Lo que va de Rita a la mezquita

    Si criticamos a Rita Maestre por ejercer violencia sobre una capilla católica, no podemos aplaudir ni disimular ante una violencia similar contra una mezquita.

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    Imagen de las bengalas lanzadas a la mezquita de la M-30 en Madrid por miembros del Hogar Social Madrid/Facebook
    Imagen de las bengalas encendidas cerca de la mezquita de la M-30 en Madrid por miembros del Hogar Social Madrid/Facebook

    Me ha parecido impresentable que, a rebufo de los terribles atentados perpetrados en Bruselas el pasado martes, haya habido un grupo de personajes igual de impresentables haya lanzado bengalas contra la mezquita de la M-30 en Madrid.

    No pretendo que los responsables de atentados de Bruselas no paguen lo que tengan que pagar, juicio eterno aparte. Que sean detenidos los que no se hayan suicidado de forma criminal es el deseo de cualquier persona normal. También los instigadores y los colaboradores.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Pero lo que no podemos tolerar, bajo ningún concepto, es que la violencia indiscriminada inunde nuestras calles. No podemos caer en esa tentación. Para usar la violencia ya están los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado bajo el imperio de la ley.

    Si alguno tiene ganas de combatir con el legítimo uso de la violencia a los terroristas islámicos tiene una oportunidad como voluntario en el frente del Kurdistán o en Siria. Lo puede hacer en las muchas milicias que cooperan con el ejército iraquí (mejor que con las que operan por su cuenta).

    Tirar bengalas a la mezquita de la M-30 es, además de un acto de violencia fuera de la ley, un gesto que evidencia aún más su ridículo proceder. Un «quiero y no puedo» que no sirve ni para fardar copa en mano al caer la noche.

    La pulsión que se esconde detrás de esta acción es la misma, exactamente, que la que llevó a Rita Maestre a irrumpir y profanar la capilla del campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid.

    El derecho a la libertad religiosa es fundamental. Tan fundamental que es reseñado por la mayoría de los expertos como la prueva del nueve de las sociedades democráticas. Cuando se cercena el íntimo derecho a creer y profesar la fe, toda libertad queda amenazada.

    Si criticamos a Rita Maestre por ejercer violencia sobre una capilla católica, no podemos aplaudir ni disimular ante una violencia similar contra una mezquita.

    Porque no es tanto lo que va de Rita a la mezquita.

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".