Escena de la película Dunkerque
Escena de la película Dunkerque

Puede sonar ampulosa la descripción que hacen las notas de producción oficiales de Dunkerque, éstas definen el film como un “thriller de acción épica”, en otros tiempos habríamos hablado de “cine bélico”, sin más epítetos.

Pero se entiende que a la hora de describir la increíble experiencia sensorial que proporciona Christopher Nolan falten las palabras, y que se piense que limitarse a nombrar Dunkerque como una “película de guerra”, no le hace, simplemente, justicia.

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En los últimos años las películas bélicas han ganado en complejidad y realismo, basta pensar, si miramos sólo a la Segunda Guerra Mundial, los logros de Steven Spielberg al describir el desembarco de Normandía en Salvar al soldado Ryan (1998), y los de Clint Eastwood y Mel Gibson al tratar la guerra del Pacífico en Cartas desde Iwo Jima (2006) y Hasta el último hombre (2016), los tres títulos logran que el espectador haga una auténtica inmersión en la experiencia de verse atrapado en una guerra.

En tal sentido, Christopher Nolan hace lo mismo, corregido y aumentado, en Dunkerque. Y lo hace en perfecta coherencia con el resto de su filmografía, donde siempre está presente la idea de experiencia, experiencia, experiencia, que el público viva en propia carne, intensamente, algo que nunca debe resultarle lejano, y que además, en la mayoría de los casos, se convierte en espectáculo, perfecto entretenimiento.

La playa de la película Dunkerque
La playa de la película Dunkerque

Rápido travelling por las dos décadas de Nolan en el cine:

  • Following (1998), el narrador que se mete en vidas ajenas, sigue a desconocidos e irrumpe en sus pisos para adquirir experiencias;
  • Memento (2000), la angustia por el crimen de la esposa, las ansias de venganza, y una rara amnesia de quien sólo tiene memoria reciente, de lo ocurrido hace diez minutos;
  • Insomnio (2002), el policía investigado por los propios compañeros trata de resolver un crimen;
  • Batman Begins (2002), El caballero oscuro (2005) y El caballero oscuro: La leyenda renace (2008), trilogía del héroe enmascarado con temas como la venganza, la justicia y la irracionalidad del mal;
  • El truco final (2006), la rivalidad entre dos magos, el rencor, la venganza, la intuición y la ciencia, hasta dónde llegarías para…;
  • Origen (2010), viaje al fondo de los sueños, el subconsciente y los deseos más profundos;
  • Interstellar (2014), los viajes espaciales, el paso del tiempo y la quinta dimensión del amor, el mundo que se nos escapa de las manos.

 Con un reparto coral, por tierra, mar y aire, nos lleva a la playa de Dunkerque, en mayo de 1940

Con estructuras narrativas audaces y rompedoras, el cineasta trata las grandes cuestiones relativas al ser humano, sus motivaciones, las razones para seguir viviendo.

Y en tal sentido, Dunkerque es, por fortuna, más de lo mismo. Con un reparto coral, por tierra, mar y aire, nos lleva a la playa de Dunkerque, en mayo de 1940.

Soldados y civiles, implicados en la increíble operación de evacuación de la Operación Dynamo, que permitió llevar de Francia a Reino Unido a más 300.000 personas. Una operación increíble, ya llevada en otras ocasiones al cine, pero a la que Nolan dota de fuerza inusitada.

Nolan, durante el rodaje de la película
Nolan, durante el rodaje de la película

Por un lado, atrapando acciones individuales de un colectivo, que reflejan actitudes muy humanas, no se busca demonizar a nadie, sino que nos reconozcamos en cada personaje y sus reacciones:

El instinto de supervivencia, el miedo paralizante, la picaresca en grados varios, el heroísmo que no se da importancia, el deseo de arrimar el hombro, la toma rápida de decisiones, el reconocimiento de un valor del que sus protagonistas apenas son conscientes…

Y logrando emoción por el increíble espectáculo visual y sonoro, donde las palabras, las justas, importan poco, frente a la pura sensación, atrapada en planos de gran belleza, perfectamente montados, y con una banda sonora maravillosa, donde se funden los ruidos de motores, disparos y explosiones, con lo que se diría el tic-tac del tiempo que vuela, y la espléndida música de Hans Zimmer, audaz y arriesgada, hecha para acompañar a las imágenes y que integra una variación muy particular del “Nimrod” de Edward Elgar.

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Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".