El cine como experiencia y atracción de feria: la vida en un hilo de “The Walk” y “Point Break”

    No basta con especialistas y efectos visuales apañados, hay que tener talento para integrarlos en una trama con gancho y dar así una buena película.

    0
    fotogrma de la película The Walk/ Sony Pictures

    El cine nunca ha abdicado de sus humildes orígenes como atracción de feria. Su capacidad de mostrar lo imposible, o de comunicar sensaciones y experiencias que uno nunca podría soñar en vivir, continúa en una búsqueda que no cesa, la del “más difícil todavía”.

    Cuando los hermanos Lumière utilizaban su invento recién presentado del cinematógrafo, reproducían escenas bastante cotidianas, la salida de unos obreros de la fábrica, un tren marchando a toda velocidad, alguien que se mojaba durante el riego del jardín.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

    Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

    Suscríbete ahora

    Fue Georges Méliès el que empezó a mostrar escenas imposibles con sus imaginativos trucajes, de los que la Luna con un cohete en el ojo se ha convertido en indiscutible emblema. Uno de sus grandes y entusiastas seguidores fue el aragonés Segundo de Chomón, del que recientemente se estrenó un original documental con elementos de ficción, El hombre que quiso ser Segundo, que desgraciadamente no ha recibido la atención que merecía, una lástima.

    Fragmento de una película de George Meilès
    Fragmento de una película de George Meilès

    La imaginería de estos pioneros del cine conectaba con la atmósfera mágica y misteriosa de las populares atracciones feriales, con “freaks” de todos los pelajes, incluidas las famosas mujeres barbudas, se trataba de alcanzar a ver lo nunca visto.

    Era un modo de tener algo parecido a la experiencia sin haber vivido dicha experiencia

    Han pasado más de cien años, y las cosas no han cambiado tanto. Por supuesto que el cine habló, y se crearon historias más dramáticas y elaboradas psicológicamente, pero no se dejó de buscar lo espectacular y exótico, las películas debían llevarnos adonde no podríamos llegar nosotros, cumbres inalcanzables, profundidades oceánicas, el centro de la Tierra, galaxias lejanas, muy lejanas, épocas pasadas, culturas muy distintas a la propia. Era un modo de tener algo parecido a la experiencia sin haber vivido dicha experiencia.

    A tal propósito, la actual perfección de los efectos visuales está logrando resultados increíbles. Cuando hay talento y profesionalidad podemos sentirnos auténticos astronautas en peligro de perecer, como le ocurre a Sandra Bullock en Gravity.

    Es una película que utiliza con sentido el 3D, lo mismo que ocurre en la reciente El desafío (The Walk), en la que Robert Zemeckis nos invita a regresar no al futuro sino al pasado, a 1974, año en que el funambulista francés Philippe Petit cubrió, sobre un alambre suspendido en el vacío, la distancia que separaba las azoteas de las Torres Gemelas neoyorquinas, trágicamente derribadas en los atentados del 11-S.

    Zemeckis hace experimentar al espectador verdadero vértigo, transmite auténtica angustia; y a la vez impregna de romanticismo tintinesco la pequeña gran proeza de Petit, porque se trata de hacer realidad los sueños, de dotar de inesperada poesía a unos edificios que producían rechazo a la opinión pública; e incluso el modo clandestino de proceder, “castigado” con otra actuación menos peligrosa en Central Park, incide más en lo que podría describirse antes como “travesura” que como “acción ilegal constitutiva de delito y bla, bla, bla…”.

    No basta con especialistas y efectos visuales apañados, hay que tener talento para integrarlos en una trama con gancho

    Quiere recrear sensaciones de deporte de riesgo Point Break. Sin límites, remake de Le llaman Bodhi. Paradójicamente, y para tratarse de una trama de delincuentes transidos de una supuestamente estimulante filosofía new age, que realizan sus acciones criminales con increíbles piruetas por tierra, mar, aire y nieve, la cosa no tiene poesía alguna, e incluso adolece de poco emocionante. Y que conste que la acción, servida también en 3D, es espectacular. Pero los personajes y sus motivaciones son tan sosainas, que nos hacen añorar el film de 1991 dirigido por una superwoman, Kathryn Bigelow, que sin ser la repanocha, era una buena serie B, mientras que lo entregado por Ericson Core es una mala serie B.

    Moraleja: no basta con especialistas y efectos visuales apañados, hay que tener talento para integrarlos en una trama con gancho y dar así una buena película.

    Comentarios

    Comentarios

    Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".