Kevin Spacey en House of Cards
Kevin Spacey en House of Cards

¿Resulta razonable la decisión de Ridley Scott, respaldada por Sony, la productora? En términos puramente económicos no está nada claro. De entrada el presupuesto de Todo el dinero del mundo se dispara desde sus iniciales 45 millones de dólares, hay un incremento de los costes de al menos el 20%.

Y es que hay que volver a rodar, convocar a los otros actores que compartían escenas con Kevin Spacey, el nuevo sueldo de Christopher Plummer, modificar el material promocional…

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Nadie va a ir a ver una película del ídolo caído, de una apestado que arrastra malísima prensa

Es verdad que se trata de una película ambiciosa, Todo el dinero del mundo es un thriller basado en hechos reales –el secuestro de un adolescente y los intentos de convencer a su multimillonario abuelo Jean Paul Getty para que pague el rescate– que aspiraba a colarse en las nominaciones a los Oscar, y esas opciones podían verse disminuidas con el lastre Spacey. Pero…

Hay quien dirá que el gasto merece la pena, porque nadie va a ir a ver una película del ídolo caído, de un apestado que arrastra malísima prensa, no sólo por los graves hechos que se le atribuyen, incluidos casos de pedofilia, sino también por el grave paso dado por Netflix de cancelar el rodaje de su emblemática House of Cards, cuyos guionistas se devanan los sesos en estos momentos para inventar algo con que terminar con dignidad y sin Spacey la exitosa serie.

Kevin Spacey en una escena de Rebelde entre el centeno
Kevin Spacey en una escena de Rebelde entre el centeno

Lo que está claro es que otra película de Spacey por llegar, Rebelde entre el centeno, sobre el famoso escritor J.D. Salinger, donde él da vida a su descubridor Whit Burnett, no va a sufrir el proceso de borrón y cuenta nueva, y llegará a los cines tal cual.

En cambio Netflix se niega a estrenar en su plataforma, tal y como estaba previsto, Gore, biopic protagonizado por Spacey dando vida al famoso escritor Gore Vidal. También está en postproducción Billionaire Boys Club, otra película basada en hechos reales, cuya suerte ahora mismo se ignora. Imagino que los productores están esperando a ver.

No deja de ser irónico que todas las películas en que estaba involucrado Spacey estuvieran inspiradas en una realidad con la que el actor acaba de darse de bruces de un modo tremendo. Pase lo que pase en el futuro su carrera interpretativa puede considerarse terminada.

Es difícil que alguien vuelva a trabajar con él, aunque renunciara a su sueldo. A no ser que ocurra en un futuro aquello de que “el tiempo lo cura todo”, o que se practique el perdón y la generosidad de un mundo feliz.

Una solución era dejar las películas un tiempo en la nevera, esperando a que escampe. Pero lo cierto es que Hollywood está sufriendo estos días un auténtico tsunami, que no deja de crecer. Así que aquello, más que una nevera, podía ser el limbo con las llamas del infierno asomando en cualquier momento.

También cabía simplemente lanzar las películas, y confiar en su calidad, incluida la de la interpretación de Kevin Spacey, asumiendo las posibles pérdidas, como otras contingencias que pueden ocurrir en los rodajes, aun sabiendo que aquí no hay pólizas de seguros que valgan. Pero en fin, en tiempos de boicots y tuits, no resulta nada fácil acertar.

Kevin Spacey en la película Todo el dinero del mundo
Kevin Spacey en la película Todo el dinero del mundo

En cualquier caso, en términos de cuenta de resultados, es imposible prever el efecto que tendrá en taquilla la sustitución de Spacey por Plummer en el caso de Todo el dinero del mundo. A priori la decisión suena a capricho de quien puede permitirse el lujo de gastarse diez millones de dólares, exhibiendo al menos una especie de superioridad moral, operación de prestigio al canto; pero esto es discutible.

Nadie parece estar en Hollywood en la posición de dar grandes lecciones éticas. Mucho antes deberían haberse dado pasos al frente de más calado, y no permitir de ninguna de las maneras abusos y leyes del silencio dominantes.

Otra posibilidad es la de que los responsables del film tengan la convicción de que se tiene entre manos una auténtica obra maestra, una joya que sin ninguna duda será un clásico instantáneo, y que por ello no debería contaminarse por razones extracinematográficas.

El problema es que esa contaminación existe, y lo primero que van a preguntar al equipo artístico del film durante su promoción –a no ser que se elimine esa promoción– es sobre Spacey y su expulsión de la obra final.

Pero en fin, me elevo un poco por encima de los puros estándares de economía de mercado y pienso en los morales: ¿qué se quiere demostrar realmente prescindiendo de Spacey en una película ya terminada? ¿Tan necesario es añadir esta acción al linchamiento y vergüenza que está padeciendo el actor?

Lo que está claro es que la obra que se modifica, no es la misma antes y después con los cambios

En el arte pictórico todos conocemos casos de cuadros en que las figuras originales fueron modificadas por razones diversas, incluidas la decencia, piénsese en las escenas del juicio final de la Capilla Sixtina. Lo que está claro es que la obra que se modifica, no es la misma antes y después con los cambios; puede perderse un momento mágico Spacey, aunque también surgir uno que no existía a cargo de Plummer.

En fin, los casos Weinstein y Spacey son los más sonados, pero a estas alturas está más que claro que algo ha fallado en la meca del cine. Y yo diría, a lo hecho, pecho. Que actúen los tribunales si es el caso, y se eleven los estándares de profesionalidad para evitar lo que nunca debió darse.

Y las películas terminadas, por favor, que se estrenen, y dejen que la crítica opine y los espectadores decidan su valor. Que no tengamos que ver dentro de unos meses el lanzamiento en DVD con las dos versiones, la de Plummer y la versión escondida de Spacey, para que el público decida cuál es mejor, u otras zarandajas, que todo podría ser en este mundo loco, loco, loco.

Ah, y termino con una sugerencia. La próxima gala de los Oscar propongo que en vez de smoking y trapitos de alta costura, los nominados acudan vestidos de saco y ceniza, no de diseño, arrepentidos por acción u omisión. Y ya está, a volver a trabajar en serio, haciendo películas, quizá con un poquito más de humildad, sin pretender dar ridículas lecciones de activismo político con tantas causas que ahora se vuelven en contra. El efecto boomerang se llama.

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Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".