Los monstruos, miedos y canciones de la adolescencia: Jota Bayona, Tim Burton, John Carney

    Existe toda una tradición de tramas peliculeras que nos muestran a adolescentes a los que toca madurar ante diversas circunstancias. El tiempo pasa, los problemas surgen, y resulta imposible congelarse en estado permanente de Peter Pan.

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    Un monstruo viene a verme
    Un monstruo viene a verme / Apaches Entertainment

    Es cierto que las arrolladoras promociones de determinadas teles acaban agotando a cualquiera, y Telecinco no ha dejado de bombardearnos a propósito del estreno de Un monstruo viene a verme, casi desde el momento en que apenas era un guión caído en manos del español Juan Antonio Bayona, también conocido como Jota Bayona. Pero el cansinismo del marketing no debe impedirnos valorar muy positivamente la última película del responsable de títulos valiosos como El orfanato y Lo imposible.

    Precisamente Lo imposible y Un monstruo viene a verme comparten la idea de un protagonista adolescente enfrentado a una situación límite. En ambos casos la trama arranca con un acontecimiento bien real y capaz de hacer sufrir. En el primero un tsunami, que pone en peligro la propia vida y la de los seres queridos, con la angustia de saber si han sobrevivido. En la otra, el cáncer que padece la madre, la idea tan difícil de encajar de que, un día, ella ya no estará allí.

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    Pero la novedad que aporta Un monstruo viene a verme estriba en el elemento fantástico, propiciado por la enorme imaginación y talento visual del protagonista Conor. La aparición de un monstruo arbóreo, que hace pensar por su aspecto en Bárbol de El Señor de los Anillos, con la impresionante voz de Liam Neeson en la versión original.

    La capacidad de Bayona para abordar problemas muy reales en un contexto fantástico es prodigiosa

    Éste le visita puntualmente, siete minutos después de la medianoche, con la promesa de ofrecerle tres relatos que le ayuden a enfrentarse a sus miedos, y que le permitirán a él mismo construir un personal cuarto relato con el que estará listo para campar por un mundo donde hay acontecimientos felices, pero también padres separados, una abuela con la que no se congenia, bullying escolar, y mucha rabia acumulada. La capacidad de Bayona para abordar problemas muy reales en un contexto fantástico es prodigiosa, ha sabido utilizar maravillosamente la novela de Patrick Ness de la que partía.

    El hogar de Miss Peregrine para ninos peculiares
    El hogar de Miss Peregrine para ninos peculiares / Chernin Entertainment

    Tim Burton es un cineasta que me interesa, y mucho, con los 90 como su década prodigiosa, pero desde Big Fish de 2003, y tal vez La novia cadáver de 2005, no levantaba cabeza, su capacidad creativa y talento visual parecían haberse agotado, con títulos prescindibles, Sendas tenebrosas, o sólo parcialmente interesantes, Big Eyes. Recupera la forma con El hogar de Miss Peregrine para ninos peculiares, adaptación de una novela juvenil de Ransom Riggs.

    Como en el caso de Bayona, aunque no tanto, la problemática del mundo real se da la mano con el mundo fantástico, al que accede Jake al modo de una moderna Alicia en el País de las Maravillas. El chico debe ayudar a las criaturas de un singular orfanato en Gales, donde estuvo tiempo atrás su querido abuelo, en el día en que fueron bombardeados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La necesidad de cultivar los lazos familiares viene subrayada por el personaje del abuelo, frente a un padre que parece tener, literalmente, la cabeza llena de pájaros.

    Sing Street
    Sing Street / The Weinstein Company

    Es más realista, pero atravesada de un potente romanticismo, la nueva propuesta de John Carney, director de Once y Begin Again, Sing Street. Curiosamente su protagonista comparte nombre con el de Bayona, se llama Conor, aunque cuando forme una banda musical, adoptará el más artístico de Cosmo. En el Dublín ochentero, el chico, como el de las otras películas, también padece algunas burlas de compañeros del colegio.

    No pretende ajustar cuentas con nadie, sino más bien señalar la necesidad de saber crecer en la adversidad

    Además, sus padres no se llevan bien, la crisis se ve venir, hogar desestructurado que podría acabar en divorcio, circunstancia que es ya una realidad desde el principio en el film de Bayona. En tal tesitura, Conor (o Cosmo) vivirá su primer amor adolescente, flechazo que le lleva a formar una banda –le encanta la música–, con el propósito principalísimo de conquistar a su amada, que le supera en edad.

    Humor, amor, nostalgia, sentimientos agridulces, y una banda sonora fantástica, como es usual en Carney, configuran una película optimista sin que ello suene a falsete, y en que las circunstancias más difíciles de sobrellevar –familia rota, decepciones, educación rigorista en un colegio de curas…– se tamizan con una visión que no pretende ajustar cuentas con nadie, sino más bien señalar la necesidad de saber crecer en la adversidad, llegar a la edad adulta sin haberse convertido mentalmente en un viejo decrépito, de vuelta de todo.

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    Zaragozano, ingeniero de telecomunicación, crítico de cine. Director de decine21.com. Ha dirigido las revistas Cinerama, Estrenos y DeVíDeo. Autor de numerosas críticas, entrevistas y ensayos relacionados con el Séptimo Arte, ha publicado un buen puñado de libros de cine, entre los que destacan "Escritores de cine" y "En busca de William Wyler".