Cruda realidad / El fascismo ya no es lo que era

    Esperábamos la llegada del totalitarismo oteando el horizonte a ver si veíamos las banderas y uniformes, el 'look & feel' de los fascismos pasados y las revoluciones de película. Por eso hemos dejado entrar esta tiranía blanda, esta censura sin lápiz rojo ni sello oficial.

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    Mark Zuckerberg
    Mark Zuckerberg, fundador de Facebook / Wikimedia

    Pues yo sí tengo miedo, oigan. De hecho, estoy aterrada.

    No, no me asusta especialmente saltar por los aires mientras estoy haciendo la compra o que una camioneta me arrolle por la calle; conozco la estadística y sé que eso es aún muy improbable.

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    No, lo que me aterra es algo que me toca más de cerca: el control cada día más férreo que mantienen las élites sobre la Narrativa.

    Dicen que los generales siempre se preparan para la guerra anterior. Con esto significan que los estrategas tienden a obsesionarse con los modos y tácticas del último gran conflicto vivido, y tienden a aplicarlos a los nuevos, cuyas circunstancias son totalmente distintas y donde no funcionan.

    Como sociedad, nos ha pasado algo parecido. Esperábamos la llegada del totalitarismo oteando el horizonte a ver si veíamos las banderas y uniformes, el ‘look & feel’ de los fascismos pasados y las revoluciones de película. Por eso hemos dejado entrar esta tiranía blanda, esta censura sin lápiz rojo ni sello oficial.

    La línea canónica

    Uno de los errores -consecuencia de ‘guerras pasadas’-, al menos en mi caso, ha sido esa extrema dualidad ideológica por la que, aunque la doctrina no sea nunca tan simplista, tendamos a recelar del Estado o de las empresas, pero rara vez de ambos; una lee a un grupo que vocifera contra el Ibex y luego a una banda que clama contra el poder público, pero es infrecuente que sean los mismos.

    Google, Twitter, Facebook, Instagram: todas son empresas privadas, y todas ellas están censurando a saco: firman protocolos y disponen de consejos internos para decidir qué se censura

    Pero, ¿qué pasa si son los mismos? No estamos preparados para la nueva ‘guerra’, ni lo estaremos si miramos el panorama con los parámetros antiguos.

    Google, Twitter, Facebook, Instagram: todas son empresas privadas, y todas ellas están censurando a saco. Ni siquiera lo ocultan: firman abiertamente protocolos y disponen de consejos internos para decidir qué se censura.

    Logo de Facebook con el "Me gusta" al revés
    Logo de Facebook con el «Me gusta» al revés

    La línea ‘canónica’, lo que dice la doctrina, es que, bueno, son empresas privadas, es su dinero y pueden hacer lo que quieran; la libertad de expresión significa no callar forzosamente a nadie, no darle obligatoriamente una plataforma.

    Ya, pero usted sabe lo que es Google, ¿verdad? Entiende que Facebook, si fuera un país, sería de los más poblados del planeta. A eso, súmele plataformas de Internet para blogs o portales de noticias que constituyen la abrumadora mayoría del mercado.

    ¿En qué sentido real, no teórico, no es censura cuando el resultado práctico es que solo se oiga una voz?

    Teatrillo y reparto de sillas

    Todos, creo, nos hemos escandalizado con el intento de TVE de hacer pasar por una manifestación de repulsa islámica a los atentados de Barcelona una protesta de 2015. Ni se han molestado en hacer como la CNN, a la que se pilló orquestando una falsa marcha musulmana en Nueva York, con los empleados de la cadena repartiendo las pancartas y dando instrucciones a los supuestos manifestantes.

    TVE es pública, mientras que CNN es privada, pero la diferencia se desdibuja y las consignas son idénticas. CNN tiene acuerdos con muchísimos aeropuertos, por ejemplo, de modo que su programación aparezca en un sinfín de pantallas gigantes.

    Es desasosegante ver las principales cabeceras con idéntica interpretación del terrorismo, exacta atención a las declaraciones de los amigos y parientes de los terroristas

    ¿En qué sentido puedo librarme de ‘disfrutar’ de este servicio de una empresa privada en esa dos horas y pico de antelación que hay que aguardar en un aeropuerto? ¿Con tapones?

    También en teoría, tenemos una prensa de papel ‘diversa’. Hay que creer que responden a sensibilidades políticas muy distintas, y eso es cierto aplicado al teatrillo y reparto de sillas que es la politiquería nacional. Pero en todo lo importante son versiones del mismo Pravda capitalista.

    Es desasosegante pasar el lunes por el quiosco y ver las principales cabeceras con idéntica interpretación del terrorismo, exacta atención a las declaraciones de los amigos y parientes de los terroristas, no de las víctimas, no de los expertos en terrorismo. Creo que las casualidades existen, pero también tengo alguna noción del límite de las probabilidades.

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