El director de la SER presume de crear ‘fake news’

    La libertad la damos por supuesta en nuestros países, en Occidente, y es un enorme error, porque en realidad es frágil y está constantemente amenazada. Solo un pueblo vigilante puede conservarla, y no es un adjetivo que se me ocurra para aplicar a nuestra generación.

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    Imagen referencial de 'fake news'
    Imagen referencial de 'fake news'

    En una edición especial de ‘Hoy por Hoy’, el director de la SER ha dicho que no se van a limitar «a contar una agenda informativa», sino que la van a crear. «Uno de los propósitos de la nueva temporada es tensionar a los redactores de la SER y a nuestros oyentes en el sentido de que nosotros no gestionamos la actualidad, la creamos«, ha subrayado.

    Vaya novedad: los grandes medios, y muy especialmente Prisa, llevan ‘creando la actualidad’ desde que tengo uso de razón.

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    De la Rusia soviética solía decirse que, mientras en el resto del mundo el pasado era inalterable y el futuro estaba lleno de posibilidades, allí el futuro era inalterable y el pasado cambiaba continuamente.

    Aquí tenemos una cosa que se llama Ley de Memoria Histórica, que consiste en determinar por decreto lo que ha pasado, y pronto tendremos una Comisión de la Verdad, que manda narices que después de Orwell alguien se atreva a llamar así a algo oficial. Ambas están diseñadas para que algo tan impensablemente complejo como la historia reciente de un país, con toda su retahíla de historias personales en cada familia, con todos sus claroscuros y matices, con todas sus polémicas interminables e historiadores hundidos en documentación hasta las cejas que, sin embargo, no se ponen de acuerdo en lo que fue o significó, se convierta en un relato sencillo de buenos buenísimos y malos malísimos, una historia de Barrio Sésamo, esto es arriba y esto es abajo.

    Y quien dice la historia, lo que pasó, dice el presente.

    Es lógico, si lo piensan. El poder, el verdadero poder, es control, controlar no solo cómo vives, sino también, muy especialmente, lo que sabes, cómo concibes la realidad.

    Hoy el negocio de los medios no está tanto en vender primaveras de grandes almacenes como en ser el Gran Hermano

    Leí el otro día que quienes se dejan seducir por el relato de que los periodistas de renombre son unos insobornables sacerdotes de la verdad olvida o ignoran que la prensa es un negocio, que no es más que el relleno necesario para vender Semanas Fantásticas, libretones y colonias.

    Caliente, caliente, pero no. Eso lo fue hace años, antes de que Internet hiciera bastante ridículo pagar por un papel con las noticias ya muertas y sabidas, o tragarse los discursitos plagiados de esa misma prensa por un busto parlante convenientemente maquillado.

    No, hoy el negocio de los medios no está tanto en vender primaveras de grandes almacenes como en ser el Gran Hermano, el instrumento de propaganda de grupos de poder. Más que un negocio rentable en sí mismo -mire las cuentas de Prisa, háganme el favor-, sería más práctico concebir los grupos mediáticos como los departamentos de marketing de esos poderosísimos lobbies. Solo así tiene algún sentido que se siga invirtiendo en empresas que son un chorreo de pérdidas.

    La traducción correcta de ‘fake news’ debería ser «noticias sobre las que no ejercemos control»

    Eso hace, claro, que la verdad sea irrelevante, como dice cándidamente el director de la SER. Se trata de imponer una narrativa. Un ejemplo: el NARAL, el grupo de presión de los abortistas americanos, antes de que el aborto se convirtiera en ‘derecho constitucional’ (?) proporcionó amablemente cifras sobre mujeres fallecidas durante abortos ilegales que alguno de ellos confesó después que se los habían sacado de la manga. ‘El País’, por citar un ejemplo conocido, sigue manejando estadísticas de este tipo cada dos por tres para convencernos de que estamos a una iniciativa de ingeniería social de la utopía.

    Armas de destrucción masiva, ataques con gas en Siria, el incidente del Golfo de Tonkin, la ‘trama rusa’, las ‘fake news’ que condicionan todas las elecciones que no salen como a ellos les gusta… Es todo uno y lo mismo, el control de la información porque el conocimiento es poder, porque saben que una foto sentimental puede ponernos en humor bélico -indirecto, que nadie quiere que sean sus hijos los que vayan a morir a playas lejanas- y un vídeo hacernos aceptable la medida más disparatadas.

    Eso es lo que está detrás de las ingenuas palabras del director de la SER, cuyo nombre omito porque es un peón irrelevante, y detrás de todos los intentos de Facebook, Google y Twitter por censurar noticias y comentarios y cerrar cuentas, casi siempre en vísperas de algunas elecciones, así como de los esfuerzos de medios como Prisa de presionar para que se legisle contra esas ‘fake news’ cuya tradución correcta debería ser «noticias sobre las que no ejercemos control».

    La libertad la damos por supuesta en nuestros países, en Occidente, y es un enorme error, porque en realidad es frágil y está constantemente amenazada. Solo un pueblo vigilante puede conservarla, y no es un adjetivo que se me ocurra para aplicar a nuestra generación.

    Lo peor es que estamos condicionados fatalmente a esperar una repetición de los años 30, vigilamos la llegada de banderas y uniformes e inflamadas consignas que amenacen nuestra libertad y, naturalmente, quienes hoy amenazan nuestra libertad son demasiado listos como para cometer esa torpeza.

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