Bondades y limitaciones espectrales de Bond, James Bond

    José María Aresté analiza la saga 007 y cuenta que no faltan mentes iluminadas que dicen que la reconversión de Bond no se habrá completado hasta que llegue un Bond negro, una Bond mujer o un Bond gay.

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    Fotograma película 'Spectre' de la saga 007

    24 películas oficiales de la saga 007 a lo largo de más de 50 años, han obligado a evolucionar al espía de ficción más famoso del mundo hasta llegar a Spectre. Nacido de la imaginación de Ian Fleming (1908-1964), el escritor británico apenas pudo saborear su éxito en cine, pues falleció de un ataque al corazón dos años después de que Sean Connery se asomara por primera vez a las pantallas como el agente con licencia para matar.

    ¿Se parece el 007 de Daniel Craig al encarnado antes por Sean Connery, George Lazenby, Roger Moore, Timothy Dalton y Pierce Brosnan? Medio siglo es mucho tiempo, y más para el cine de acción con protagonista arquetipo de virilidad y elegancia, que se lleva a las mujeres (florero) de calle. En tiempos políticamente correctos, y en que la guerra fría es una reliquia del pasado, reciclar a 007 sin que pestañeen las feministas, tiene su mérito.

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    Está claro tras ver Spectre que las chicas Bond siguen tan sensuales como siempre, véase a la madurita Monica Bellucci o a la más juvenil Léa Seydoux, pero los guiones de las últimas entregas nos las convierten además en chicas muy guerreras, además de ser doctoras o tener alguna otra titulación, y que pueden tomar la iniciativa y en más de una ocasión hasta sacar de apuros a Bond.

    Por no mencionar a M, el jefe de nuestro espías transmutado en Mujer por obra y gracia de Judi Dench en tres películas, jefa de armas tomar, verdaderamente majestuosa e investida de autoridad y mando, que para eso ha sido reina en la pantalla, Victoria en Su majestad Mrs. Brown e Isabel oscarizada en Shakespeare in Love.

    O sea, Bond ha sido relativamente purificado, fuera los rasgos más obvios de su proverbial machismo, aunque nuestro hombre puede ser promiscuo, seductor y juguetón, hay que nadar entre dos aguas, las incoherencias bondianas acerca de la sexualidad son las de nuestra época, y cuando se cierra una puerta se abre otra, el problema de no acabar de poner a la persona completa en su sitio.

    De todos modos no faltan mentes iluminadas que dicen que la reconversión no se habrá completado hasta que llegue, más o menos por este orden, un Bond negro, una Bond mujer, un Bond gay, y ya puestos, añado yo, un Bond transexual. No todo el mundo está de acuerdo, pero lo difícil es decirlo en voz alta sin que te corran a gorrazos.

    «No se trata de ser homófobo o racista, simplemente se trata de ser fiel al personaje»

    Se ha atrevido a discrepar un anciano Bond, sir Roger Moore, que a sus 88 años asegura que semejante evolución del personaje sería poco menos que un disparate. Eso sí, para evitarse disgustos, hay que ponerse la venda antes de que te inflijan la herida, el actor ha explicado que “no se trata de ser homófobo o racista, simplemente se trata de ser fiel al personaje”.

    Y en esta línea de declaraciones prudentes que no comprometen demasiado –sé de otros que usarían otro adjetivo para describirlas–, Daniel Craig ha salido con que “todo es posible, puedes hacer lo que quieras mientras resulte creíble y funcione”.

    Los elementos de la mitología bondiana

    Más allá de lo dicho, hay elementos de la mitología bondiana que no cesan. La espectacularidad de la escena de arranque, títulos de crédito con canción ad hoc, trepidantes pasajes de acción, localizaciones exóticas, siniestras organizaciones criminales, con Spectre puesta al día extendiendo por doquier sus peligrosos tentáculos, gran villano, peligroso esbirro.

    Londres ha cobrado presencia –no olvidemos la importancia olímpica de Bond en las olimpiadas de 2012–, y también la tecnología despersonalizada frente a los seres humanos, que podrán estar anticuados, pero al menos son de carne y hueso.

    Ha sido un acierto fichar a Sam Mendes como director de Skyfall y Spectre, alguien que no había destacado por filmar cintas adrenalíticas ha aportado el elemento humano sin descuidar la acción, y hemos podido arañar, aunque sea un poco, el pasado elusivo de Bond, el hombre detrás del espía frío, eficaz e implacable, que por momentos quiere ser persona, sin lograrlo del todo, se convirtió en lo que es, marcado por el destino, que no es otro que el de entretener a espectadores de ayer, hoy y mañana, mientras engrosa las arcas de los herederos de los derechos bondianos: Michael G. Wilson y su hermanastra Barbara Broccoli, digna sucesora, mujer, de su padre, también productor, Albert R. Broccoli.

    Un existencialismo palomitero de andar por casa, no parece casual que en esta ocasión tengamos una chica Bond proustiana, que responde al nombre de Madeleine Swann.

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    Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".