Lección para los blancos: Sonreír a una minoría es racista

    El Imperio Progre ya está calentando motores para las primarias y las elecciones presidenciales de 2020. Y para mantenerse en forma han montado una ‘fake news’ de alcance mundial con unos estudiantes católicos y blancos a los que atribuyó actitudes racistas.

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    El amor por los hechos de la CNN, según @JackPosobiec.
    El amor por los hechos de la CNN, según @JackPosobiec.

    El último fin de semana la ‘Prensa de Kalidá’ de EEUU montó un escándalo a cuenta de un incidente verbal entre unas docenas de personas en el monumento a Abraham Licoln. Sin muertos, por fortuna, y también sin heridos. Por tanto, algo más inofensivo que los tumultos a la salida de muchos Barça-Madrid.

    Los medios postergaron el cierre de la Administración federal por el veto del presidente Trump a los presupuestos, la continuación de la construcción del muro en la frontera con México, la bajada de impuestos, la guerra comercial con China comunista, la retirada de las tropas de Siria, o el ‘Russiagate’, en favor de unas escenas absolutamente banales que en otras circunstancias habrían sido rechazadas.

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    Unos estudiantes de una escuela católica de Kentucky participaron en la Marcha por la Vida celebrada el viernes 18. Después de la manifestación fueron al Monumento a Lincoln, donde les recogerían los autobuses para volver a sus casas.

    La ‘Prensa de Kalidá’ ha hecho que un vídeo mutilado sobre un incidente  fuera una noticia más importante que el cierre de la Administración

    Allí coincidieron con un grupo de cuatro o cinco miembros del movimiento de los Negros Hebreos Israelitas, que pretenden ser descendientes de las tribus originales de Israel, todos ellos negros. Éstos les empezaron a insultar con términos que La Sexta y Ciudadanos calificarían de homofóbos, racistas y machistas. Les llamaron ‘maricas’, ‘hijos de incestos’; a un estudiante negro le aseguraron que sus compañeros blancos le extraerían los órganos… Pero, como ya sabemos, una palabra es un insulto o acto de expresión según la raza, el sexo o la militancia de quién la pronuncie.

    Los estudiantes, en vez de responder con más insultos, empujones o puñetazos, se limitaron, con permiso de sus profesores, a corear los cánticos de los equipos de deportivos de su escuela. Esto le pareció una burla a un anciano nativo americano, veterano de décadas de protestas, que se encontraba allí porque ese mismo día se celebraba  la Marcha de los Pueblos Indígenas, porque pensó que era una ‘apropiación cultural’ (concepto que le aseguro, amigo lector, que existe) de los gritos ‘haka’ de los maoríes y, ni corto ni perezoso, se metió con su tamborcito en una discusión a la que nadie le había llamado.

    Los jóvenes se apartaron del paso del anciano, en atención a su edad o quizás para evitar que la bronca fuese a más. Sin embargo, un adolescente no se movió y mantuvo una especie de duelo facial con el indio. Mientras éste daba la tabarra con el tambor y sus cánticos, el muchacho sonreía. Alrededor de ambos, el resto de los estudiantes miraba, cantaba y, como pasa en estos tiempos, grababa la escena con sus teléfonos.

    Han aparecido más vídeos que refutan la historia difundida por los medios, pero no antes de que hasta un obispo se haya creído la ‘fake news’

    Pero también otras personas grababan. Una de ellas, una ‘guerrera del bien’ llamada Kaya Taitano, nativa de la isla de Guam que participó en la marcha de los pueblos indígenas, difundió el suyo, que solo mostraba el encaramiento entre el estudiante y el indio.

    Los medios se apoderaron del vídeo y convirtieron esta tontería en un enfrentamiento racista entre partidarios de Trump y un pobre anciano oprimido. Por fortuna, no solo los ‘guerreros del bien’ tienen vídeos. Han aparecido otros más que han ampliado la narración de los hechos, como el momento en que otro nativo espetó a los chicos que, como blancos que eran, debían abandonar América y volver a Europa.

    La ‘fake news’ se ha desinflado, pero no antes de que la propia diócesis católica a la que pertenece el colegio reprochara a los estudiantes la conducta y el muchacho fuera juzgado y condenado por el Comité de Salud Pública de los progres.

    Para los ‘guerreros del bien’, las minorías son tan frágiles que deben ser protegidas no sólo de ciertas palabras y películas, sino también de sonrisas

    Yo estoy convencido de que si los estudiantes no hubieran venido de una marcha pro-vida y no hubieran llevado gorras con el lema de Trump (‘Make America Great Again’), no habrían recibido sus quince minutos de fama.

    Aparte de seguir el desplome de su prestigio, la ‘Prensa de Kalidá’ ha dado a Donald Trump la ocasión de demostrar su maestría en el manejo de las redes sociales. El martes escribió un tuit en que se puso del lado del chico, que está siendo acosado por los progres y otras almas solidarias, y arremetió contra los medios.

    El Imperio Progre no para de rebasar topes y límites que creíamos infranqueables, no por su inexistente deseo de contención, sino por lógica y por la prudencia de que un exceso de dramatismo produzca en la gente efectos contrarios a los buscados.

    Como el paro baja y los salarios suben, la izquierda tiene que recurrir al sentimentalismo y la mentira para movilizar a votantes

    Desde hace unos años, no solo hay palabras, obras de arte, libros, religiones y películas ofensivos, sino que tal condición se extiende al corte de pelo, la ropa, la comida (la carne roja contribuye al calentamiento global), los automóviles (si el motor del que tiene es de gasolina o diésel, usted está arrasando el planeta y contagiando cáncer al prójimo), los paneles de madera en edificios públicos, el surf, las gorras rojas… También hay caras ofensivas. Plantarse delante de un incordio con una sonrisa petrificada también es machista, racista, supremacista, fascista, trumpista o cualquier otro delito enunciado por el Imperio Progre.

    Por tanto, cuando usted se cruce con un indio que toque un tambor, una feminista que aúlle o un ecologista que entone un canto a la Madre Tierra, tal vez la actitud más respetuosa para un blanco sea arrojarse al suelo boca abajo y así no se verá sometido al juicio público de conducta ofensiva.

    Falta más de año y medio para las próximas elecciones presidenciales. Pero los demócratas y los ‘fake media’ ya han comenzado la campaña electoral. Por de pronto, Aaron Sorkin, creador de la serie ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ y la rutilante nueva estrella de los demócratas de la Costa Este, Alexandria Ocasio-Cortez, se han enzarzado en una polémica sobre los baños para los transexuales como símbolo de lo que importa en política.

    Dos figuras de la progresía se han enzarzado en una discusión sobre si los baños para transexuales son un asunto de interés para los ciudadanos

    Sorkin propuso que los demócratas, sobre todo los nuevos parlamentarios federales, debían ocuparse de asuntos importantes para la gente y no enredarse en las reglas para los baños públicos, lo que, añadió, beneficiaba a los republicanos. La congresista Ocasio-Cortez, airada, reivindicó la importancia de esos baños. A continuación, los hinchas de la diputada corrieron a Twitter en su defensa y acusaron a Sorkin de ser un viejo que quería imponer sus prejuicios a los jóvenes. Y mientras, los republicanos riéndose.

    Con estos debates en el partido político de los medios de comunicación, la Prensa de ‘Fake News’ en los próximos meses tendrá que elaborar más montajes como el que sufrieron los alumnos de Covington.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).