Juan Manuel de Prada: ¿Es la serie ‘El joven Papa’ una obra irreverente o una apología de la fe?

    La polémica serie versa sobre un papa ficticio, Pío XIII (Jude Law). Y el director, Paolo Sorrentino, ha sido comparado con Fellini: barroco, genial, escandaloso, irreverente. Pero en opinión de Juan Manuel De Prada, el director critica a la Iglesia, pero a su vez cae rendido ante ella.

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    Juan Manuel de Prada y el actor Jude Law que interpreta a Pío XIII
    Juan Manuel de Prada y el actor Jude Law que interpreta a Pío XIII

    El escritor y columnista de ABC Juan Manuel de Prada ha publicado un artículo en el Osservatore Romano sobre la serie The Young Pope (El Joven Papa) del famoso director de cine, Paolo Sorrentino (autor de La gran belleza) y cuyo papel principal recae en el actor británico Jude Law (Enemigo a las puertas) quien interpreta a Lenny Belardo, el hipotético y ficticio Pío XIII.

    La serie relata en diez capítulos cómo Pío XIII acaba de convertirse en papa con poco más de cuarenta años.

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    Secundado por la hermana Mary (Diane Keaton) que le crió en un orfanato en los Estados Unidos, el joven se dispone a iniciar su pontificado con un discurso que muestre su personalidad.

    Película La Gran Belleza de Paolo Saorrentino
    Película La Gran Belleza de Paolo Saorrentino

    Y, es que, llega al Vaticano con la fama de ser ultraconservador pero a la vez adorado por los más pobres.

    «El director no puede evitar reconocer un “no sé qué” sublime que lo rebasa. Sorrentino es un descreído de formación católica que, mientras se mofa de la Iglesia, cae rendido ante ella»

    La serie es muy polémica porque bucea en los entesijos de las intrigas vaticanas, muestra las luchas por el poder dentro de la jerarquía, y también los vicios y debilidades humanas de cardenales y monseñores.

    En opinión de Juan Manuel De Prada, Sorrentino critica a la Iglesia, pero a su vez cae rendido ante ella.

    «Queriendo tomársela a broma, Sorrentino no puede evitar tomarse a la Iglesia muy en serio» apunta el escritor.

    «Mostrando los aspectos más bufonescos y penosos de las intriguillas eclesiásticas (y magnificándolos hasta la caricatura), Sorrentino no puede evitar reconocer un “no sé qué” sublime que lo rebasa. Sorrentino es un descreído de formación católica que, mientras se mofa de la Iglesia, cae rendido ante ella», detalla.

    Además, el columnista de ABC cree que no es una serie apta para «la inmensa parroquia de la moralina y de la ortodoxia infantil», pero tampoco los espectadores podrán «disfrutar de inmoralidades y heterodoxias», recalca.

    «La elección como protagonista de un papa tradicional que adopta posiciones tal vez muy duras nos demuestra que es un provocador en el sentido más noble de la palabra»

    De Prada asegura que no es la creación de un tosco propagandista anticatólico.

    Imagen de la serie El Joven Papa
    Imagen de la serie El Joven Papa

    «Tal vez Sorrentino pueda ser tildado de insidioso o malévolo; pero la elección como protagonista de un papa tradicional (otros dirían “carca” o integrista) que adopta posiciones tal vez muy duras (pero no contrarias a la doctrina católica) nos demuestra que es un provocador en el sentido más noble de la palabra», señala.

    Y concluye: «Sorrentino, después de habernos puesto a prueba con sus provocaciones, termina adulando el espíritu de su época.

    Aunque, entre las adulaciones a su época, asoma una misteriosa y conflictiva nostalgia de la Belleza, la Verdad y el Bien que participa a un tiempo de la ironía y la elegía, la burla y la veneración«.

    Chesterton: «Los imperios fueron fundados por hombres fuertes y perecieron. Sólo la Iglesia fue fundada sobre un hombre débil, y por esa razón es indestructible”

    Hay momentos en que la serie del Joven Papa puede parecer frívola e incluso escabrosa, pero misteriosamente, lo que Sorrentino transmite es que Dios escribe derecho en su Iglesia con renglones torcidos.

    Nada más oportuno que la cita de G.K. Chesterton que Juan Manuel de Prada incluye en su reflexión.

    “Todos los imperios y los reinos han perecido a causa de su debilidad inherente y continua, a pesar de haber sido fundados sobre hombres fuertes y sobre hombros fuertes. Sólo la Iglesia fue fundada sobre un hombre débil, y por esa razón es indestructible”.

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