Cambia el Gobierno, cambia el director de ‘El País’

    Entre los nombramientos del Gobierno de Sánchez que está publicando el BOE, falta el de la nueva directora de 'El País'. En cuanto triunfó la moción de censura, en el ‘diario global’ comenzó un baile de sillas. La independencia de la prensa, que solo era un cuento como el de Blancanieves, ya es una broma.

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    Pedro J. Ramírez, Antonio Caño y Soledad Gallego-Díaz.
    Pedro J. Ramírez, Antonio Caño y Soledad Gallego-Díaz.

    En los buenos tiempos, cuando la prensa consumía cientos de bobinas de papel al día, El País hacía consejos de ministros. Ahora, los consejos de ministros hacen el staff de El País.

    Poco después de que Pedro Sánchez sustituyera en Moncloa a Mariano Rajoy, en la redacción de El País Antonio Caño dejaba su puesto a Soledad Gallego-Díaz. ¡Por fin El País se aplica la discriminación positiva que exige a otros y coloca a una mujer en la dirección! Y, oh casualidad, la opinión del periódico progresista sobre el Gobierno de Sánchez pasó de mala a excelente.

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    La mutación fue tan repentina que se le podía haber aplicado los versos de Lope de Vega sobre su prolificidad al escribir comedias: “Más de ciento, en horas veinticuatro, pasaron de las musas al teatro”.

    La opinión oficial de ‘El País’ pasó en unos días de calificar el Gobierno de Sánchez en sus editoriales de “inviable” a “bueno”

    Un editorial publicado el 1 de junio se titulaba “Un Gobierno inviable” y añadía “La moción desalojará a Rajoy, pero no generará más estabilidad política”. Otro editorial, publicado el 8 de junio, con Gallego-Díaz en el despacho de Caño y Sánchez en el de Rajoy, afirmaba lo contrario: “Un buen Gabinete” y “Pedro Sánchez opta por un mensaje de europeísmo, estabilidad y moderación”.

    Opiniones opuestas en el mismo periódico con una semana y un director de diferencia.
    Opiniones opuestas en el mismo periódico con una semana y un director de diferencia.

    El mismo día que se publicaba el editorial-lametón a Sánchez, Gallego Díaz presentaba su etapa con estas palabras: “Los ciudadanos se fían de esta redacción y tenemos que dar muestras a diario de que merecemos esta confianza”. Dime de qué presumes…

    Las matemáticas, esas reaccionarias, no variaban: Sánchez seguía con 84 diputados en el Congreso. Pero la opinión oficial de El País había girado como la habitual veleta. Mal camino para recuperar lectores o al menos mantener los que tiene. El País vendió en enero en torno a 86.000 ejemplares; en enero de 2017, la cifra de 102.000.

    Y luego se sorprenden los editores de que la gente prefiera informarse por Facebook y Twitter, en vez de por sus diarios. ¡Si es que ya se les ven los trucos como a los malos ilusionistas!

    Bajo el Gobierno de Rajoy, en tres meses escasos cambiaron tres directores de periódico. El Gobierno de Sánchez mantiene la costumbre

    Me pregunto si los progres que están celebrando que van a recuperar su «periódico de siempre», se dan cuenta de que están aplaudiendo un sistema de nombramientos que cambia al director según el inquilino de La Moncloa.

    ¿Y por qué? Miguel Ángel Aguilar fue derribado de su columna en El País por decir algo palmario para quienes no vivimos sometidos al Imperio Progre: que los periódicos, todos ellos, están ahogados por sus deudas y por las presiones del Gobierno.

    Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. / EFE

    Pocas pruebas más rotundas de la pérdida de influencia de la prensa podemos encontrar que el cambio de director en El País, paralelo al cambio de presidente de Gobierno.

    Como recuerda Luis Balcarce en su investigación Prisa. Liquidación de existencias, el editor y propietario de El País, Jesús Polanco, obtenía lo que quería de la UCD, del PSOE y hasta del PP, como la concesión de una televisión de pago, la venta de la participación del Estado en la SER y la absorción de Antena 3 Radio, mediante unos cuantos editoriales airados, en los que el redactor afirmaba que el ministro desobediente ponía en peligro la libertad que tanto nos había costado conquistar y que regresaba a hábitos franquistas.

    El nombramiento de directores gratos al partido que gobierna es la mayor muestra del desprestigio de la prensa de papel

    Entre diciembre de 2013 y febrero de 2014, los directores de tres de las cabeceras españolas más importantes fueron sustituidos: Màrius Carol en La Vanguardia, Pedro J. Ramírez en El Mundo y Javier Moreno en El País. Y quien piense que el Gobierno de Rajoy no tuvo nada que ver en esos cambios, seguro que también cree que las críticas de los libros de la editorial Alfaguara que publica El País son siempre sinceras en sus elogios sin que tenga nada que ver la propiedad de ambas empresas, que es la misma.

    En mi libro «Eternamente Franco» recojo una confesión que ha pasado desapercibida de quien fue director de La Vanguardia durante seis años (1983-1989), Lluís Foix, sobre el trato que le daba Jordi Pujol, entonces en la cima de su poder: el evasor de impuestos le enviaba en un sobre auto-entrevistas, no solo con las preguntas escritas por él, sino con el titular, y ay de Foix si cambiaba algo del texto.

    En una entrevista, el veterano periodista Vicente Talón dijo que en los años 70, bajo el franquismo, la censura se limitaba a las informaciones de nacional, de modo que era posible encontrar opiniones distintas en asuntos de internacional. Por ejemplo, durante la guerra del Yom Kippur (1973) él en Pueblo escribía desde el punto de vista de los árabes, mientras que en ABC José María Carrascal lo hacía más volcado hacia los israelíes. Y los lectores escogían el periódico que preferían. Hoy prácticamente no hay diferencias entre las cabeceras.

    Las cabeceras y los directores son distintos, pero la línea editorial es idéntica en todos: Trump malo, ‘welcome refugees’, viva Bruselas…

    Igualmente, tampoco va a haber diferencias en la línea editorial sobre lo importante entre el anterior director y su sucesora en El País: marcha atrás al Brexit; aborto bueno; fronteras malas; eutanasia, claro que sí; «welcome refugees»; Rusia es culpable; Trump enemigo del libre comercio; Unión Europea, excelente; diálogo en Cataluña y federalismo en España; entrevistas a George Soros; etcétera.

    En los pocos días que lleva Sánchez en Moncloa ya ha defraudado a sus más entusiastas hinchas de la bufanda roja: no se va a derogar la reforma laboral, se mantendrá al jefe del CNI y se ha promulgado una ley de desahucios. El cambio será solo de intensidad en asuntos como los inmigrantes y la Memoria Histórica. Para distraer a los bobos.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).