La «traición» de Santoña: cuando el PNV entregó Santander a Franco

    Si el PNV hubiera sido una especie de espía de Franco dentro del bando republicano, difícilmente lo habría hecho mejor: en el verano de 1937, hace 80 años, entregó intacta la industria de Bilbao y hundió el frente de Santander.

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    Manuel Azaña, Francisco Franco y José Antonio Aguirre
    El presidente de la II República, Manuel Azaña, el general Francisco Franco y el lehendakari José Antonio Aguirre

    En una película sobre la guerra civil, el personaje del político nacionalista vasco del PNV lo podría interpretar el Steve Buscemi del ‘Gran Lebowski’ o el Peter Lorre de ‘Casablanca’: un tipo al que los demás tratan como a un trapo hasta que se cansan de él o le mata un infarto.

    En cuanto estalló la guerra, el PNV dio ejemplo de eso que se llamó ‘lealtad geográfica’. Las organizaciones del PNV en Álava y Navarra se declararon a favor del general Emilio Mola, mientras que las de Guipúzcoa y Vizcaya se pronunciaron a favor de ‘la legalidad’.

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    En los meses anteriores, el PNV se había negado a integrarse en la candidatura contrarrevolucionaria de las derechas para las elecciones de febrero; se había sumado a la comisión de actas, que había despojado a los partidos de derechas de más de 20 escaños; y votó a favor de la investidura de Manuel Azaña como presidente de la República.

    Durante el verano y el otoño de 1936, el PNV estuvo negociando con los dos bandos y se fue al final con el Frente Popular, porque éste le ofreció aprobar el estatuto de autonomía. Así que en octubre, se eligió ‘lendakari’ a José Antonio Aguirre y el PNV pudo montar su estadito.

    Sin embargo, los trompazos le cayeron pronto. Las tropas nacionales redujeron el reino del PNV a Vizcaya. Además, sus aliados de izquierdas se dedicaron a matar presos en las cárceles y buques-prisión y saquear caseríos. Eso sí, al menos la Bolsa de Bilbao siguió abierta.

    En pie, firme y decidido a triunfar

    En diciembre de 1936, Mola ya recibió los primeros ofrecimientos de conversaciones del PNV.

    El PNV, dirigido por Juan de Ajuriaguerra, negociaba con los fascistas italianos, sobre todo el cónsul en San Sebastián, Francesco Cavalletti, y con el Vaticano, para lo que usaba, entre otros, a un sacerdote: Alberto Onaindía.

    El 31 de marzo de 1937, Mola reanudó la ofensiva sobre Vizcaya, que comenzó con un feroz bombardeo sobre Durango, realizado por la aviación italiana. Unas semanas después, se produjo el de Guernica, en el que participaron también los italianos.

    Las tropas navarras de Franco entraron en Bilbao y El PNV  les entregó intacta la gran industria, a pesar de las órdenes del Gobierno del Frente Popular de inutilizarla

    Sin embargo, los peneuvistas no rompieron sus contactos con los italianos. A través de éstos, el propio Franco les transmitió a los ‘abertzales’ unas condiciones si colaboraban en la toma de Bilbao. Mientras, Aguirre había afirmado por la radio: «Aquí está el pueblo vasco en pie, firme y decidido a triunfar».

    Con tanta gente metida en las negociaciones, el Gobierno de Largo Caballero, en Valencia, también se enteró. El PNV trataba de engañar a todos y nadie se fiaba de él.

    El 19 de junio, las tropas navarras de Franco entraron en Bilbao. El PNV ya había entregado intacta la gran industria de Bilbao y su comarca a los nacionales, a pesar de las órdenes del Gobierno del Frente Popular de inutilizarla para que no produjese municiones ni armas para el ejército de Franco. También impidió que los anarquistas destruyesen fábricas y edificios.

    Al PNV se le acaba el territorio y también lo que podía ofrecer a cambio de la clemencia del vencedor.

    Ejército nacional
    El ejército nacional entra en Bilbao sin encontrar resistencia.

    El Frente Popular, que había lanzado el 30 de mayo una ofensiva en La Granja contra Segovia para frenar el avance sobre Bilbao, lanzó otro ataque, mejor preparado y más poderoso, en Brunete el 6 de julio; en esta ocasión sí se detuvo el avance hacia Santander de los nacionales.

    La batalla de Brunete duró hasta el 25 de julio. El PNV aprovechó esas semanas para redoblar las negociaciones con los italianos, por un lado, y para oponerse al traslado de sus batallones a Asturias, por otro.

    Aguirre dejó Santander por unas horas para proponerle a Azaña un proyecto alucinante: trasladar a miles de ‘gudaris’ a través de Francia como falsos heridos y luego situarlos en el frente de Huesca para que atacasen Navarra. ¿Por qué no resistir en Santander, se preguntaba Azaña?

    Los rumores entre los ‘gudaris’ eran que el PNV ya había llegado a un acuerdo con los italianos y que les esperarían barcos fletados por el partido para sacar de España a los que podían temer represalias

    El 14 de agosto comenzó el avance hacia Santander. Los nacionalistas vascos se pusieron histéricos: o sus aliados de izquierdas les trasladaban a punta de bayoneta a Asturias o los nacionales les arrollaban.

    La madrugada del 17 al 18 de agosto los ‘abertzales’ y los italianos se reunieron en Biarritz y los últimos les plantearon a los primeros un ultimátum.

    Los rumores entre los ‘gudaris’ eran que los mandamases del PNV ya habían llegado a un acuerdo con los italianos y que en la costa les esperarían barcos fletados por el partido para sacar de España a los que podían temer represalias.

    La noche del 21 al 22 de agosto tres batallones (Munguía, Padura y Sabino Arana), en el valle del Saja, abandonaron sus posiciones y a sus camaradas republicanos, y huyeron hacia Santoña.

    franco en el estadio de san mames en 1939
    El general Franco en el estadio de San Mamés en 1939.

    Por la tarde del 22, el mando militar ‘abertzale’ dio orden a sus tropas de incumplir las órdenes del general Mariano Gamir Ulibarri de trasladarse a Asturias. Y la mañana del 23 los gudaris se apoderaron de Santoña, mediante una argucia: hicieron sonar las sirenas de ataque aéreo. También ocuparon Laredo.

    Siguió el caos: los barcos no llegaban, nuevos batallones se unían a los desertores, los italianos exigían la rendición y la entrega de las armas y los nacionales se frotaban las manos…

    Con las líneas rotas en el sur y el oriente de la provincia, el 26 los nacionales entraron en Santander sin disparar un tiro. El mismo día, Ajuriaguerra fue a Bilbao, en la retaguardia enemiga, en un coche con insignias fascistas, para reunirse con el general Mario Roatta, jefe de las tropas italianas.

    La mediación de Mussolini

    La tarde del 26 arribaron dos barcos en el puerto y el 27 por la mañana comenzó el embarque. Pero un oficial español, con un piquete armado, obligó a descender a los que ya estaban a bordo.

    Las unidades italianas debían proseguir hacia Santander. Y Roatta y Ajuriaguerra acordaron que los ‘gudaris’ se encerraran en el penal del Dueso, entonces vacío, y en otros edificios, protegidos por los italianos, donde esperarían que la mediación de Mussolini convenciera a Franco de que les dejase marchar.

    Pero Franco dijo que todo el palique de esos meses no le comprometía a nada.

    Si Largo Caballero mantuvo a Manuel de Irujo como ministro en su Gobierno fue porque era una excelente propaganda ante el extranjero: «Con la República también hay católicos»

    Gracias a la traición de Santoña, los nacionales capturaron unos 30.000 soldados enemigos, y no sólo ‘gudaris’ (algo más de 10.000), sino también socialistas y comunistas. Muchos de los gudaris se alistaron luego con los requetés carlistas y prosiguieron a guerra en el bando franquista.

    A los dos meses de haberse retirado de Bilbao, el PNV le hizo otro regalo a Franco: la rendición de sus tropas, el desmoronamiento del frente y la conquista de Santander.

    Mapa Guerra Civil española
    Mapa del Frente del norte durante la Guerra Civil española

    Ajuriaguerra quedó como prisionero. Sus camaradas del PNV y Aguirre se dedicaron en los meses siguientes a camuflar su traición ante el Frente Popular. Y si Largo Caballero mantuvo a Manuel de Irujo como ministro en su Gobierno fue porque era una excelente propaganda ante el extranjero: «Con la República también hay católicos».

    La campaña de mentira alcanzó a Onaindía, al que el PNV le prohibió publicar nada incluso en los años 60. Por fortuna el sacerdote desobedeció y editó su libro en 1983.

    Lo asombroso es que haya gente de izquierdas que todavía considere que el PNV, el partido más cavernícola, racista y traidor de España, fue y es un aliado.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).