Los jesuitas fueron expulsados de España durante la II República por su voto específico de obediencia al Papa.

Este pasado sábado, 14 de abril, fue el aniversario de la proclamación de la II República española. Una fecha que llevamos años sufriendo como pretexto para ensalzar todo el sectarismo que simboliza tal República, ajena por completo en su desarrollo a la libertad y a la verdad. Gracias a Dios parece que este 2018 ha sido más tranquilo en lo que se refiere a tal exaltación.

Recordemos sólo un ejemplo de su sectarismo: de haber estado el Papa Francisco en España antes de ser obispo, habría tenido que abandonarla al ser jesuita. La República habría expulsado al sacerdote Bergoglio por el mero hecho de querer ser fiel al Papa (el artículo 26 de la sectaria Constitución prohibía aquellas órdenes religiosas que incluyeran el voto de obediencia a una autoridad distinta de la legítima del Estado. En el caso de los jesuitas, al Papa).

Jorge María Bergoglio, en sus años de novicio jesuita, mucho tiempo antes de convertirse en el Papa Francisco.
Jorge María Bergoglio, en sus años de novicio jesuita, mucho tiempo antes de convertirse en el Papa Francisco.

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Asimismo los españoles llevamos años soportando una legislación, la llamada Ley de Memoria Histórica, aprobada por el PSOE y mantenida por el PP y por tanto ley de ambos partidos (y en esto Ciudadanos no es una alternativa) que nos obliga a pensar de una determinada manera o a callarnos salvo que queramos ser multados.

Pues bien creo que es necesario correr ese riesgo.

La Ley de Memoria Histórica de Zapatero ha ido muchísimo más lejos de cualquier propósito legítimo, como hubiera sido facilitar la búsqueda de los cadáveres de las víctimas de la guerra.

“Hay una legitimidad total en opinar que fue algo bueno para España que el bando nacional ganase la guerra, pues es la posición acertada y verdadera”

En un primer momento ya provocó una innecesaria quiebra de la reconciliación entre todos los españoles tan trabajosamente conseguida, hurgando en heridas del pasado ya superadas para la inmensa mayoría, gracias, entre otros factores, a la implacable sucesión generacional.

Hay una legitimidad total en opinar que fue algo bueno para España que el bando nacional ganase la guerra, pues es la posición acertada y verdadera. El triunfo del llamado bando rojo hubiera llevado a España a un régimen de tipo soviético o peor, lo que nos hubiera convertido en un país pobre y aislado. Además la Historia de Europa sería muy diferente. No pocos polacos agradecen a España haber derrotado al comunismo por primera vez en nuestro suelo patrio.

Se equivocan los partidos revisionistas tratando de rescatar a los asesinos del 36, o a los que representaban a la República que nos llevó a un callejón sin salida, al mismo tiempo que denigran a los asesinados por el bando rojo o a los representantes del bando nacional o a los que durante 40 años trataron de servir a España de la mejor manera posible.

La Ley de Memoria Histórica se ha erigido en un voraz instrumento de odio e injusticia hacia todo lo que tenga que ver con el bando nacional, vencedor en la contienda 1936-1939, y el periodo de paz y desarrollo que la sucedió. Pese a todos sus errores e imperfecciones, sin esos cuarenta años de unidad, trabajo y superación, la España de la que hoy disfrutamos y nos sentimos orgullosos hubiera sido, simplemente, inimaginable.

La nueva “vuelta de rosca” de la proposición de nueva ley presentada por el PSOE va aún más lejos, cercenando gravemente libertades básicas de pensamiento y expresión.

“Si algo debe ser históricamente aclarado, la responsabilidad primera para hacerlo es de los historiadores serios, no de una élite política movida por un sectarismo ideológico”

Ya no puede guardarse por más tiempo silencio sobre este atropello a la verdad histórica, la cohesión entre los españoles y, si no lo evitamos, a nuestra libertad más básica para formarnos y expresar juicios sobre la realidad.

No es aceptable por más tiempo mantener esta mentira maniquea que manipula la Historia de forma tan grosera e injusta para quienes se alzaron para acabar con un régimen de anarquía, incapaz de garantizar la más básica convivencia entre los españoles y que había falseado la voluntad ciudadana en las elecciones de febrero de 1936.

Una mentira histórica maniquea que tergiversa los ideales que movieron a quienes generosamente entregaron su sangre en el bando nacional, en su mayor parte sin otro ideal que defender su libertad para practicar una fe religiosa a la que se negaban a renunciar. O rescatar a España de la amenaza real que representaba la tiranía comunista impulsada por la entonces poderosa Unión Soviética.

Combatientes del bando republicano en la Guerra Civil de España posan profanando objetos religiosos y restos óseos de sus enemigos.
Combatientes del bando republicano en la Guerra Civil de España posan profanando objetos religiosos y restos óseos de sus enemigos.

Muchos sentimos que ese heroísmo y el martirio de tantos, no puede seguir siendo vilipendiado así, despertando sentimientos de odio y revancha. Y si algo debe ser históricamente aclarado, la responsabilidad primera para hacerlo es de los historiadores serios, no de una élite política movida por un sectarismo ideológico que ahora pretenden imponer a golpe de Código Penal.

Ojalá la guerra se hubiera evitado. Ojalá no se hubieran cometido errores y excesos. En ninguno de los dos bandos. Ojalá no se hubiera cometido ninguna injusticia.

Pero es ese mismo sentido de la justicia el que ahora nos impele a decir ¡basta ya! de manipulación de la verdad histórica y de avivamiento del odio y la revancha.

Los españoles nos debemos la convivencia, la reconciliación y el respeto a la verdad. Nunca a través del odio y el revanchismo fue posible construir el futuro de paz y oportunidades que los españoles de buena voluntad anhelan.

Y nos equivocamos también los españoles cuando en general tenemos un sentimiento de inferioridad respecto a otros países. Es una muestra de desconocimiento de nuestra Historia y del necesario coraje para actualizarla.

Retrato de Isabel la Católica situado en el monasterio franciscano de Santa María La Rábida, en Huelva (España).
Retrato de Isabel la Católica situado en el monasterio franciscano de Santa María La Rábida, en Huelva (España).

Desde la Asociación Enraizados que tengo el honor de presidir llevamos tiempo trabajando en iniciativas que recuerden nuestra Historia:

  • Cada día recordar en redes sociales el legado de amor de los mártires asesinados por odio a la fe en la España del siglo XX.
  • Cada día recordar en redes sociales, y rezar por ellos y sus familias, a los asesinados por el terrorismo de ETA, del GRAPO, islamista o de otros grupos minoritarios en España.
  • Recordar bajo el hastag #EspañaEnLaHistoria algunos de los episodios más gloriosos de nuestra Historia patria dándoles un sentido.

Este próximo domingo día 22 de abril tenemos un aniversario que recordar: es el 567 aniversario del nacimiento de la mujer más grande que España ha engendrado, la Reina Isabel la Católica.

Con tal motivo tendremos una Conferencia impartida por José Javier Esparza y nos uniremos después a la Santa Misa implorando del Señor que tenga a bien la beatificación de la Sierva de Dios. Quedan ustedes invitados, pero apúntense que hay plazas limitadas.

Animo a que deje sus comentarios indicando qué episodio de nuestra Historia le parece más glorioso y digno de imitación (por ejemplo, la Evangelización de América; ser el primer país en donantes de órganos; ser el primer país per capita en voluntarios, misioneros y en donativos ante catástrofes naturales; defensa de la igualdad de todos los seres humanos; Leyes de Indias;…) Ilústrennos.

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Casado y con cuatro hijos. Católico, español y con inquietudes sociales y políticas. Dea en Derecho y Licenciado en Derecho y Administración de Empresas. Presidente y cofundador de Enraizados