García Lorca desapareció cuando estaba con unos falangistas

    ¿Se imagina, amigo lector, que un historiador presentase el asesinato de Federico García Lorca como si hubiera desaparecido mientras paseaba con unos falangistas? Pues ésa es la versión de RTVE, la de todos y todas, sobre unas monjas asesinadas por la chusma miliciana.

    0
    Federico García Lorca
    El escritor Federico García Lorca

    Una de las mejores estrofas escritas por William Shakespeare la encontramos en El mercader de Venecia, cuando Shylock reivindica su humanidad y la de todos los judíos frente a los cristianos en unos versos conmovedores:

    “Soy un judío. ¿Es  que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no está nutrido de los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?”

    Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

    Haz un donativo ahora

    Pues según los súbditos del Imperio Progre los izquierdistas españoles son asesinados, mientras que los derechistas, los católicos o las monjas desaparecen, fallecen o se desvanecen.

    Las monjas concepcionistas desaparecieron, ¿porque las abdujo un OVNI o porque se fugaron con unos milicianos sudorosos?

    Con motivo de la beatificación el sábado 22 de 14 monjas concepcionistas secuestradas, vejadas y asesinadas en Madrid por milicianos rojos debido a su condición de religiosas católicas, TVE presentó este asesinato múltiple por odio como un caso más propio de Cuarto Milenio.

    Según la televisión pública, las monjas “desaparecieron en 1936 cuando se las llevaron de su refugio un grupo de milicianos”. Sin más detalles. La curiosidad que debería caracterizar al periodista, como si se tratara de un novelista de misterio, se esfuma… porque sus jefes se proclaman descendientes ideológicos de los asesinos.

    ¿Quiénes eran esos milicianos?, ¿eran de izquierdas o de derechas, socialistas o comunistas? ¿Dónde estaba ese refugio? ¿De quiénes se ocultaban las monjas?, ¿qué temían: un bombardeo de los nacionales o una matanza perpetrada por la Brigada del Amanecer? ¿Es que había bandas de matones en Madrid en 1936, cuando ‘el pueblo’ se defendía de los ‘facciosos’?

    Ahora el Gobierno propone una tasa para que Netflix y HBO financien la RTVE de la incompetente y sectaria Rosa María Mateo

    ¿Desaparecieron las monjas porque las abdujo un OVNI?, ¿porque los milicianos las fusilaron en una de esas cunetas que pueblan las pesadillas de Mamen Mendizábal?, ¿o porque, como escribió Almudena Grandes de otra religiosa, encontraron el amor: “Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos”?

    Ésta es la televisión que, a la vista de la incompetencia de Rosa María Mateo, el Gobierno pretende que financien Netflix y HBO, ya que no bastan los impuestos de los españoles. Por mí, que la cierren.

    De nuevo, la ‘memoria histórica’ y todo el aparato ideológico, judicial, político, universitario y ‘oenegero’ que hay montado en torno a ella, demuestra que es un mecanismo del Imperio Progre para dominar el debate político mediante la lágrima fácil y crear una casta de seres superiores por su sufrimiento heredado.

    La memoria histórica no recupera ni difunde los sufrimientos de todas las víctimas, sino de unas sobre las otras. Por eso, es parcial, mentirosa, sectaria y, además, un negocio.

    En agosto, Pedro Sánchez recordó a unas militantes socialistas fusiladas en 1939; lo hizo, para mayor ridículo, con una imagen de la película (subvencionada, claro) que las glorifica. Pero olvida a las mártires concepcionistas, porque no son ‘de los suyos’. Ésta es la reconciliación que nos ofrece el PSOE, el partido español más implicado en golpes de Estado, revoluciones, matanzas y robos del siglo XX.

    La ‘política de memoria’, sobre la que se celebra un congreso en Madrid con 1.500 participantes (esto, ¿quién lo paga?), supone en definitiva desenterrar a unos y enterrar a otros. Cuando se cumplieron 80 años del asesinato en Paracuellos de Pedro Muñoz Seca, la Biblioteca Nacional, dependiente entonces de un Gobierno del PP, recordó su muerte sin aludir a que fue causada por las izquierdas. Lo mismo podía haber fallecido de gripe, atropellado por un tranvía o asesinado por unos falangistas.

    La izquierda, que se rasga las vestiduras cuando se dedica un programa de televisión a José Antonio Primo de Rivera o prohíbe una conferencia sobre Agustín de Foxá, ¿qué aullaría si un diputado o un profesor dijesen que Federico García Lorca “desapareció cuando iba escoltado por unos falangistas que le habían sacado de su celda”?

    Y es que hay muertos de primera y de segunda, víctimas (y no entro en su condición de tales) que el Estado nos obliga a recordar y otras cuyo recuerdo pretende extirparnos. El comunista Marcos Ana pertenece al primer grupo; y las monjas concepcionistas al segundo. Honrar a un asesino múltiple y relegar unas religiosas que no habían hecho ningún daño. Si esto no es la perversión de la sociedad…

    Comentarios

    Comentarios

    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).