Imagen icónica de un proceso inquisitorial.
Imagen icónica de un proceso inquisitorial.

El pasado agosto, tuve la dicha y ventura de que, el día de mi cumpleaños, me regalasen el archiconocido libro de María Elvira Roca Barea, titulado Imperiofobia y Leyenda Negra, el cual desmiente, con irreprochable rigor histórico, los mitos que han sido creados en torno a España y la Iglesia Católica.

Considerando que la magna obra de la profesora Roca Barea es de un grosor de proporciones urbanísticas, voy a detenerme en uno de sus capítulos y a desplegar un surtido rosario de datos y cifras que desmotan los mitos de la Inquisición española de una manera estremecedoramente convincente.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Abro el telón con los mitos sobre las torturas, prosigo con las mentiras en torno a la quema de brujas, continúo reflejando la escasa proporción de condenados a muerte en comparación con los tribunales de la Europa Moderna y remato con el progreso jurídico-penal que trajo la creación de la Inquisición en el contexto histórico en el que fue engendrada.

Entre el 1 y el 2% de los casos

María Elvira Roca Barea se apoya en sólidos estudios de Lea y Kamen que atestiguan que, durante la Inquisición española, apenas fueron torturados entre el 1% y el 2% de los casos que se sometían a investigación.

Además, la práctica de esta clase de tortura tenía terminantemente prohibido la mutilación y poner en riesgo la vida del reo, además de que era obligatoria la presencia de un médico. Tales precauciones con el condenado no tenían lugar en los tribunales civiles españoles, ni en los de ningún país de la Europa moderna.

Roca Barea incorpora, a los citados estudios de Lea y Kamen, un fantástico trabajo del profesor Halizczer, de la Universidad de Illinois, sobre la Inquisición en Valencia, que consiste en que, tras analizar un total de 7.000 casos de torturas en dicho territorio levantino, las cifras no sobrepasaban el 2%, dato que coincide con el análisis abordado con anterioridad. A esto, añade que las sesiones no duraban más de 15 minutos, que en el 1% de los supuestos se aplicó una segunda sesión y que nadie sufrió una tercera.

50.000 brujas quemadas en Europa: sólo 27 en España

Roca Barea pone sobre el tapete que, en la Europa moderna, se prendió fuego a unas 50.000 brujas y precisa que la mitad de ellas fueron abrasadas en territorios alemanes, en torno a 4.000 en Suiza, alrededor de 1.500 en Inglaterra, entre 4.000 en Francia y nada más que 27 con el Santo Oficio español.

Para colmo, a esto es pertinente añadir que, a diferencia del parecer de los tribunales de la Europa Moderna, el Santo Oficio español, si condenó a alguna bruja, no fue por el delito de brujería, sino por otros exabruptos de mayor importancia, por crímenes más sustantivos.

El delito de brujería, a ojos del Santo Oficio español, era considerado como un mayúsculo disparate carente de relevancia. Roca Barea trae a colación esa disposición de Granada que  indica literalmente que “si no median otros delitos, no habrá multa ni confiscación de bienes y sólo habrá penas salutarias para su alma”.

Inglaterra: 264.000 condenados en tres siglos; España: 1.346 entre 1540 y 1700

Roca Barea saca a la luz los cálculos de Sir James Stephen, que arrojan que Inglaterra condenó a muerte a unas 264.000 personas en tres siglos, y los compara con las cifras de los estudios de Henningsen y Contreras, que revelan que con la Inquisición española o Santo Oficio fueron condenadas 1.346 entre 1540 y 1700, de un total de 44.674 causas abiertas. Las diferencias entre unos y otros es abrumadora.

Que Inglaterra condenase a muerte a 264.000 personas y la Inquisición española sólo a 1.346 no es casualidad, sino que tiene una explicación meridianamente clara que Roca Barea explica en su libro. La razón es que mientras los ingleses ejecutaron a sus reos por delitos tan insignificantes como robar una oveja, el Santo Oficio español entendía por crímenes acciones de la magnitud de violar, abusar de menores, contrabandear con armas, ejercer proxenetismo y demás transgresiones de la peor estofa, calaña, ralea, pelaje y pelambrera.

España fue el país de Occidente que menos asesinó por cuestiones de credo religioso

Además, cabe considerar que miles de los ejecutados por las autoridades inglesas fueron católicos perseguidos a causa de su fe, cuyo credo incomodaba enormemente a la hegemónica y protestante iglesia anglicana, algo que tan  manido y consabido que no es necesario ni que lo recuerde María Elvira Roca Barea.

Lo que sí que es absolutamente desconocido es el ínfimo número de protestantes condenados por la Inquisición española, en nombre de la cual fueron ejecutados nada más que 220 entre 1520 y 1820.

En este capítulo del libro Imperiofobia y Leyenda Negra, la egregia autora, también, da a conocer que “En España, mueren por herejía muchas menos personas que en cualquier país de Occidente”, a lo que agrega que “en el siglo XVI, se ejecutaron entre 40 y 50 personas en todos los territorios españoles, incluida América” y lo cual remata adhiriendo que “sólo las persecuciones de herejes católicos en la Inglaterra isabelina provocaron casi 1.000 muertos, entre religiosos y seglares. Por no mencionar a los irlandeses”.

La Inquisición trajo progreso jurídico-penal

María Elvira Roca Barea bucea hasta los inicios o albores de la Inquisición para demostrar que, aparte de ser creada como un instrumento para sofocar a los herejes, “también, nació para evitar linchamientos y atropellos indiscriminados, y que cuatro vecinos de un villorrio decidieran quemarle la casa o colgar de un árbol a un compradre al que detestaban, con la excusa de que era un hereje. Su propósito, por tanto, era, también, evitar desórdenes públicos y someter el delito de herejía a un procedimiento reglamentado de forma que nadie pudiera tomarse la justicia por su mano”.

La Inquisición fue creada en 1184 en Languedoc para combatir la herejía de los cátaros en una coyuntura de una desaforada agitación tanto social como espiritual. En Aragón, su existencia se remonta a 1249, pero, en Castilla, no fue instaurada hasta 1476 por una bula de Sixto IV.

Todo este maremágnum de datos históricos, de una elocuencia arrolladora, los he extraído tan sólo de un capítulo de Imperiofobia y Leyenda Negra, por lo que es de un valor incalculable lo que atesora el libro completo de María Elvira Roca Barea, todo un asiento de sabiduría ante el que me postro con genuflexa admiración.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Escritor por vocación y amor a las causas nobles. Mi licenciatura en Derecho no me ha impedido dedicarme profesionalmente al periodismo durante una temporada de mi vida, oficio que desempeñé en Intereconomía, casa en la que blandí la pluma, con más fuerza que la espada, cerca de 4 años. En el presente, no vivo solamente de escribir, sino de otros menesteres, al igual que Cervantes, pero es una afición que sigo cultivando como colaborador en diversos medios de comunicación y a través de mi blog, El Despacho de Don Pepone, el cual goza ya de más de 1 millón de visitas