Ben-Hur

Me cuesta escribir este artículo. Porque no soy de esos críticos de cine que despachan una película, remake de una buena historia ya contada, con el fácil y perezoso epíteto de “innecesaria”, sin más consideraciones.

Precisamente el hecho de que la historia original sea buena justifica a mi entender su revisitación, pues vale la pena ahondar en ella, darle vueltas, más todavía si la película anterior ya tiene unos cuantos años a sus espaldas, pues se puede presentar a las nuevas generaciones con modos narrativos más actuales y comprensibles por ellas, y quizá incluso poner en valor elementos más necesarios hoy que en el pasado.

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Tiene gracia además el hecho de que algunos olvidan que antes del extraordinario Ben-Hur de William Wyler protagonizado por Charlton Heston en 1959, hubo otro de Fred Niblo en 1925. Entre éste y aquel pasaron 34 años, menos de los transcurridos entre la versión de Timur Bekmambetov y la de Wyler, 57.

Por no hablar de Los siete magníficos en su versión de John Sturges, realizada seis años después de Los siete samuráis de Akira Kurosawa, de 1954, y no tras más de medio siglo, el caso del nuevo film que tiene a punto de estreno Antoine Fuqua.

Los siete magníficos.
Los siete magníficos.

Se podría dar vueltas a que no es lo mismo una cinta muda, que otra en color y 65 milímetros, o una japonesa en blanco y negro que un western en color genuinamente americano.

Pero lo que late al fondo y que algunos no parecen querer admitir, es que un artista puede ofrecer una versión de una determinada obra, su particular punto de vista, y luego toca al espectador y al crítica ver y juzgar, con mayor o menor acierto, si merecía la pena su visionado, en definitiva, si se trata de una versión lograda. Desde luego, con William Shakespeare y el teatro, esto es el pan de cada día, que nadie discute.

Considero que los nuevos filmes no son extraordinarios pero conservan las ideas que hicieron grandes a los originales. O sea, en Ben-Hur tenemos esa amistad rota entre Judá Ben-Hur y Messala Severus, con el rencor y el odio abriendo una profunda sima, y al fondo un tal Jesús de Nazaret, que podría ayudar a recomponer las cosas y tender puentes.

Y en Los siete magníficos un grupo de profesionales pistoleros ayudando a pacíficos campesinos a mantener la cabeza bien alta en defensa de lo que es suyo e injustamente se les quiere arrebatar.

Formalmente cabe criticar modos narrativos y de concebir determinados pasajes, o las relaciones entre los personajes, que se haya perdido algo de fuerza cediendo a un multiculturalismo más políticamente correcto, o sea, que el león de la Metro no tenga el espectacular rugido de antaño.

Pero, ¿no ocurrirá también lo que sugieren con talento los hermanos Coen en la reciente ¡Ave, César!? Ahí tenemos una historia ambientada en los años 50, en un gran estudio muy parecido a la Metro, donde igual se rueda un drama que un musical o un western, con el telón de fondo del rodaje de una película al más puro estilo Ben-Hur.

Y cuando George Clooney está rodando el clímax de esa película, la escena del Calvario ante el Crucificado, con un largo parlamento que conmueve a todo el equipo de filmación, el olvido de la palabra clave, “fe”, obliga a cortar y repetir la toma, deshaciendo la magia del momento. ¿Han perdido la “fe” los creadores? ¿El público? ¿Ambos?

¡Ave, César!
¡Ave, César!

No quiero ser cenizo, ni de esos que piensan que cualquier momento pasado fue mejor, pero me da la impresión de que más allá de la calidad de los filmes de Bekmambetov y Fuqua, tenemos un problema con los cínicos tiempos que vivimos en la actualidad, donde hemos arrebatado a los jovenes en parte la ilusión de los ideales nobles: no deben prepararse profesionalmente en aquello que les gusta, razonan algunos, sino, siendo prácticos, en lo que existan oportunidades laborales; se les ha deseducado en la gratificación inmediata; o les hemos pegado a los ojos las pantallas de artilugios tecnológicos que les alejan del mundo real y de las personas.

En tal tesitura, no nos engañemos, resulta difícil “creer”, y las historias de Ben-Hur y Los siete magníficos les pueden pillar muy lejos, quizá también a los propios narradores: en las versiones de hoy, pero también en las que son saludadas como por críticos y nostálgicos como clásicos y obras maestras indiscutibles.

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Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".