El otro 18 de julio: Así deshizo Franco la contraofensiva roja de Brunete

    Ocurrió hoy hace 80 años. Franco contraatacó frente al espectacular avance del Ejército republicano en Brunete el 18 de julio de 1937. Una fecha simbólica para una batalla que se saldó con casi 40.000 bajas y que finalmente quedó en tablas.

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    El general Francisco Franco y Vicente Rojo/Actuall.

    Treinta y ocho grados a la sombra… y un infierno de blindados, cazas, bombarderos, y cerca de 40.000 hombres tendidos en el suelo o despanzurrados por las granadas. Aquello era Brunete, el despertar bélico de la II República, la primera sorpresa seria para las tropas de Franco.

    Fue un golpe audaz urdido por el Estado Mayor de la República cuando España llevaba un año de guerra y Franco se merendaba la cornisa cantábrica.

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    Comenzó el 5 de julio de 1937 y la República acumuló tres Cuerpos de Ejército (Brigadas Internacionales incluidas, como la famosa Brigada Lincoln de norteamericanos) así como un notorio despliegue de blindados de fabricación soviética. Lanzó cerca de 90.000 hombres contra 60.000 del bando enemigo.

    Caza polikarpov

    “De entrada, el “frente nacional” se hundió” relata José María Gironella en la novela Un millón de muertos. Y añade: “Los tanques rusos arrollaron las defendsas, aplastaron las fuerzas de contención y siguieron adelante. ‘Las compañías de acero cantando a la muerte van’”.

    Pero lo que fue la primera gran ofensiva del Ejército Popular terminó encallándose y Franco contraatacó –no por casualidad- en la simbólica fecha del 18 de julio, primer aniversario del Alzamiento.

    ¿Cómo surgió la idea? Situémonos en el contexto de la guerra.

    Las tropas de Franco no habían conseguido quebrar la férrea resistencia de Madrid en el año 1936, y entonces el Generalísimo decidió atacar el Norte, dominado por los republicanos, para quedarse con la siderurgia vasca, un filón para la munición y el armamento.

    Vicente Rojo ideó una maniobra de distracción para aliviar el frente de la cornisa cantábrica y, a la vez, encajonar a las tropas de Franco

    Por eso, en 1937 los franquistas concentraron su estrategia en la conquista de la cornisa cantábrica. El 19 de junio caía Bilbao en sus manos.

    Consciente del carácter estratégico de ese frente, el Estado Mayor del Ejército republicano (con Vicente Rojo y José Miaja a la cabeza) ideó entonces una maniobra de distracción para aliviar la fuerte presión que sufrían sus tropas.

    Se pretendía matar dos pájaros de un tiro: Por un lado, reclamar la atención de los llamados “nacionales” cerca de Madrid (el pueblo de Brunete, a 28 kilómetros al suroeste) para que tuvieran que retirar efectivos del Norte y trasladarlos al Centro.

    Batalla Brunete

    Y en segundo lugar, a embolsar por el centro las tropas nacionales que asediaban la capital de España y aislarlas de su retaguardia. El plan era romper las líneas nacionales en Brunete encajonando a las fuerzas de Franco en una trampa, rodeado por los cuatros costados.

    La estrella de aquella ofensiva fue el V Ejército del coronel Juan Modesto, y singularmente especialmente en la 11ª brigada del Enrique Líster.

    Este era un personaje novelesco, con una vida llena de lances: cantero de profesión en su Galicia natal, emigró a Cuba con 11 años, volvió a España, ingresó en el Partido Comunista, se formó militarmente en la célebre Academia Frunze de la URSS y durante la Guerra Civil llegó a dirigir el V Cuerpo de Ejército.

    Acabó sus días enfrentado a Santiago Carrillo, después de haber vivido tres décadas en Rusia, donde combatió contra los alemanes en la II Guerra Mundial.

    Protegidas por la oscuridad, las tropas de Líster hicieron 10 kilómetros de noche sin ser descubiertas, llegaron a  Brunete y lo tomaron, el 6 de julio. Fue una operación brillante –por la rápida y lo sorpresiva-.

    Y también un éxito propagandístico con eco internacional –no hay que olvidar que las democracias norteamericana e inglesa tenían los ojos puestos en España, en cuyos campos se batían los hombres de la Brigada Lincoln-.

    El problema es que el mando republicano no supo explotar ese éxito inicial y no fue capaz de redondear la acción de la Brigada de Líster, envolviendo a las tropas franquistas en una tenaza.

    Brigada de Líster (este aparece en el centro).

    Se toparon con la férrea resistencia del enemigo que frenó la ofensiva republicana en Villafranca del Castillo. Eso ralentizó el ataque sorpresa de los republicanos que no pudieron llegar a Alcorcón.

    Vino entonces una terrible batalla de desgaste entre atacantes y atacados. Y esos días proporcionaron a los nacionales un tiempo precioso para enviar refuerzos.

    Los franquistas recibieron 5 divisiones, la Provisional de Guadarrama, la numero 13, la 150 y las dos brigadas de Navarra. Y tomaron la iniciativa.

    El punto de inflexión fue el 18 de julio, día en que los mandos franquistas devuelven el golpe a los republicanos contraatacando. Tenían a su favor la mejor preparación técnica de unidades, como las brigadas de Navarra, y el duro desgaste que habían sufrido los republicanos.

    Aún así los “rojos” resistieron bien y los nacionales tardaron 5 días en quebrar sus líneas. Fue clave el asalto a varias posiciones republicanas del Guadarrama, el 22 de julio. El Ejército popular no tuvo más remedio que retirarse.

    ¿Por qué no triunfó la ofensiva republicana? Se puede hablar de tres grandes factores

    El Ejército de Maniobra, la llamada ‘joya de la República’ resultó poco profesional (…) faltó disciplina, empuje y decisión

    En primer lugar, la desorganización endémica del Ejército republicano. La idea de romper las líneas franquistas era brillante y la operación ambiciosa, pero la unidad que se creó para ejecutarla se montó con excesiva precipitación.

    Se trataba del llamado «Ejército de Maniobra», que pretendía superar la fase de las milicias iniciadas en 1936 con la creación de una masa de combatientes y material bélico bien organizada.

    Pero en la práctica, la que fue llamada «joya de la República» resultó poco profesional. Como señalaba un teniente coronel en el informe posterior “Su instrucción para el combate ofensivo deja aún bastante que desear […] La capacidad de los mandos subalternos es todavía inferior a la normal […] Falta audacia, empuje y decisión».

    Frente a militares curtidos en la guerra de Marruecos -caso de muchos de los mandos franquistas- como el general José Enrique Varela, los republicanos estaban más acostumbrados a la oficina que al frente y carecían de jefes disciplinados.

    El general José Enrique Varela

    En segundo lugar,  el alto mando republicano no supo jugar bien sus bazas. El general Miaja no supo reforzar a la 11ª División de Líster, la cual fue abandonada a su suerte, después de haber tomado Brunete y haber hecho un espectacular avance. Ese tipo de errores resultaron fatales

    En tercer lugar, el dominio del aire. Al principio de la batalla, los rojos contaban con cazas soviéticos Polikarpov I-16 e I-15. Pero en la segunda fase les sirvió de poco frente a los aparatos alemanes de la Legión Cóndor -los Messerschmitt bf 109- que eran cazas superiores en velocidad y altura.

    En cualquier caso, fue una de las grandes batallas aéreas de la Guerra: La Republica utilizó 250 aviones y no menos de 200 aparatos utilizó la legión cóndor.

    El 26 de julio todo había terminado.

    La batalla quedó en tablas, porque fue un empate estratégico y una victoria táctica republicana.

    El Ejército Popular avanzó 6 km en un frente de 20 km; y  tomaron un tres pueblos sin valor estratégico a costa de un gran número de bajas. Y no sirvió para distraer al Ejército de Franco de su conquista de la cornisa cantábrica. En cuanto acabó la batalla de Brunete, el general Vigón reanudó la maniobra para tomar Santander y las brigadas de Navarra 4ª y 5ª regresan al norte.

    Y Franco derrochó un número importante de vidas en su contraofensiva. Fue uno de los episodios más cruentos de la contienda. Uno de cada dos soldados que tomaron parte en la batalla resulto muerto, herido, enfermo o prisionero.

    Y quedaban aún por delante dos años más de guerra.

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