Mural de protesta contra el calentamiento global en Washington DC, en 2009. (Fotografía: Brian Gratwicke, conlicencia Creative Commons)
Mural de protesta contra el calentamiento global en Washington DC, en 2009. (Fotografía: Brian Gratwicke, conlicencia Creative Commons)

Lo malo de las sociedades híper seculares es la enorme cantidad de religiones organizadas que quieren salvarte aunque te resistas. Una de las más resueltas es la religión del calentamiento global de los santos últimos días.

No confundir con la ciencia del calentamiento global y su saber razonable y cauto sobre el impacto del ser humano en el clima.

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La religión del calentamiento global es una fe del tipo milenarista, que anuncia el fin del mundo para dentro de unos años. Como los testigos de Jehová, pero, en vez de un mesías en el último minuto, un oso polar flotando confuso en la bahía de Cartagena de Indias.

Un artículo en la NPR, la radio pública de los Estados Unidos, se pregunta: “¿Debemos tener niños en la era del cambio climático?”. Travis Reider, profesor de la universidad Johns Hopkins, cree que “tal vez debamos proteger a los niños no teniéndolos”.

Propaganda del Gobierno chino anterior a la política de hijo único. (Fotografía: Jimmie, con licencia Creative Commons)

Era cuestión de tiempo que la religión del calentamiento global y la religión de la contracepción se fusionaran. Aquí está, al fin, el gigante de la consultoría apocalíptica. En realidad, una y otra siempre han ido de la mano.

A principios de los años 70 del pasado siglo, los primeros apóstoles del cambio climático predicaban la glaciación inminente de la Tierra y el agotamiento del petróleo, mientras sus hermanos de profecía vaticinaban la “bomba de población” que acabaría con los recursos naturales.

Ahora predican el derretimiento de los casquetes polares, el efecto invernadero y la desaparición de Manhattan bajo las aguas

Como todavía seguimos yendo a la playa, viajando en aviones e inventando cosas que mejoran la vida de las personas, ahora predican el derretimiento de los casquetes polares, el efecto invernadero y la desaparición de Manhattan bajo las aguas –como mínimo, de todos los edificios de dos plantas–.

Tampoco han dejado de propagar la visión malthusiana de una humanidad que se reproduce como conejos y arrasa el planeta.

De poco ha servido que Julian L. Simon y otros economistas hayan mostrado, apoyándose en multitud de evidencias empíricas, que el principal recurso natural, el más valioso y productivo, es el ser humano.

Para Travis Rieder, en cambio, tener hijos es una agresión al clima, como las emisiones de CO2 y demás gases de efecto invernadero. Opina que los niños son “una externalidad” cuya posesión puede que sea beneficiosa para el individuo, pero perjudica a la sociedad.

Travis es profesor de Bioética. Es de suponer que en el mismo sentido en que Joseph Mengele era profesor de Medicina y Radovan Karadzic es psiquiatra, y un afamado autor de libros de autoayuda.

Junto a sus colegas Colin Hickey y Jake Earl, de Geogetown –la universidad católica fundada por la Compañía de Jesús, donde hace poco habló Cecile Richards, la presidenta de Planned Parenthood, ante un público entusiasta de profesores y alumnos–, ha escrito un ensayo titulado: “Ingeniería de la población y lucha contra el cambio climático”.

La idea principal es que la planificación centralizada de la natalidad debe incorporarse a la estrategia contra el calentamiento global, al mismo nivel que las políticas de control de las emisiones de CO2.

Es lícito y recomendable, en estas circunstancia apocalípticas excepcionales, que los Estados impongan la “ética de la pequeña familia”, una guía de conducta que el Gobierno chino, con menos complejos, llama “política de hijo único”.

Propaganda del Gobierno chino favorable a la política de hijo único. (Fotografía: Con licencia Creative Commons)

Identificar el calentamiento global con la natalidad humana facilitará la extensión de las políticas de promoción del aborto y la contracepción, particularmente, en los países pobres.

En los ricos, no hace falta: ya nacen menos niños que los adultos que mueren; y en algunos –entre ellos, todos los de la Unión Europea, incluido España– se ha producido la “reversión histórica” de la población, y ya hay más ancianos que niños.

Hay ONG que están visitando los campus universitarios en Estados Unidos para convencer a los jóvenes de que lo mejor es luchar contra el cambio climático

La doctrina del calentamiento global unida a la ideología de la contracepción hará que la decisión de no tener hijos sea percibida como un acto de responsabilidad y de compromiso con el medio ambiente.

Hay ONG que están visitando los campus universitarios en Estados Unidos para convencer a los jóvenes de que lo mejor que pueden hacer para luchar contra el cambio climático, además de reciclar la basura y no comer alimentos transgénicos, es dejar de tener hijos.

Propaganda del Gobierno chino durante la política de hijo único. (Fotografía: Con licencia Creative Commons)

Conceivable Future es una de esas organizaciones que van por el mundo predicando que “la crisis climática es una crisis reproductiva”. El nuevo libro de Travis Reider se titula Hacia la ética de la familia pequeña. Cómo la sobrepoblación y el cambio climático están afectando a la moralidad de la procreación.

Toda una generación de jóvenes se ve aliviada de la responsabilidad de la transmisión de la vida. Negándose a tener hijos, millones de jóvenes millennials de las ciudades prósperas sienten que ayudan a salvar el planeta.

Puede que sea un mundo en el que sobrevivan los glaciares y las ballenas, pero no hace falta ser profeta para saber que será un mundo, al principio sin libertad, finalmente sin seres humanos.

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