El ‘ninot’ del Rey

    ¿El ninot del Rey? Personalmente, ni me va ni me viene. Si alguien quiere pagar 200.000 euros por algo que deberá quemar, allá él/ella/elle. Está muy logrado, eso sí, aunque creo que toda la polvareda que ha levantado es tan excesiva como reveladora.

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    Controvertido ninot del Rey Felipe VI expuesto en ARCO 2019 /EFE
    Controvertido ninot del Rey Felipe VI expuesto en ARCO 2019 /EFE

    La polémica de la edición de ARCO de este año -66 euros la entrada, catálogo incluido-  es un ninot del Rey, que se vende por 200.000 euros y con la condición de quemarlo en el plazo de un año. Nada nuevo, por otra parte. ARCO es esa cita donde conviven geniales creadores de vanguardia con pícaros -en el sentido más español de la palabra; me resisto a llamarlos “artistas”- que perpetran cosas infumables. Lo peor es que hay quien las compra. No puedo evitar pensar en Tapies cada vez que hablo de estos segundos.

    De él se ha destacado el “marcado sentido espiritual de su obra, donde el soporte material trasciende su estado para significar un profundo análisis de la condición humana”. ¿Suena bien, verdad? Otra cosa es que se entienda. Particularmente, un aspa garabateada sobre arpillera y un trozo de madera no me inspira demasiado. Pasa lo mismo con el resto de sus “creaciones”. Imagino a los pobres operarios de los distintos museos donde el finado ha expuesto a la hora de colocar sus cuadros. Más de una vez ha pasado en ARCO; “obras” que van a la basura pensando que son eso, basura; otras en las que el autor ha de estar presente para indicar cómo han de situarse, etc. El tema, sin embargo, viene de lejos. Cuando el MOMA de Nueva York adquirió en 1961 Le Bateau, de Matisse, lo colgó al revés, y así estuvo casi dos meses hasta que alguien se dio cuenta. Durante todo ese tiempo, más de 12.000 personas lo contemplaron sin observar nada extraño. Y eso que Le Bateau es una obra sumamente original, digna del genio que la pintó. En los grandes artistas, esa misma genialidad ha trascendido lo meramente pictórico, imbuyendo el resto de sus trayectorias vitales de una aureola especial.

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    Le Bateau, de Matisse, fue colocado del revés durante dos meses en el MOMA de Nueva York.
    Le Bateau, de Matisse, fue colocado del revés durante dos meses en el MOMA de Nueva York.

    El prior de Santa Maria delle Grazie escribió a Ludovico el Moro para quejarse de la actitud de Leonardo da Vinci y los escasos progresos que hacía en La Ultima Cena. Durante más de un año, el autor esquilmó las bodegas del priorato hasta dar con un vino que tuviera el color óptimo. En ese mismo tiempo, arrambló también con la despensa de los pobres frailes, que veían cómo los modelos de Leonardo se ponían tibios con los manjares que el propio Leonardo cocinaba, conformándose después con tomar notas mientras los “discípulos” se daban a la gula con fruición. Aún así, nadie negará que el resultado bien mereciera la pena.

    Cuentan que, en cierta ocasión, unos alemanes contemplaban el Guernica en presencia de Picasso. A uno de ellos se le ocurrió preguntarle: “¿Esto lo ha hecho usted?”. La respuesta del malagueño debió dejarle de unja pieza: “Esto lo han hecho ustedes”. No se conocen genialidades semejantes de Tapies, ni creo que vayan a conocerse. Pero ojo, el tipo en cuestión tiene un mérito indudable, cual es el de haber logrado vender obras suyas por un potosí, y hacerse un nombre dentro de la historia del arte. Que es bastante más de lo que lograrán muchos de los que este año insultan a la inteligencia en nombre del arte.

    ¿El ninot del Rey? Personalmente, ni me va ni me viene. Si alguien quiere pagar 200.000 euros por algo que deberá quemar, allá él/ella/elle. Está muy logrado, eso sí, aunque creo que toda la polvareda que ha levantado es tan excesiva como reveladora. Y es que si esto es lo más relevante de ARCO, vaya por Dios.

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