuente: Twitter Podemos
El líder de Podemos Pablo Iglesias tras conocer los resultados del 20D/Fuente: Twitter Podemos

El hecho incontestable es que nuestros hijos disfrutan hoy de muchas más comodidades de las que gozábamos nosotros a su edad, y no digamos ya nuestros padres. Su futuro es incierto, pero también lo era el nuestro. El porvenir siempre lo es, por definición.

Estos jovenes y no tan jovenes que viven relativamente tan bien, gracias al sistema de libre mercado que han aprendido a denostar con cuatro eslóganes, se empeñan en culpar amargamente a los empresarios, a los bancos y a los políticos actuales por no vivir todavía mucho mejor, o lo que ellos entienden por tal, que es hacerlo en gran medida a costa del Estado.

Reclaman que la Universidad sea casi gratis (la calidad no importa, mientras uno tenga su título), contrato laboral indefinido y buena remuneración nada más acabar los estudios, y sanidad gratuita de calidad pese a la demografía cayendo en barrena.

Esta masa de ignorantes con smartphone, que contempla las noticias de Venezuela como procedentes de un universo paralelo sin conexión con el nuestro, odia al capitalismo (que en su caso es como decir que odia a la realidad) simplemente porque se interpone en la realización de sus ensoñaciones, por otro lado bien poco idealistas.

El odio al cristianismo está resurgiendo como los esbirros del lado oscuro de la fuerza en la saga de Star Wars

Pero el misterio más sobrecogedor es el odio al cristianismo, resurgiendo una y otra vez, como los esbirros del lado oscuro de la fuerza en la saga de Star Wars. Una mayoría de ciudadanos menores de cincuenta años ha tenido probablemente un contacto digamos que leve con la religión católica, más allá de las celebraciones que aún conservan cierta vigencia social, aunque cada vez menos, como son bautizos, primeras comuniones y bodas, y que para muchos se reducen a unos minutos de aburrimiento en la iglesia, antes de un banquete que se prolonga durante horas.

Y sin embargo, mucha de esta gente que ha escuchado escasas homilías en su vida (y posiblemente ninguna que haya desafiado abiertamente la corrección política establecida), que no ha soportado ningún tipo de presión social (al menos, fundamentada explícitamente en el cristianismo) para no conducir su vida como le ha venido en gana; mucha de esta gente, decimos, de pronto exterioriza un odio cerval hacia todo lo que suene a catolicismo.

Hay ejemplos muy claros, como ese pobre adolescente de un instituto de Palma, premiado con calificación sobresaliente por su profesora, por haber realizado un vídeo indeciblemente obsceno contra Jesucristo y la Virgen María, y en el que al parecer el joven autor manifiesta su condición homosexual. El chico expresa así su rabia contra la Iglesia por supuestamente no aceptarle como es, demostrando un extendido y elemental desconocimiento de la crucial distinción católica entre pecado y pecador. ¿Qué le habrá hecho la Iglesia a este pobre chaval, aparte de lo que le han metido en la cabeza unos educadores que no hacen honor a su nombre?

Tampoco los ejemplos aparentemente más chuscos, como la manipulación ideológica de las fiestas navideñas en Barcelona, Madrid o Valencia, deberían ser tomados a broma, porque demuestran la misma inquina enfermiza contra todo lo católico, que no respeta ni siquiera a la más tierna infancia.

Por si quedara alguna duda, un “artista” a sueldo de Carmena, que ha colaborado en destrozar las cabalgatas de los Reyes Magos con sus ocurrencias (aún no desveladas cuando escribo esto), lo ha confesado abiertamente: “Aborrecemos a los Reyes Magos y lo que representan”.

David Fernández, uno de los artistas contratados por Carmena para la cabalgata / davidfernandez.org/
David Fernández, uno de los artistas contratados por Carmena para la cabalgata / davidfernandez.org

No tengo más espacio para hablar del odio al “patriarcado”, en países como el nuestro donde jamás ha habido tanta igualdad entre hombre y mujer como ahora, e incluso se discrimina a favor de ella. Baste la descripción de los odios a España y a la economía libre, como al cristianismo, para percatarnos de que no se pueden combatir como se ha venido haciendo hasta ahora, dándoles una parte de razón.

No se puede defender la unidad de España y avergonzarse al mismo tiempo de casi todo el pasado anterior a 1978

No se puede defender la unidad de España y avergonzarse al mismo tiempo de casi todo el pasado anterior a 1978. La pedagogía progresista, hace ya décadas, desterró la lista de los reyes godos y las cronologías de batallas, porque bastaba con tener “espíritu crítico”, es decir, con saberse los modos de producción marxistas: esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo y el paraíso comunista en el radiante futuro.

Resulta de todo punto imposible recuperar el orgullo nacional del modo que se imparte la historia en nuestras aulas, reducida a una burda fórmula economicista, por no hablar de las fábulas que se enseñan en Cataluña o el País Vasco.

Tampoco puede la Iglesia tolerar por más tiempo la masiva infiltración progresista en su seno, si no quiere obstruir el mero relevo generacional de sus fieles. Cada vez que nuestros párrocos hablan de los parados o de los refugiados comprando el lenguaje televisivo de la izquierda (a veces más por incuria intelectual que por una estrategia consciente), lenguaje que sustituye las responsabilidades individuales por las colectivas, y que culpa del mal siempre a los otros, muchos de sus feligreses, en lugar de animados a tratar de ser mejores personas, salen de misa convertidos en futuros votantes de Podemos, que entre sus objetivos tiene el de cargarse la libertad religiosa.

No podemos dejar por más tiempo que los odiadores profesionales y aficionados nos sigan marcando el ritmo, colocándonos sus mentiras envueltas en falso ternurismo y comiéndonos día a día el terreno. El odio sólo podrá ser vencido por el amor, ciertamente; pero antes de esto hay que hacerle frente con la serena fuerza de la verdad. Incansablemente.

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Barcelona, 1967. Escritor vocacional y agente comercial de profesión. Autor de Contra la izquierda (Unión Editorial, 2012) y de numerosos artículos en medios digitales. Participó durante varios años en las tertulias políticas de las tardes de COPE Tarragona. Es creador de los blogs Archipiélago Duda y Cero en progresismo, ambos agregados a Red Liberal.