Imagen de la nueva película de Jason Bourne (2016)
Imagen de la nueva película de Jason Bourne (2016)

La ficción audiovisual vive una encrucijada, y como experiencia cinematográfica reclama más y más espectacularidad, por la que merezca la pena acudir a la gran pantalla de una sala. Y en esta línea han florecido las sagas de espías y agentes supersecretos, donde las nuevas entregas intentan una y otra vez el “más difícil todavía” circense.

El pasado 13 de julio recalaba en Madrid Matt Damon, quien aparte de posar ante los medios con una camiseta del Atlético de Madrid, acompañado de Enrique Cerezo, vino a promocionar con Alicia Vikander su nueva película Jason Bourne, la quinta de la saga del agente asesino sin memoria, y la cuarta en la que ha intervenido como protagonista.

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Como es bien sabido la saga Bourne se basa en las novelas de Robert Ludlum, pero obviando la guerra fría que era su original telón de fondo y plegándose a otros contextos más reconocibles por el espectador actual.

Las películas de Misión imposible parten de una popular serie televisiva que también manejaba el mismo contexto político con su popular música de Lalo Schifrin y el mensaje de “esta grabación se autodestruirá en cinco segundos”, entre otros elementos diferenciadores.

Imagen de la película Jason Bourne

Mientras que las andanzas de 007 tienen su fuente literaria original en la obra de Ian Fleming, con el agente seductor con smoking, gadgets varios y licencia para matar, pero también adaptada a las circunstancias de la actualidad política de cada momento.

Las películas de las distintas sagas podrían ser intercambiables. Esto no es necesariamente malo, y unas y otras son películas palomiteras

Considero que, con arreglos mínimos, las películas de las distintas sagas podrían ser intercambiables. Esto no es necesariamente malo, y unas y otras son películas palomiteras, muy adrenalíticas y plenamente disfrutables. Pero no deja de ser sintomático de una cierta falta de imaginación.

De modo que le pregunto a Damon qué elementos distintivos presentan, a su entender, las tramas en que se ve inmerso Jason Bourne frente a las de Ethan Hunt y James Bond, cuando a la postre las tres sagas tratan de pegarse simplemente a la actualidad, reciclándose oportunamente.

El actor, muy diplomático y de acuerdo con la estrategia de los estudios, se limita a hace hincapié en que “hay espacio para las tres sagas”, y que “cuando hago una película Bourne me centro en ella, no pienso en competir”, mientras alaba el trabajo de su colega Tom Cruise, del que dice que piensa ha hecho algo extraordinario.

Si los últimos títulos de Bond buscaron cierta vitola de prestigio fichando para tareas de dirección a Sam Mendes, responsable de American Beauty, también las películas Bourne han buscado su sello personal con Paul Greengrass, un director que se forjó en el documental y el periodismo de investigación, y a quien interesa el mundo de los servicios secretos, como demuestra su libro de 1987 “Spycatcher”, sobre el modus operandi del MI5.

Imagen de la película Jason Bourne (2016)
Imagen de la película Jason Bourne (2016)

Sus películas basadas en hechos reales Domingo sangriento –sobre las protestas en 1972 contra las medidas represivas del gobierno británico contra el IRA, que acabaron en un baño de sangre–, United 93 –sobre uno de los aviones secuestrados en el 11-S– y Capitán Phillips –la peripecia de un barco secuestrado por piratas somalíes– presentan un aire realista, cercano al documental. Y la idea de incluir escenas de acción asombrosas en Jason Bourne y sus predecesoras El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne, e imprimirles una cierta credibilidad, es la que logra marcar una cierta diferencia estilística con las otras sagas mencionadas.

Y así las persecuciones en Atenas –en las algaradas de protesta por la crisis–, Londres –en un día normal en la City– y Las Vegas –en una convención tecnológica– logran la paradoja de que auténticas fantasmadas de coches volando o penetrando en edificios, no tengan el aire de irrealidad de otras producciones que abusan de la parafernalia digital.

En cuanto al argumento, se combina la idea de siempre de atrapar a Bourne con filtraciones en internet de información y la invasión de la privacidad

En cuanto al argumento, se combina la idea de siempre de atrapar a Bourne con filtraciones en internet de información y la invasión de la privacidad, Assange y Snowden mandan.

Pero en fin, no nos engañemos. Bourne, Bond y Hunt comparten el hecho de que no se nos dan demasiados datos sobre su vida privada, la acción espectacular, los escenarios exóticos, elementos políticos o tecnológicos de rabiosa actualidad y la presencia de algún jefe más o menos traidorzuelo a los ideales de su país.

De modo que sí, en el caso de que un guionista escribiera una historia para Bourne, y los responsables de franquicia no la quisieran, con gran facilidad podría adaptarse su esqueleto a las andanzas de otros personajes.

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Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".