Alain Delon y los pecados capitales del catecismo progre

    No han tenido más remedio que reconocer que es el modelo de donjuan, el Dorian Gray francés, el Napoleón del cine galo. Y Cannes le ha entregado la Palma de Honor, pero con su ración de correctivos y protestas, por decir que “la homosexualidad va contra la naturaleza”.

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    Alain Delon
    Alain Delon

    Resultan patéticos los esfuerzos por justificarse del director del Festival de Cannes. «Le premiamos por su carrera como actor, no le damos el Nobel de la Paz» ha dicho Thierry Frémaux, ante la avalancha de fatwas contra el famoso galán, por sus simpatías con Le Pen, su machismo y su homofobia.

    Por un lado, Cannes no podía dejar de reconocer al protagonista de A pleno sol, Borsalino o ¿Arde París?, el actor fetiche de Luchino Visconti o Jean-Pierre Melville -como hace años reconoció a otro de su generación: Jean Paul Belmondo-; pero por otro, no podía hacerlo sin su retahíla de objeciones puritanas, en nombre de lo políticamente correcto.

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    Nadie puede regatear a Delon su mérito profesional (como nadie se lo puede regatear a otros dos pájaros como Woody Allen o Roman Polanski), pero el problema añadido de Alain es que ha cometido dos pecados capitales del catecismo progre: ser machista y homófobo. Ser un Casanova se ha convertido en anatema en un país famoso por sus donjuanes; y decir lo obvio, “La homosexualidad va contra la naturaleza”, merece la guillotina social.

    Nadie se libra. Hasta una ex-diputada de la Asamblea Nacional y ex-ministra de Vivienda, Christine Boutin, fue condenada en 2016 a 5.000 euros de multa por usar la definición que hace la Biblia de las relaciones homosexuales. De nada le sirvió que distinguiera entre la persona, cuya dignidad merece todo el respeto del mundo, y el acto homosexual. Dijo claramente que “la homosexualidad es una abominación; no la persona”. Pero los inquisidores no están para sutilezas, van a lo que van: 5.000 euros. Y Boutin fue condenada por “incitación pública al odio o la violencia”. Es verdad que, posteriormente, la Corte de Casación anuló la condena. Pero ahí queda eso, para aviso de navegantes. A ver quién se atreve ahora…

    Claro que Alain Delon, un señor de 83 años, caballero de la Legión de Honor, que está por encima del bien y del mal, se da el gustazo de reivindicar la masculinidad, reírse de las “femi-progres”, arremeter contra la adopción de niños por parte de homosexuales, y añorar la Francia de De Gaulle. Y al que no le guste que le ponga lazos.

    Ni que decir tiene que el actor no es Teresita de Lisieux precisamente

    “Siento decirlo, no tengo nada contra los gais que van juntos, pero para mí eso va contra la naturaleza”, afirmó en una entrevista. Y añadió esta otra perla: los hombres “estamos aquí para amar a una mujer, para cortejarla. No para ligar o acostarnos con otros tíos”.

    Ni que decir tiene que el actor no es Teresita de Lisieux precisamente. Tras una infancia difícil (sus padres se separaron cuando él tenía cuatro años), combatió muy joven en la guerra de Indochina, y desempeñó diversos oficios antes de debutar en el cine a finales de los años 50.

    Saltó al estrellato con Rocco y sus hermanos (1959), una de las obras maestras de Luchino Visconti, y afianzó su valía con filmes como El gatopardo, también de Visconti, donde formaría pareja artística con Claudia Cardinale.

    Hizo películas de puro entretenimiento como El tulipán negro o El zorro -antes que Antonio Banderas-; superproducciones como ¿Arde París?, basada en el libro de Dominique Lapierre y Larry Collins; filmes de culto como El eclipse, de Antonioni; o El otro señor Klein, de Joseph Losey; y sobre todo, hizo de mercenario con gabardina en clásicos del policial francés como El silencio de un hombre o Círculo rojo, de Jean-Pierre Melville.

    Pasaron por su lecho la austriaca Romy Schneider, Nathalie Canovas –con la que estuvo casado–, o la también actriz Mireille Darc, entre otras. Y tiene cuatro hijos de diversas relaciones.

    No se puede decir que Delon no sea hombre de mundo y no tenga experiencias vitales. Quizá por eso su alegato contra lo políticamente correcto y la censura escuece más.

    Especialmente escandaloso fue su comentario sobre la masculinización que sufre la mujer actual. Y su correlato, la feminización del varón. El partenaire de Romy Schneider en La piscina afirma que “cada vez hay menos hombres, porque cada vez hay más mujeres que se convierten en hombres”.

    Que él, precisamente él, sea quien recuerde lo obvio y deje en evidencia a las feministas del #BalanceTonPorc (delata a tu cerdo) -adaptación gala del  #Me too norteamericano- escuece en Francia.

    Muchos están hasta las narices de la ingeniería social del Gobierno que pretende que en la escuela se sustituya “padre” y “madre” por “progenitor A” y “progenitor B”

    La del “tulipán negro” no es una voz aislada. Una parte importante de la sociedad francesa, incluidos votantes de la izquierda, piensan lo mismo. Están hasta las narices del revanchismo feminista; de la caza de brujas contra el varón; de la ingeniería social del Gobierno que pretende que en la escuela se sustituya “padre” y “madre” por “progenitor A” y “progenitor B”; de la teoría de género que ha invertido las tornas y ha logrado que la masculinidad se considere ahora una patología y el matrimonio entre hombre y mujer, una desviación.  

    No deja de ser irónico que la Francia del 68, la del “prohibido prohibir” multe ahora con hasta 750 euros a los hombres que silben a las mujeres por la calle. O quizá no tan irónico: la revolución sexual, es lo que tiene. Como todas las revoluciones promete liberación pero deviene dictadura; predica Jauja pero desemboca en una represión aún mayor que la que pretendía abolir.

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.