It.

Resulta paradójico. ¿No nos da ya suficientes sustos el mundo real? Los atentados de Barcelona y Cambrils, los huracanes Harvey e Irma, los disturbios raciales de Charlottesville, los desplazamientos masivos de los rojingas a Bangladesh desde Burma, más las pruebas nucleares de Corea de Norte, y ello sin mencionar las guerras y conflictos que no cesan, Siria, Afganistán, Irak, Yemen, y aquí en los alrededores la tensión independentista en Cataluña, y perdón por todo lo que me olvido…

Pues no basta, queremos pasar miedo, y el escritor de best-sellers Stephen King, originario del estado de Maine, tan presente en su obra, es un especialista en la materia. Y no sabemos cómo, golpe de suerte, It ha llegado en el momento oportuno, cuando la cartelera estadounidense mostraba en cabeza una película bastante tontorrona, El otro guardaespaldas, que ha repetido varias semanas en la primera posición, porque no había estrenos de entidad, sólo aguantaban los veteranos poderosos como Dunkerque y Spider-Man: Homecoming.

It.

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La novela It, publicada en 1986, ya había sido adaptada para televisión en 1990, aunque no acabó de convencer a los fans. En cambio la nueva versión ha entusiasmado bastante. No ha alejado a nadie de las salas -con los huracanes de estos días, podría uno pensar que los espectadores no querrían nada que les evocara estos azotes naturales-, que en el arranque un niño desafíe un potente aguacero siguiendo un barquito de papel que le ha fabricado su hermano mayor, hasta un desagüe.

Allí va a asomar el siniestro e icónico payaso que todos hemos visto retratado, tan familiar como el globo que le acompaña, King transmuta estos elementos entrañables del mundo infantil en terroríficos, capaces de despertar todo tipo de pesadillas.

El director argentino Andrés Muschietti parece haber encontrado su sitio en Hollywood tras asustar con Mamá, que le produjo el mexicano experto en el fantástico Guillermo del Toro. Lo cierto es que sabe crear atmósferas desasosegantes, e imprime a un film que dura más de dos horas un ritmo impresionante. En realidad la legendaria presencia maldita de It, Eso, casi es lo de menos, tampoco recibimos grandes explicaciones al respecto.

Lo que funciona a la perfección es esa atmósfera idílica tan ochentera del verano, con la pandilla de amigos perdedores y algo friquis, los abusones de turno, la chica que los enamora a todos.

Una atmósfera que estaba bien presente en una de las mejores adaptaciones de un relato de King, la inolvidable Cuenta conmigo (Stand By Me, Rob Reiner, 1986), y que goza de excelente salud, pues es una indudable inspiración de una de las más exitosas series de Netflix, Stranger Things, que no es de King, pero bebe de ese espíritu, el espíritu de títulos como Los Goonies (Richard Donner, 1985).

It.

Aquí un aspecto digno de tenerse en cuenta es que todos los personajes adultos son una panda de impresentables. ¿Una invitación a conservar la inocencia de los primeros años? Quizá.

Confieso no haber leído mucho a King, pero creo que tiene la virtud de enganchar, maneja magníficos puntos de partida y resulta innegable su gran capacidad para el relato, y el hecho de que posee un universo propio, con sus personales pesadillas, algunas dignas de ser estudiadas por un psicoanalista.

Prefiero sus historias ancladas en el realismo, que las más abiertamente fantásticas, aunque también en este terreno ha demostrado ser original. Por contra, le pierden a veces algunos aspectos morbosos que detesto, me viene a la cabeza esa especie de obsesión que tiene con la sangre y la menstruación femenina, presentes en Carrie (1976) y también en It, o el típico fanatismo religioso que suelen presentar algunos personajes, que se dirían producto de algún trauma infantil o así.

Algunas de sus novelas han dado pie a películas muy buenas e incluso excepcionales. Me parece increíble lo que hizo con Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, Frank Darabont, 1994), una auténtica joya del cine carcelario, y un canto a la amistad con muchísimas sorpresas.

Cadena perpetua.

Pero también resultan muy apreciables Misery (Rob Reiner, 1990), El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980), La milla verde (The Green Mile, Frank Darabont, 1999) y La niebla (Frank Darabont, 2007). Otras muchas tienen ideas prometedoras, pero se desinflan.

Qué gran idea la de 22.11.63 (2016), una miniserie de viajes en el tiempo en que el protagonista se plantea evitar el magnicidio de John Fitzgerald Kennedy y cambiar la historia. Y qué lástima que no logre sostenerse con una trama memorable en todo momento.

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Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".