Dos formas de mostrar y no mostrar la violencia: Tarantino y el holocausto húngaro

    “Los odiosos ocho” y “El hijo de Saúl” son dos películas que tienen algo importante en común: ambas cuentan historias de tremenda violencia. Pero su modo de acometer la narración es completamente diferente.

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    Fotograma de la película 'El hijo de Saúl'/Fuente:EFE.

    Los caminos del cine son inescrutables. Este fin de semana llegan a la cartelera dos películas de indudable calidad, que describen horribles asesinatos. Los peores sin duda corresponden a El hijo de Saúl, cinta del debutante húngaro László Nemes, que ganó el Gran Premio del Jurado del último Festival de Cannes. La trama transcurre en uno de los campos de exterminio nazi, Auschwitz, y sigue los pasos del Sonderkommando Saúl, uno de los judíos que colaboraban ahí en el horror a cambio de su supervivencia.

    El tema está bastante trillado, pensará más de un lector, y es verdad que el cine sobre el holocausto constituye ya por derecho propio una especie de subgénero muy bien surtido. Pero formalmente la propuesta de Nemes resulta tremendamente original: además del formato de pantalla casi cuadrado, 1.33:1, seguimos casi todo el tiempo al protagonista en medio plano, con el resto del encuadre fuera de foco, en largas escenas sin cortar, de ritmo agitado, que crean en el espectador un gran desasosiego.

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    ‘El hijo de Saúl’

    Porque el espectador, precisamente por esa posible saturación de películas sobre el holocausto, sabe perfectamente lo que les ocurre a esas personas desdibujadas por la cámara, y su imaginación entra en juego, se evoca lo que no vemos; la violencia es psicológica pero casi insoportable en ese movimiento de las masas conducidas a las cámaras de gas, despojadas de su dignidad de personas, tratadas como animales.

    El sonido hace el resto, y este modo elíptico de encarar una página negra de la historia reciente resulta tremendamente eficaz, no puede dejar indiferente al público que entra en el juego que propone el cineasta húngaro. También por el rayito de esperanza que introduce el chico superviviente, por breve tiempo, del gaseado, capaz de despertar la humanidad del alma transformada en piedra del protagonista.

    No creo que ningún programador tremendamente perspicaz haya pensado adrede estrenar en el mismo fin de semana El hijo de Saúl y Los odiosos ocho, pero se ha producido la curiosa coincidencia. Y ambas compondrían un curioso e interesante programa doble, si no fuera por la larga duración de la cinta de Quentin Tarantino, sus más de tres horas, junto al metraje del otro film, convertirían la experiencia en un visionado de casi cinco excesivas horas.

    'Los odiosos ocho'
    ‘Los odiosos ocho’

    Una de las señas de identidad del antiguo empleado de videoclub devenido en cineasta es la violencia gráfica de sus películas. Es cierto que tiene un punto de irrealidad que la emparenta a veces con el cómic, y que viene atravesada por un humor salvaje que quiere hacer de contrapunto a lo que las imágenes muestran.

    Sí, es violencia de serie B, historias negras, peleas a lo Hong Kong, terror gore que produce risas incómodas, tono operístico típico de spaghetti-western. Lo que no impide que sea un modo de hacer bastante desagradable, no son sus filmes aptos para todas las retinas.

    Los odiosos ocho es una película hipnótica, bien escrita y dirigida, y Tarantino ha logrado que el mismísimo Ennio Morricone le componga la banda sonora. Trazada con tiralíneas, alguno pensará que se pasa de verborrea y metraje, pero si uno entra en el juego, puede disfrutar de la propuesta.

    Pero es eso, un juego, atravesado de cínica ironía, de odiosos personajes como señala un título que no engaña, ya sean los bandidos, los cazarrecompensas o un antiguo oficial sudista, donde la duda es quién sobrevivirá a la ensalada de violencia, exagerada en extremo, con los efectos del veneno o los sesos literalmente volando por los aires; la única bondad que detectamos se encuentra en los que regentan la casa de postas, y, no podía ser de otra manera en este cineasta, se trata de una bondad paródica.

    'Los odiosos ocho'
    ‘Los odiosos ocho’

    Tarantino es un cinéfilo, y aquí se ha permitido el lujo de rodar en celuloide, en Ultra Panavision 70, o sea, la ratio de pantalla es de 2.76:1. El formato no se usaba desde hacía 50 años. Por supuesto homenajea con su film a Sergio Leone, entre otros.

    El problema con el cineasta es que sus cintas no dejan de ser una gamberrada, muy bien armada y vistosa, pero algo hueca y a veces planteada con intención evidente de “epatar” al personal.

    ¿Es racista y misógino como algunos dicen, por los modos que caracterizan a los personajes de Samuel L. Jackson y Jennifer Jason Leigh? Por supuesto que no, y en el fondo es bastante más políticamente correcto de lo que algunos presuponen.

    En cualquier caso es justo reconocerle su ingenio y maestría, ideas como la carta de Lincoln, o el plano de arranque en el crucificado de piedra, son buen botón de muestra de ello. Cuando se ponga un poco más serio, tal vez ruede alguna obra maestra. Pero hoy no, quizá mañana.

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    Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".