El grito silencioso de Martin Scorsese, o una mirada renovada a su fe católica

    Cualquiera que haya oído hablar de las “noches oscuras” de las que hablan los místicos entenderá 'Silencio', y no caerá en el llamado, con razón, escándalo farisaico.

    0
    Imagen de la película 'Silencio'
    Imagen de la película 'Silencio'

    Martin Scorsese es un cineasta complejo. Shusaku Endo, el novelista japonés que adapta en “Silencio”, también es un artista complicado. No es de extrañar en tal tesitura que algunos espectadores estén perplejos ante una película que el italoamericano ha presentado en el mismísimo Vaticano, audiencia incluida con el Papa Francisco.

    Silencio es una película formidable. Rodada con exquisita sensibilidad. Y personalísima, Martin Scorsese firma el guión en compañía de su habitual colaborador Jay Cocks. Conviene tener en cuenta que el cineasta no firmaba el libreto de una de sus películas desde Casino, del ya lejano 1995.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

    Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

    Suscríbete ahora

    Tiene un trasfondo histórico, aunque contenga, como es natural, elementos de ficción. La evangelización del Japón en el siglo XVII fue compleja, a una primera etapa floreciente con San Francisco Javier, siguió un periodo de terrible y sangrienta persecución, en el que mantener la fe suponía afrontar torturas y una muerte cruel, el martirio. La tentación de la apostasía era terrible, no todo el mundo tenía la fuerza suficiente para resistir.

    A ello la novela de Endo y la película de Scorsese suman un elemento más: el chantaje durísimo que supone para el protagonista, el padre Rodrigues –extraordinario Andrew Garfield, visto también recientemente con otro papel espiritual en Hasta el último hombre, de Mel Gibson–, que le amenacen con ejecutar a los sencillos cristianos japoneses, incluso tras haber abjurado de la fe; las autoridades locales quieren cobrarse piezas mayores, que caigan los misioneros, como dice el dicho, y con perdón, “muerto el perro, se acabó la rabia”.

    El director, Martin Scorsese, durante el rodaje
    El director, Martin Scorsese, durante el rodaje

    Endo y Scorsese tienen en común su fe católica, y el ambiente a veces hostil donde la han desarrollado. El japonés se convirtió con doce años, a la vez que su madre. No se puede obviar la dificultad de mantener unas creencias ajenas a la propia cultura, aceptadas por primera vez al comienzo de la adolescencia, y luego abordadas con mirada diversa a lo largo de toda una vida y a través de una fructífera carrera literaria, donde las dudas y la oscuridad le valieron ser comparado con otro ilustre converso, el británico novelista Graham Greene.

    Cuando en 1988 dirigió ‘La última tentación de Cristo’ no imaginaba la que se le venía encima

    Por su parte Scorsese se formó en un ambiente católico, pero en un barrio duro, el Queens neoyorquino, donde la violencia y el gangsterismo eran moneda corriente. Parte de esa rabia se traspasó a su carrera fílmica, con personajes interiormente torturados, que buscan de algún modo la redención, piénsese en el Robert De Niro de Taxi Driver, cuando estaba asociado a Paul Schrader.

    Cuando en 1988 dirigió La última tentación de Cristo no imaginaba la que se le venía encima. Desde luego el director no atravesaba su mejor momento, y más allá del escándalo producido por su adaptación de una controvertida obra de Nikos Kazantzakis, estaba la pobre, terrenal, escuchimizada visión que se daba de Jesús, alguien que dudaba de sí mismo y su misión de un modo enfermizo, que fabricaba cruces para las ejecuciones romanas.

    Quizá Scorsese quiso que ese Jesús le reflejara a él en su encrucijada, un error garrafal, que dio pie a uno de sus filmes menos interesantes. Los que le defendieron, sólo lo hicieron en aras a la libertad artística, pero todos sabían que no era un trabajo logrado.

    Imagen de la película 'Silencio'
    Imagen de la película ‘Silencio’

    Sin embargo, Silencio es una película interiorizada en un período de madurez, y es una cinta rica y poliédrica, estéticamente muy bella, con el timing perfecto y maravillosa interpretaciones.

    Y que habla de algo tan interesante como que Dios escribe con renglones torcidos. Aborda temas espinosos, como el de la dificultad de la inculturación en un entorno donde los conceptos cristianos no se entienden.

    Y, aquí, acierta, muestra en el protagonista que sería un error pretender suplantar a Jesús, que es lo que hizo en La última tentación, y que sin embargo el Maestro guía de maneras misteriosas, aunque hace falta mucha humildad para entender y caminar por las sendas que nos tiene marcadas.

    Cualquiera que haya oído hablar de las “noches oscuras” de las que hablan los místicos entenderá Silencio, y no caerá en el llamado, con razón, escándalo farisaico, antes pruebas y respuestas que no tienen por qué ser ejemplares, pero sí comprensibles, lo que es el caso.

    Comentarios

    Comentarios

    Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".