Los populistas de Podemos cerraron filas en torno a doña Rita Maestre, condenada por el asalto a la capilla del Campus de Somosaguas. Dijo Pablo Manuel Iglesias: “Todo mi apoyo a Rita Maestre y a las que defienden la laicidad y los derechos de las mujeres”.

Se sumó Iñigo Errejon: “Gracias por el compromiso, coraje y buen hacer en el Ayuntamiento, Maestre. Castigo rancio, propio de otros tiempos”.

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Habló Sergio Pascual así: “Rita Maestre condenada por reclamar la separación entre Iglesia y Estado. Parece que volvemos a tiempos pretéritos”.

Juan Carlos Monedero manifestó: “Condenan a Rita Maestre los mismos que mandarían a Beauvoir a la hoguera, silenciarían a Darwin o prohibirían a Marx. Una nueva Edad Media”.

Y Carolina Bescansa proclamó: “Todo mi apoyo a Rita Maestre y a quienes, como ella, han defendido y defienden con contundencia la separación entre la Iglesia y el Estado”.

La señora Carmena se quejó tras la condena de su portavoz, porque según doña Manuela lo único que había realizado doña Rita había sido “un acto de protesta”. Concluyó la alcaldesa denunciando que vivimos una inquietante “involución de la libertad de expresión”. La propia condenada alegó a su vez que lo suyo había sido una “protesta política y pacífica como herramienta para cambiar las cosas”.

Nada hay más antiguo y embustero, en efecto, que reclamar la separación de Iglesia y Estado como progreso

Todos estos argumentos son falaces, y además reflejan como un espejo doble no sólo el peligro que siempre representa la izquierda para la libertad del pueblo sino además la vetustez de las ideas de quienes tanto presumen de cambio y modernidad.

Nada hay más antiguo y embustero, en efecto, que reclamar la separación de Iglesia y Estado como progreso, porque no se trata de liberar a los ciudadanos de una supuesta opresión religiosa. Para eso basta con el Estado de Derecho, que garantiza la libertad religiosa, es decir, que los ciudadanos puedan libremente profesar su fe en privado y en público, en templos y en calles, sujetos a normas que preserven esa misma libertad para quienes no profesan esa fe en concreto, para quienes cultivan otra o para quienes no creen en ninguna.

Pero lo que reclaman los supuestos progresistas no es la libertad religiosa sino, precisamente, su aniquilación. Odian a las religiones judeocristianas precisamente porque son compatibles con la libertad de los ciudadanos, mientras que lo que quieren estos pseudoprogres no es separar Iglesia y Estado sino socavar las instituciones que medien entre el Estado y sus súbditos, de modo que el poder pueda someterlos con más facilidad.

Valiente hay que ser para defender la libertad en Venezuela o Cuba pero jamás protestarán por la involución allí de la libertad de expresión

Este propósito queda oscurecido con la propaganda y la mentira habituales, que brillaron en este caso. Resulta patente, así, que lo que hizo Rita Maestre no tuvo absolutamente nada que ver con los “derechos de las mujeres”, y sólo desde el fanatismo puede sostenerse que el asalto fue fruto de la valentía; valiente hay que ser para defender la libertad en Venezuela o Cuba, pero de eso estos héroes jamás brindarán testimonio alguno.

Jamás protestarán por la involución allí de la libertad de expresión, y jamás pretenderán “cambiar las cosas” para promover allí la libertad. Se limitan a sugerir que la protección de la libertad religiosa es rancia y franquista, cuando, precisamente, lo rancio es atacar la libertad, y los comunistas y los nazis se esmeraron siempre en una brutal represión contra las religiones judeocristianas… y contra la libertad de todos y para todo.

Esta sintonía no es nada casual. De ahí el reiterado camelo de que proteger la libertad religiosa equivale a la represión medieval, de la que se queja un Monedero que ni tiene idea de la Edad Media ni quiere tenerla de la represión que practican los regímenes modernos que los populistas tanto admiran.

Mire usted por dónde, los profesores de ese mismo campus que ahora se apoltronan en las instituciones políticas y pretenden, como siempre, “cambiar las cosas” mediante la fuerza del poder

Se me dirá que exagero, puesto Rita Maestre no quiere clausurar todas las iglesias sino sólo la capilla de Somosaguas, porque, ya se sabe, estamos en un Estado laico y la Complutense es una universidad pública. Se me dirá que no se puede obligar a los contribuyentes ateos a obsequiar a los católicos con un lugar de oración y culto.

Aquí se plantean dos cuestiones, incómodas siempre para los enemigos de la libertad. La primera es: ¿y por qué no? Después de todo, una parte muy considerable del pueblo español se declara católico, y estamos, que se sepa, en una democracia. La segunda cuestión extiende la lógica del argumento fiscal: si los contribuyentes ateos no tienen por qué pagar nada a los creyentes, tampoco es lógico que los contribuyentes amigos de la libertad sean obligados a financiar universidades donde los profesores sistemáticamente atacan la libertad de los ciudadanos y promueven políticas antiliberales.

Por ejemplo, mire usted por dónde, los profesores de ese mismo campus que ahora se apoltronan en las instituciones políticas y pretenden, como siempre, “cambiar las cosas” mediante la fuerza del poder. Qué cosa más rancia.

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