Sevilla tuvo que ser…

    Los sevillanos han puesto en su sitio a unos gobernantes extraterrestres, antidemocráticos, empeñados en legislar contra el pueblo. ¿Quiénes se habrán creído que son?

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    Manifestación contra las propuestas blasfemas del Ayuntamiento de Sevilla / Twitter @inmajimsev
    Manifestación contra las propuestas blasfemas del Ayuntamiento de Sevilla / Twitter @inmajimsev

    Vamos a ver si nos aclaramos.

    Los reyes del mambo no son los gobernantes, por más ínfulas que se den y por más moqueta que gasten. Los reyes del mambo somos nosotros el pueblo (We the people, como reza la primera frase de la Constitución de Estados Unidos). Somos los dueños, los propietarios de la soberanía nacional; y ellos, los gobernantes, por mucho coche oficial que exhiban, no son más que los encargados.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Son, para entendernos, los guardas de la finca, los conserjes de la urbanización, los de la asesoría fiscal y contable que nos llevan las cuentas y si no nos gustan, porque son zotes o nos sisan algo, los ponemos de patitas en la calle y contratamos a otro. Con todos mis respetos (para el guarda de la finca y el conserje de la urbanización).

    ¿Por qué ellos están ahí, en el Palacio de Cibeles, en Moncloa, o en el palacete plateresco donde se ubica el Ayuntamiento de Sevilla y nosotros en nuestra casa de siempre? No porque sean más guapos o más listos, sino por un mero asunto de división de trabajo.

    Mientras la mayoría del pueblo se dedica a sus negocios, unos pocos, elegidos de entre la comunidad, se dedican a llevar las cuentas (Economía), a vigilar el caserío (Defensa e Interior), a encargarse del Mantenimiento y los arreglos (Fomento, Obras Públicas), a cuidar el huerto (Agricultura) o a invertir el dinero de todos en las reformas de la finca (Hacienda).

    Tienen una cierta cualificación y hacen cosas que los demás no sabemos hacer. Como el bedel del Instituto o de la Universidad que tiene el juego de llaves y se sabe las claves de los porteros automáticos. Para eso están, para abrir las aulas y avisar del comienzo y del final de la clase. Y que haya tizas, y el encerado esté a punto, y el recinto aireado después de cuatro horas de clase.

    Pero los dueños de la universidad somos los alumnos, que para eso pagamos.

    ¿Consentiríamos que el jardinero o el bedel se metan en nuestra alcoba, nos den lecciones de sexualidad, nos impongan la lengua y toquen nuestras creencias?

    Y no consentiríamos que el guarda de la finca, o el manitas que hace chapuzas en el garaje, o el jardinero, o el bedel, se cuelen en nuestra alcoba y nos impartan una teórica sobre sexualidad; pretendan poner un tutú a nuestros hijos varoncitos y un tatuaje de Rambo a nuestras preciosas princesitas; que nos digan en qué lengua debemos hablar y nos la impongan por sus santos decretos; o se metan en algo más íntimo aún que el tálamo nupcial: nuestras creencias, y pretendan quitarnos nuestros crucifijos y nuestras vírgenes (o nuestros budas, si fuéramos o fuésemos budistas).

    ¿Verdad que no les dejaríamos?… Pues eso es exactamente lo que ha hecho el pueblo sevillano cuando le han tocado lo más íntimo. No dejar que el bedel o el aparcacoches del restaurante se meta donde nadie le ha llamado. Y menos aún que se meta con su ‘sevillaneidad’. Por eso se ha echado a la calle, para defender lo más sagrado y lo más querido (Madre no hay más que una). Y por eso les ha salido a los concejales de IU el tiro laicista por la culata.

    Los concejales de IU –el bedel, el guarda- parecen unos marcianos, unos extraterrestres caídos de no se sabe dónde, que no se enteran de que en Sevilla hay dos cosas intocables, la Madre y la Semana Santa. Y de que  no se puede legislar impunemente contra el pueblo.

    No se han enterado de que no estaba en el Consistorio para tocarles el relicario sino para resolver el principal problema de los sevillanos: la creación de empleo.

    Con todos mis respeto para conserjes, jardineros y chóferes.

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.